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Aleix Sales | @Aleix_Sales
Hace unos meses Julia Roberts estrenaba Caza de brujas (Luca Guadagnino, 2025), donde encarnaba a una profesora universitaria que se encontraba en la incómoda posición de lidiar con las acusaciones de abuso sexual de su alumna estrella hacia uno de sus compañeros docentes. Roberts fue nominada por su papel al Globo de Oro a mejor actriz protagonista de drama, donde compartió categoría con Eva Victor. Perdedoras las dos frente a una imparable Jessie Buckley por Hamnet, la entonces conocida novia de América subió al escenario a entregar uno de los galardones y, aprovechando sus segundos en el atril, dedicó unas palabras a ensalzar la labor frente y tras la cámara de Victor, llamándola como “su heroína”, deviniendo uno de los mejores actos de promoción imprevistos para un título recientemente. No es de extrañar las alabanzas de Roberts a Sorry, Baby, puesto que el film de Guadagnino comparte temática con el debut de Eva Victor, abordando el abuso sexual en el contexto universitario estadounidense, aunque tratados formal y tonalmente de maneras distintas. Mientras que Caza de brujas apuesta por el thriller moral donde la ambigüedad juega un papel crucial, en el que la víctima no es la protagonista, la película de Victor lo hace desde el drama intimista y personal en el que ahondar en los sentimientos de la agredida.
Victor se amolda en los recursos del cine indie norteamericano con una película de corte invernal y gris con breves destellos de luminosidad. Narrada a partir de capítulos que ilustran un año distinto desde el momento de la violación hasta 5 años después, Sorry, Baby sigue el proceso completo de su personaje principal, Agnes, una estudiante de lengua y literatura inglesas a punto de entregar su tesis en una universidad de Nueva Inglaterra. Cada una de las viñetas que propone el film sirven para definir y dar más entidad a un periplo vital traumático que, afortunadamente, Victor sabe controlar sin caer en melodramatismos. Su acertada estructura permite pasar por varios estados del proceso, desde el delito en sí mismo -narrado con una sobriedad ejemplar-, hasta otros como la repercusión médica, académica o judicial, con las que Victor deja bien claro su denuncia. Siendo el conjunto más que solvente y honesto, la película no evita que algunas de sus secuencias se sientan más calculadas y concebidas para exponer su tesis -la escena del médico-, echando de menos algo más de visceralidad en su planteamiento y ejecución.
Como en otras propuestas de la misma índole, Victor salpimenta con toques sutiles de humor el drama, sorteando toda estridencia, brindando, sobre todo, una bello momento con el personaje ocasional de John Carroll Lynch. En este aspecto, la cineasta se rodea de un reparto adecuado y en estado de gracia, reforzando y haciendo lucir más el propio trabajo interpretativo de Victor, destacando al mencionado Lynch y a Naomie Ackie, en el rol de su amiga de confianza, que parece ser la única que comprende por lo que está pasando.
Realista, sencilla y pequeña, pero emocionalmente viva y estremecedora por momentos mediante su depurado estilo, Sorry, Baby encierra frases y momentos contundentes, tales como la secuencia del jurado o ese remarque de “Sabemos por lo que estás pasando. Somos mujeres”, con las que se erige como una aproximación a la problemática con la que es muy difícil restar indiferente. Aunque en general peca de fría, logra culminar en un bonito epílogo en el que certificar la necesidad de hablar y exteriorizar todo el dolor y preocupaciones que uno acarree dentro, con el fin de encontrar apoyo para alcanzar la sanación y no acabar ahogado de la angustia y la ansiedad. Una notable carta de presentación, con algo más de razón que corazón, pero de innegable sinceridad.



