Texas en Noches del Botánico: el sonido de una generación
Necesitamos tu ayuda para seguir informando
Colabora con Nuevatribuna
Vicente I. Sánchez | @Snchez1Godotx
Suede, R.E.M., Oasis, Los Planetas… fueron muchos los grupos con los que descubrí la música a finales de los 80 y comienzos de los 90. Pero si tuviera que elegir solo uno, ese sería sin duda Texas, la banda de Glasgow que me acompañó durante innumerables horas de escucha. Discos como Southside (1989), Mothers Heaven (1991) o aquel icónico White on Blonde (1997) —que llegó a mis manos justo cuando cumplía 17 años— marcaron una etapa decisiva en mi formación musical. De este último salía el ya mítico Say What You Want, himno generacional y puerta de entrada al pop-rock elegante y emocional que siempre ha definido a la banda.
Y cómo no mencionar a Sharleen Spiteri, la carismática vocalista que en los 90 se convirtió en un auténtico icono. Elegante, sensual, enigmática y con una voz que lo llenaba todo, era imposible no rendirse a su magnetismo. Su característico corte de pelo corto, con ese aire francés —recordemos que antes de ser cantante fue peluquera—, destilaba actitud y estilo. En definitiva, un sex symbol con alma de rockera.
Todo esto volvió a mi mente durante el concierto que Texas ofreció en el Festival Noches del Botánico de Madrid. Una noche cargada de recuerdos, emociones y grandes canciones. La banda escocesa, fundada por los hermanos Johnny y Gerry McElhone, saltó puntual al escenario bajo los acordes de I Don’t Want a Lover, su primer gran éxito internacional y una carta de presentación inmejorable para lo que serían dos horas de repaso a buena parte de su carrera.
Se suele decir que “quien tuvo, retuvo”, y eso quedó claro desde el primer momento. Aunque Sharleen ya no es aquella joven de los 90 que revolucionaba escenarios y portadas, mantiene intactas su presencia escénica, su energía y, sobre todo, esa voz profunda y personal que la convirtió en una de las grandes. Sabe moverse, domina la escena y no duda en empuñar la guitarra cuando es necesario. Eso sí, si se le puede poner un pero, es su tendencia a hablar… mucho. Sin exagerar, se pasó más de 15 minutos comentando el calor madrileño, lo mucho que le gusta España, o recordando que la banda, a pesar de llamarse Texas, es escocesa (nombre que tomaron en honor a la película Paris, Texas de Wim Wenders). Un poco más de contención en sus charlas habría dado espacio a 4 o 5 canciones más.
El público, que rozaba los 40 y largos —con cartel de Sold Out desde hacía días— no pareció molestarse. Al contrario: vibró con clásicos como Summer Son, Inner Smile, Black Eyed Boy y, por supuesto, Say What You Want, que sonó en la recta final como una declaración de principios. El cierre, inesperado pero poderoso, fue con una versión de Suspicious Minds de Elvis, una elección que reafirma la influencia del rock clásico en la banda y en Sharleen, quien nunca ha ocultado su admiración por artistas como The Clash o Blondie.
A pesar de algún altibajo en el ritmo por los largos parlamentos de su cantante, lo cierto es que Texas ofreció un concierto vibrante, sólido y con momentos brillantes. Y aunque la nostalgia jugó un papel importante, conviene no olvidar que esta banda nunca ha dejado de hacer música. Discos más recientes como Jump on Board (2017) o Hi (2021) también tuvieron su espacio en el repertorio, demostrando que Texas no vive solo del pasado.
En definitiva, Texas firmó una noche mágica en Madrid: repasaron sus 35 años de carrera con elegancia, pasión y una energía que demuestra que siguen muy vivos. Para quienes los escuchamos crecer, fue como volver a casa.