martes. 27.02.2024
Foto: Festival Noches del Botánico (Fer González)

Úrsula San Frutos | @ _suula_

66 años, una guitarra y un traje de lentejuelas azul celeste. Así se presentó Chris Isaak en el escenario el pasado 22 de junio. Noches del Botánico fue la primera vez en mucho tiempo que el cantautor americano tocó para el público español y no hay duda de que fue una cita imperdible para los amantes del rock clásico. Una noche para el recuerdo. 

El público estaba ansioso, se palpaba la anticipación. Los minutos previos al concierto parecieron la Noche de Reyes, con ese ambiente cargado de ilusión y expectativas. La entrada de Isaak en el escenario sólo puede describirse como un salto a la acción, directo a interpretar American Boy, el primer clásico de la noche. 

Esperó una canción más, Somebody's Crying, para bajar del escenario y darse un baño de masas. El foco le siguió mientras paseaba entre el público, con la sonrisa brillante, hasta alcanzar la grada y atravesarla. Ya de vuelta en el escenario y con la respiración entrecortada, confesó que había tenido miedo antes de salir a actuar. "Me encanta veros a todos sonriendo," admitió después. Y es que Isaak es una auténtica leyenda del rock, un deleite para los aficionados.

Chris Isaak es una auténtica leyenda del rock, un deleite para los aficionados

El primer gran clásico de la noche fue Wicked Game, de su álbum de 1989 Heart Shaped World, que dejó a los fans bailando y coreando. Se atrevió también a versionar grandes temas, como Pretty Woman, de Roy Orbinson, y Can't Help Falling In Love de Elvis.

Se notó que Chris Isaak había echado de menos al público español. Cada pocos temas se paró a dedicarle unas palabras. Introdujo Blue Spanish Sky recordando la primera vez que vino a España y lo emocionado que estaba, lo mucho que le cautivó la energía de los espectadores. Isaak no fue solo un músico para quitarse el sombrero, sino que también apostó por chistes ligeros e ingeniosos que suscitaron risas y miradas cómplices ("Mi español es terrible, sólo sé decir 'pásame la mantequilla'.")

La voz de Chris Isaak apenas ha cambiado en todos estos años. Es como terciopelo, suave y profunda, encarnando el auténtico espíritu del rock y rockabilly americanos

Los temas más esperados de la noche fueron, sin duda, Blue Hotel Baby Did A Bad Thing y, por supuesto, Isaak no defraudó a nadie. La voz del público casi se tragó la del americano. 

Una cosa a destacar, casi por encima de todo lo demás, es la afinidad entre Isaak y sus músicos. Son viejos compañeros de escenario, auténticos veteranos del mundo del espectáculo. Al presentarlos, Chris Isaak señaló que llevan casi 40 años tocando juntos. El resultado de casi media vida al lado del otro fue una complicidad vista en pocos sitios; funcionaron en sincronía como una máquina bien engrasada.

Foto: Chriss Isaak
Foto: Festival Noches del Botánico (Fer González)

Antes de lanzarse a interpretar Baby Did A Bad Thing, Isaak y sus músicos salieron del escenario para un cambio rápido de look. Isaak regresó en un traje plateado, como una bola de discoteca. Si antes era difícil apartar la vista de su figura magnética, ahora se volvió imposible.

La voz de Chris Isaak apenas ha cambiado en todos estos años. Es como terciopelo, suave y profunda, encarnando el auténtico espíritu del rock y rockabilly americanos. Con 66 años, está más que claro que el alma de Isaak, entrelazada con su pasión por la música, va a permanecer con el público durante mucho más tiempo que el propio Isaak.

Chris Isaak y el espíritu inmortal del rock