SERIES

'Superestar': Cuando la parodia se parodia a sí misma

“Superestar” no es una biografía tradicional, sino una re-interpretación libre, bizarra y tremendamente estilizada que, a medida que avanza, pasa de ser una cuidada e inteligente sátira a una aburrida sucesión de estampas pretenciosas.

Necesitamos tu ayuda para seguir informando
Colabora con Nuevatribuna

 

Guillermo Barrera | @guille_barrera

Producida por Los Javis, y creada por Nacho Vigalondo, gran guionista y cineasta de culto gracias a la fabulosa “Los Cronocrímenes” (2007), la bastante recomendable “Colossal” (2016) o el placer culpable: “Extraterrestre” (2011). Miniserie que captura el fenómeno sociocultural que fue Tamara —también apodada Tamara la mala”, luego Yurena, tras la demanda de su tocaya bolerista—, y todo el circo mediático que la rodeó entre los años 90 y principios de los 2000. Con un arranque prometedor, la serie reconstruye el delirio del tamarismo: una joven sin talento evidente que, a base de soñar, desparpajo, ambición, un estilismo propio y un hit imposible como No cambié”, logró convertirse en un icono momentáneo, respaldada por personajes inclasificables como su inseparable madre Margarita Seisdedos (y su mítico bolso con ladrillo), Leonardo Dantés, Paco Porras, Tony Genil o Loly Álvarez. Cada episodio se centra en uno de estos personajes, lo que en teoría aporta variedad, pero en la práctica, termina volviéndose repetitivo, ya que realmente no hay mucho que contar. Eso sí, se agradece, que aporten datos reales, a la par que curiosos del pasado u origen de cada uno. 

“Superestar” termina contando una pseudo biografía con una sofisticada narrativa que nunca llega a importar

“Superestar” no es una biografía tradicional, sino una re-interpretación libre, bizarra y tremendamente estilizada que, a medida que avanza, pasa de ser una cuidada e inteligente sátira a una aburrida sucesión de estampas pretenciosas que pierden impacto. 

Cabe aclarar, que bajo mi punto de vista, la serie me resulta más un producto de Los Javis que de Nacho Vigalondo, por su artificio recargado, los guiños nostálgicos excesivamente autorreferenciales y una puesta en escena que parece más interesada en la forma que en el fondo. Vigalondo sabe que tiene entre manos una biografía que no da para mucho, y por eso decide llenarla de un metalenguaje onírico que, a lo largo de los capítulos, cuando se agota la trama, deriva en un delirio surrealista a lo David Lynch, pero sin su potencia simbólica ni su misterio. Y ya lo decía Billy Wilder: "el mayor pecado de un cineasta es que el espectador pierda el interés”. En esta serie, desconectar del relato es sorprendentemente fácil.

En medio de este barroquismo narrativo, lleno de purpurina y horterada dosmilera, lo que queda es una historia que indaga en la psique de frikis televisivos que alcanzaron la fama prostituyendo su dignidad en el ecosistema del magazine y la escobilla nacional. Siendo dentro del panorama televisivo español: “Crónicas Marcianas” el programa clave que sirvió para encumbrar y destrozar mediáticamente a figuras como Tamara y su séquito. Aunque en la serie aparece bajo el nombre ficticio de: Tiempo de Marte”, el guiño es obvio. 

En medio de este barroquismo narrativo, lleno de purpurina y horterada dosmilera, lo que queda es una historia que indaga en la psique de frikis televisivos que alcanzaron la fama prostituyendo su dignidad

Hay que reconocer el sólido trabajo técnico y la impecable recreación de época. La serie logra transportar con eficacia al espectador a ese universo kitsch de los 90 y 2000, capturando con detalle el lenguaje, la estética televisiva y la cultura del momento. Lo mejor de la serie, no obstante, es su reparto: Ingrid García-Jonsson brilla como Tamara; junto a ella, Secun de la Rosa y Rocío Ibáñez hacen una recreación muy lograda —y bastante calcada— de Leonardo Dantés y Margarita Nuevededos”, respectivamente. El propio Vigalondo se reserva el rol de narrador, encarnando a una especie de Javier Sardà.

El resto, actores interpretando a estos personajes reales: Vigalondo, siempre muy vinculado a los chanantes, cuenta con su actor fetiche: Carlos Areces, que se supone que encarna a Paco Porras, pero simplemente es Carlos Areces. Natalia de Molina, Pepón Nieto, y Julián Villagrán completan un reparto lleno de cameos, muy afines tanto a la prensa rosa como al cine de los Javis como: Terelu Campos (que curiosamente hace de una interpretación de su madre), Marta López, Brais Efe, el cantante de Carolina Durante…entre muchos otros. También hay apariciones donde se recrean personajes de la época, con el objetivo de reforzar ese guiño nostálgico.

Pero ni la nostalgia ni el artificio consiguen tapar el hecho que, por muy creativa que quiera ser, “Superestar” termina contando una pseudo biografía con una sofisticada narrativa que nunca llega a importar. Un homenaje a un puñado de personajes que querían ser famosos y acabaron convertidos en parodia, igual que esta serie.

Miniserie de 6 episodios | Disponible en Netflix