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Una entrevista de Vicente I. Sánchez | @Snchez1Godotx
¿Qué pasaría si Kostya hubiera sobrevivido al final de La gaviota?
Esta es la premisa con la que Rubén Ochandiano revisita el famoso texto de Chéjov, escrito en 1896 y considerado una de las grandes obras de la historia del teatro. Kostya (El hombre que quiso) es la propuesta que podrá verse en el Teatro del Barrio los días 5 y 16 de febrero, ofreciendo una nueva perspectiva—casi una continuación—de este clásico ruso.
Con motivo de su inminente estreno, hemos tenido el placer de conversar con Rubén Ochandiano, quien nos ha contado cómo ha sido el proceso creativo de esta obra.
Vicente I. Sánchez | ¿De dónde nace tu fascinación por La Gaviota?
Rubén Ochandiano | En 2011 dirigí La Gaviota de Chéjov, y la representamos durante un año. Fue una experiencia maravillosa. Desde que trabajé el texto en la escuela, se convirtió en mi favorito, pero al montarlo y dirigirlo confirmé que es una obra inagotable: siempre hay nuevas capas por descubrir.
Quedé tan fascinado con la pieza que desde entonces he viajado por el mundo viendo distintos montajes de La Gaviota. También he intentado producir otras grandes obras de Chéjov, como Las tres hermanas o El jardín de los cerezos, pero son textos complejos, con muchos personajes, lo que hace que solo teatros públicos puedan asumir su producción.
Hubo momentos en los que estuve a punto de interpretar a Kostya en otras adaptaciones, pero nunca se concretó. Ese anhelo latente fue el germen de Kostya (El hombre que quiso).
En esta obra, imaginas que Kostya sobrevive. ¿Cómo diste forma a esa idea?
Sí, llevaba años fantaseando con la posibilidad de que, al final de La Gaviota, cuando Kostya se suicida, su intento fallara y siguiera viviendo. Me interesaba explorar cómo sería él a los 45 años, enfrentándose a los mismos fantasmas: la relación con su madre, el amor de su vida (Nina), su rivalidad con Trigorin, su vínculo con el arte y el teatro.
Al final, esos temas también son los pilares de mi propia existencia: la necesidad de conectar con los demás, el funcionamiento de los teatros públicos, la incertidumbre sobre si la vida se parece a lo que soñaste, el peso de la mirada ajena... Y así empecé a escribir. Poco a poco, el texto cobró vida y, con el apoyo de los cómplices adecuados, el proyecto pudo materializarse.
¿Qué tiene La Gaviota que sigue fascinando tanto?
Creo que existe el prejuicio de que Chéjov es "un ladrillo", pero su teatro está lleno de sentido, de humor y de una comprensión única del alma humana.
En el caso de La Gaviota, lo que más me conmueve es cómo habla de la vocación. En este caso, del teatro: del deseo de dedicarse a él, ya sea escribiendo o actuando. También me emociona la forma en la que retrata a los seres humanos, con todas sus contradicciones y fragilidades.
En Kostya (El hombre que quiso) te enfrentas tú solo al texto en escena. ¿Cómo afrontas este reto
He jugado a desdibujar las fronteras entre el personaje y yo. Me interesa que no quede claro dónde empieza Kostya y dónde termino yo.
Quiero que la puesta en escena tenga un aire de ensayo general, como si no supiéramos si el personaje ha cobrado vida y busca a su autor, o si es un actor ensayando la obra. Me gusta ese juego metateatral.
El Teatro del Barrio parece el espacio perfecto para este tipo de propuestas…
Totalmente. El Teatro del Barrio apuesta por montajes que escapan de la programación convencional. Es un oasis en Madrid, un lugar donde espectáculos que quizá no tendrían cabida en otros escenarios encuentran su espacio.
Siempre disfruto esa parte del proceso en la que, durante los ensayos, el texto cobra vida propia. Kostya (El hombre que quiso) nació con la intención de transmitir ganas de vivir, y espero que el público salga del teatro con esa sensación.
Gracias, Rubén. ¡Mucha suerte con el estreno!




