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Pablo D. Santonja | @datosantonja
Take Time, traído por ASMODEE, es uno de esos juegos que cuesta clasificar porque no se parece del todo a nada. Es un juego que nos pide, valga la redundancia, tiempo. Es, en esencia, un juego cooperativo de desafíos progresivos, un pequeño universo de relojes y reglas cambiantes donde lo importante no es ganar, sino sincronizarse. Su estructura gira en torno a la visión de doce cartas dispuestas como las horas de un reloj. Los jugadores, en conjunto, deben colocarlas bocabajo siguiendo condiciones especiales que varían en cada prueba. En unas podrán comunicarse libremente, en otras no podrán decir nada; a veces deberán cumplir un orden preciso, otras evitarlo. Lo que empieza siendo un ejercicio casi trivial pronto se convierte en un reto mental que obliga a pensar en conjunto y, sobre todo, a sentir el ritmo del grupo.
Cada partida avanza en ciclos: se prepara un reloj, se discute una estrategia (o no, si las reglas lo impiden), se colocan las cartas y se revela el resultado. Si el equipo ha cumplido la condición, se pasa al siguiente desafío; si no, se repite o se intenta otro reloj. El bucle es simple. Lo que de verdad importa no es la mecánica, sino cómo el grupo aprende a entenderse sin palabras. Cada nuevo ciclo añade reglas, fichas y relojes con mayor dificultad, y la sensación de progreso es real: hay algo de historia implícita en cómo los jugadores evolucionan de la confusión inicial a la precisión de un relojero, valga la metáfora.
Visualmente, Take Time tiene una presencia sobria, extremadamente cuidada y elegante. Las ilustraciones evocan ciclos cósmicos, soles y lunas. No hay artificios más que un diseño gráfico espectacular, con un conjunto que resulta armónico. Los sobres que guardan los capítulos aportan ese toque de misterio al no saber qué será lo siguiente.
Aunque oficialmente recomendado a partir de los diez años, en la práctica Take Time pide algo más de madurez: alrededor de los doce o trece años para disfrutarlo plenamente, diría yo. Es un juego para grupos pequeños, idealmente de dos a cuatro personas, que disfruten cooperando de verdad. Funciona en parejas, en familia o entre amigos que gusten de retos mentales y de comunicación. No es un título para quienes buscan adrenalina o competición; es más bien para quienes disfrutan de la calma, la observación y la sincronía.
Las partidas suelen durar entre veinte y treinta minutos, aunque los relojes más avanzados pueden alargarse hasta los cuarenta y cinco si te ves picado por el reto. Lo recomendable es jugar un par de desafíos por sesión y dejar que el juego repose un poco. Lo interesante es que, pese a su sencillez inicial, cada nueva regla o condición cambia la manera en que se percibe el reto, manteniendo viva la curiosidad.
Take Time es un juego especial por lo que consigue cuando el grupo “entra en sintonía”. Hay momentos en los que nadie habla y, aun así, todos saben lo que el otro va a hacer. En ese sentido, recuerda a The Mind, pero con un desarrollo más amplio y una progresión que invita a volver.
No es para todo el mundo, y eso está bien: su magia aparece solo si se le da el tiempo que pide.




