domingo. 14.04.2024

Pablo D. Santonja | @datosantonja

“No solo duelen los golpes” es una obra escrita por Pamela Palenciano, procedente de Andújar, que lleva sobre los escenarios más de 16 años. Puede que te pille de refilón y ahora no caigas en la obra en cuestión, pero si te digo que esta autora ha sido denunciada hasta tres veces por su obra, ¿Cómo se queda el cuerpo? Y, ¿por qué las denuncias? Casi seguro porque no han visto el monólogo. Se han basado en clips sensacionalistas sacadas de alguna red social. 

Podríamos hablar del pasado de la autora como divulgadora, educadora, activista y millones de etiquetas, pero lo mejor para enfrentarse a este texto sería, creo, no conocer mucho, y meterse de lleno para dejar que la ola nos pille. 

Llegamos a tiempo al acogedor “Teatro del Barrio” de Lavapiés, donde la gente espera en el salón bar charlando animadamente hasta que una campana nos avisa que la función va a comenzar, la gente se acomoda, bajamos el tono de voz, nos recolocamos en las sillas y la luz se va apagando levemente para centrarnos en la sencilla y discreta puesta en escena: Un banco de parque, de esos donde hemos pasado las horas muertas con amigos o familia, y a su izquierda, una chaqueta de chándal suspendida en el aire. 

Esta autora ha sido denunciada hasta tres veces por su obra

Al poco, Pamela toma escena y con contadas palabras se hace con todos los allí presentes. Nos da un prólogo poniendo en contexto la obra y acto seguido comienza sin miramientos. 

“No sólo duelen los golpes” es una historia compleja, incómoda, que da saltos en el tiempo, y cuya narración obliga a estar atento para no perderte los detalles. 

La complejidad es que nos encontramos ante una obra que para verla y disfrutarla necesitamos dejar fuera todo conocimiento previo.

Tenemos que dejar fuera del teatro todos nuestros prejuicios, ideas preconcebidas, ideología… Y con nuestras espaldas vacías, recoger el relato.

Encontraremos esta autora ha sido denunciada hasta tres veces por su obra donde ejemplifica de forma soberana la idea de que efectivamente “no solo duelen los golpes”. 

No me cansaré de decir que es una obra necesaria y directa. Que no se anda por las ramas y que utiliza un lenguaje claro, universal, con ideas sencillas y claramente explicadas para que nadie pierda el hilo y sobre todo con una gran carga de humor en el que tú mismo te sorprendes riéndote ante situaciones que no tienen ninguna gracia, pues tienes presente que Palenciano se abre a contar y exponer una historia real de vida cada vez que se sube al escenario. Y aunque alguna carcajada te nazca de forma culpable, ella recoge ese testigo para enfatizar la ironía, el sarcasmo, y la risa, herramientas que pone en juego para que su mensaje llegue. 

Tenemos que dejar fuera del teatro todos nuestros prejuicios, ideas preconcebidas, ideología… Y con nuestras espaldas vacías, recoger el relato

Porque al final lo importante no es la obra, si no la reflexión final de la misma, donde narra situaciones que chocan y donde puedes hacer un ejercicio personal reconociendo situaciones en las que has ejercido o has sufrido esas actitudes violentas narradas. Y en ese momento es donde caes en la cuenta, la reflexión se hace carne, y el mensaje cala, sales de la butaca con la revelación en la cabeza y cuando pasas a recoger todo lo que has dejado en la entrada, para ver esta obra sin juicios, ves que la chaqueta que te quitaste, de algún modo, te queda pequeña. Y millones de reflexiones se agolpan en tu cabeza cuando tu acompañante, encauzando la calle musita un: “sabes, yo viví algo parecido”. Entonces esta obra incómoda para muchos se convierte en una herramienta que da fuerza a personas que han vivido situaciones similares, que rompen a hablar mientras apuran el vermú de después del espectáculo, y les das las gracias por el arranque de confianza.

 Y es que al final cualquier historia, por dura que parezca, merece ser contada. 

No sólo duelen los golpes: incómoda necesidad