miércoles. 21.02.2024

Carlos Valades 

La llegada al teatro de la Abadía fue épica, con el diluvio universal desatándose sobre nuestras cabezas. Granizos, relámpagos y demás fenómenos naturales se dieron cita media hora antes del comienzo, anticipando que algo excepcional estaba a punto de ocurrir. 

Sergio Peris-Mencheta dirige la obra Cielos, del prestigioso escritor libanés-canadiense Wajdi Mouawad. Obra que cierra la tetralogía “La sangre de las promesas” iniciada por Incendios, Litoral y Bosques. Todas ellas con un punto en común: la tragedia que arrastra la humanidad.

Peris Mencheta vio por primera vez esta obra de teatro en 2014, en Barcelona y en catalán. No entendió todo, pero salió de allí con la firme voluntad de adaptar el texto de libanés Mouawad. Y así llegó la propuesta de Juan Mayorga y el círculo se cerró.
Llama la atención el escenario dividido en tres niveles. Diseñado por Alessio Melón, es un prodigio a nivel técnico y visual. La parte de arriba, quizás la más incómoda para los espectadores de las primeras filas, representa un jardín oscuro, jalonado por tres siniestras estatuas. Allí es donde se producen los encuentros más incómodos, donde se reúnen los personajes en secreto de confesión.

Llama la atención el escenario dividido en tres niveles, es un prodigio a nivel técnico y visual

La parte central es la parte profesional, un bunker secreto donde cuatro hombres y una mujer intentan evitar un atentado a escala mundial. Allí se desarrolla la mayor parte de la acción. Ordenadores de última generación, mensajes cifrados, espionaje y cortinas de humo. Estamos ante un thriller de corte más cinematográfico que teatral

La parte de abajo la componen cubículos donde cada uno de los integrantes de la célula antiterrorista disfrutan de un poco de intimidad, se comunican con el exterior e intentan normalizar sus caóticas vidas privadas.

La trama se complica con el suicidio de uno de los integrantes del equipo. Todo se desarrolla como un gran tetris donde cada pieza encaja y empuja a la anterior. El equipo se debate entre dos grandes líneas de investigación, y ahí comienza el escape room, un cluedo sobre las tablas de la abadía que te mantiene en tensión constante.

Una apabullante puesta en escena; un extraño maridaje entre el espionaje y el mito de Casandra en el siglo XXI

El actor Jorge Kent realiza una labor colosal en su papel de jefe destituido. Javier Tolosaimprime de veracidad a su personaje, lidiando con su hijo rebelde en las profundidades del escenario. Marta Belmonte sobrecoge con sus descubrimientos y afirmaciones, Dolorosa Haché, la traductora políglota del grupo.

Álvaro Monje como Vincent Chef Chef, es el Pepito Grillo del grupo, el líder por sorpresa. Un gran monólogo pone la guinda a su excelente interpretación. Pedro Rubio, a la altura del resto del elenco cierra el excelente plantel.

En resumen, una apabullante puesta en escena de la obra con menos referencias a las tragedias griegas de Mouawad, una obra opresiva, un bunker poético, un extraño maridaje entre el espionaje y el mito de Casandra en el siglo XXI.

Cielos. Casandra 2.0