TEATRO

'Feos', una historia de amor no normativo

Inspirada en el cuento La noche de los feos, de Mario Benedetti, escrita por Guillermo Calderón y dirigida por Aline Kuppenheim, se presentó la pasada semana en los teatros del Canal.

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Carlos Valades | @carlosvalades

La historia es sencilla: un hombre y una mujer coinciden en la cola de un cine. No sabemos la película a la que asistirán. Los vemos junto a otras personas haciendo fila, desde su lado bueno. Ambos tienen la cara deformada. Él, porque sufrió quemaduras cuando era adolescente. A ella le mordió un perro en la cara cuando era niña. Ambos son unos freaks recién salidos de La parada de los monstruos. Salen del cine y se reconocen el uno en el otro, en su propia deformidad. Se saludan y deciden ir a tomar un café. Allí hablan y se cuentan los diferentes avatares que ha sufrido su vida: las miradas recelosas, los comentarios a sus espaldas, las burlas, y la falta de cariño y amor. Sus rostros contrahechos les han impedido encontrar una pareja, alguien a quien amar o ser queridos. Las confesiones en la cafetería son crudas, directas, sin ambages. Hay dos seres humanos que se saben iguales y no participan del usual ritual de apareamiento de las parejas que recién se conocen. La franqueza en el diálogo provoca empatía y ambos deciden pasar la noche juntos en el apartamento de él. Se sientan en un banco a esperar el autobús, pero la urgencia les lleva a tomar un taxi. Allí, ambos se desnudan y deciden apagar la luz para verse, para sentir el contacto de un semejante, notar una caricia y dejarse llevar.

A nivel técnico, la pieza es una maravilla. Mezcla proyecciones con las marionetas, cuyo realismo asusta. La iluminación es prodigiosa y los intérpretes son prácticamente invisibles.

Esta pequeña preciosidad reivindica la existencia de aquellas personas que son excluidas por una sociedad donde lo que prima son los selfies de cuerpos perfectos y vidas artificialmente felices, formando una resistencia donde lo verdaderamente importante es la conexión de dos almas a través de las palabras, y donde cualquier espectador empatizará con esos seres irregulares, con una belleza exterior no normativa y que finalmente dejan de sufrir al sentir la piel de un semejante.

Solo le pongo un pero: los escasos días en los que ha permanecido en cartel de los Teatros del Canal.