TEATRO DE LA ZARZUELA

Ópera y memoria histórica: 'La Edad de Plata' revive a Granados y Falla

Foto: Gemma Escribano
La Edad de Plata toma como trasfondo estas dos obras para rendir homenaje a los artistas del primer tercio del siglo XX.

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Vicente I. Sánchez | @Snchez1Godotx

La Edad de Plata, el nuevo montaje que se presenta en el Teatro de la Zarzuela, se propone como un díptico que reflexiona sobre un momento crucial de la cultura española: los inicios del siglo XX, una época de esplendor artístico y literario marcada, al mismo tiempo, por la guerra y el exilio, cuyo núcleo creativo se encontraba en París.

Estas óperas españolas buscan forjar una identidad musical nacional sin caer en el folclorismo simplista

Partiendo de este contexto, el director musical Álvaro Albiach, bajo la dirección escénica de Paco López, reúne en este montaje dos obras centrales de la lírica española: Goyescas de Enrique Granados y El retablo de Maese Pedro de Manuel de Falla. Ambas piezas fueron en su momento decisivas. Goyescas, por ejemplo, fue la primera ópera en español representada en Nueva York, en 1916, en el Metropolitan Opera, donde obtuvo cinco funciones aplaudidas por la crítica. Sin embargo, la obra quedó marcada por la tragedia: Granados falleció pocas semanas después, cuando su barco fue torpedeado en su regreso a Europa durante la Primera Guerra Mundial. Desde entonces, Goyescas no ha vuelto a programarse en el Metropolitan Opera y no es muy representada en España, por lo que esta propuesta supone un rescate significativo de su memoria artística.

Por su parte, El retablo de Maese Pedro fue compuesta en París en 1923. Aunque posteriormente más representada en Buenos Aires —donde cosechó ovaciones—, su recorrido estuvo condicionado por la salud, los problemas políticos y el exilio de Falla, profundamente católico y reservado, cuya sensibilidad se vio gravemente afectada por la Guerra Civil Española.

Conviene advertir que estas obras, clasificadas como óperas, difieren radicalmente del tono alegre y folclórico que suele caracterizar las piezas que suele pasar por el Teatro de la Zarzuela. Son obras que exigen concentración y un espectador dispuesto a sumergirse en un debate intelectual. No son obras que conquisten al instante ni que dejen a la audiencia tarareando sus melodías; estamos ante una producción deliberadamente seria.

Bajo la dirección de Paco López y la batuta de Álvaro Albiach, el público está invitado a un viaje apasionante, en el que habrá también momentos complejos y desafiantes.

Foto: Gemma Escribano

La Edad de Plata toma como trasfondo estas dos obras para rendir homenaje a los artistas del primer tercio del siglo XX. La acción se sitúa en una velada imaginaria en el París de los años veinte, en la casa del pintor Ignacio Zuloaga, donde artistas e intelectuales celebran la creación musical española. A través de cartas enviadas por Granados y Falla, se reflejan tanto los turbulentos tiempos políticos como la inevitabilidad del exilio.

Goyescas se abre con una proyección que muestra una Europa en guerra y la ocupación de París por los nazis. Granados se inspira en los cuadros y grabados de Francisco de Goya, sobre todo en los majos y majas del Madrid del siglo XVIII. La escenografía recrea una lujosa habitación llena de cuadros, donde se desarrolla un drama de amor, celos y muerte entre Rosario y Fernando, con Paquiro como agente del conflicto, cuya acción desencadena el desenlace trágico.

Aunque su argumento es aparentemente sencillo, Goyescas es musical y estructuralmente compleja: una ópera lírica, íntima y refinada, con una riqueza cromática que se aleja completamente de la estética habitual de la zarzuela. Su exigencia intelectual y vocal puede resultar desafiante para quienes busquen diversión ligera o números ágiles, pues se trata de una obra que invita a la reflexión sobre cómo los terrores del pasado siguen resonando hoy.

El reparto de esta ópera está encabezado por Raquel Lojendio, Mónica Conesa, Alejandro Roy, Enrique Ferrer, César San Martín y Mónica Redondo, quienes logran transmitir con maestría una partitura impresionista, armoniosa y rica en matices, influida confesamente por Debussy, según palabras del propio Granados.

El carácter reivindicativo y la memoria histórica se mantienen en El retablo de Maese Pedro. La obra inicia con escenas de guerra y de las tropas franquistas entrando en distintas ciudades, incluida Barcelona. Nuevamente en la casa de Zuloaga, Falla, ya enfermo, expresa en su correspondencia el descontento y la tristeza de un artista en exilio.

Foto: Gemma Escribano

Basada en un episodio de la segunda parte del Quijote, esta pieza es considerada una de las primeras óperas neoclásicas europeas. Los títeres del texto original se sustituyen por proyecciones de cine mudo en blanco y negro, mostrando la historia de Trujamán, la huida de Melisendra y su rescate por Don Gayferos. Gerardo Bullón, Pablo García-López y Lidia Vinyes-Curtis brillan en esta obra breve —apenas 40 minutos—, ingeniosa y moderna, que, pese a su duración, resulta exigente tanto vocal como intelectualmente, requiriendo un espectador comprometido.

En conclusión, estas óperas españolas buscan forjar una identidad musical nacional sin caer en el folclorismo simplista. Son obras hermosas y complejas, alejadas de lo habitual en el Teatro de la Zarzuela, que hablan de intolerancia, guerras y la persistencia de errores históricos que siguen presentes en nuestros días.