martes. 27.02.2024
Riverbed

Jaime Polo | @lovacaine

Bassem Breche no ha podido estar presente en la proyección de su ópera prima, "Riverbed", durante el segundo día de la Mostra y ha sido una verdadera lástima.

Líbano se encuentra en una situación delicada que impide el libre estreno de este largometraje en sus fronteras y le obliga a luchar en otros lugares para darse a conocer. Hoy en día, datos oficiales, el 80% de la población del país vive bajo la pobreza, sin recursos primordiales como pueden ser la electricidad, la gasolina o los medicamentos; un gobierno insostenible con problemas sociales críticos.

En este duro contexto nace “Riverbed”, una propuesta potente sobre una madre y una hija que deben volver a unirse a través de su sangre después de años de incomunicación. Es una obra maestra de contrastes, una danza cautivadora entre el frío y el calor, el sonido y el silencio, y la reconciliación y la distancia. La película nos sumerge en la vida de Salma, interpretada magistralmente por Carol Abboud, una mujer que ha sobrevivido muchos años protegiendo su independencia y encontrando paz en la ausencia de vínculos. Sin embargo, el pasado regresa de manera inesperada cuando su hija Thuraya, interpretada con gran sensibilidad por Omaya Malaeb, vuelve derrotada, divorciada y embarazada.

Lo que hace que "Riverbed" sea verdaderamente impactante son los contrastes visuales meticulosamente diseñados por Breche. Los colores fríos y cálidos tejen una narrativa visual, creando un paisaje emocional complejo que refleja el mundo interior de los personajes. La película se sumerge en el silencio, encontrando su poder en las palabras no dichas y los sentimientos no expresados. La escena conmovedora de la madre reconciliándose con su hija se desarrolla en vacío elocuente, donde las miradas y gestos hablan más fuerte que las palabras. Es este silencio lo que representa lo que las mujeres libanesas a menudo no pueden decir en un mundo donde deben mostrar que todo está bien, incluso cuando enfrentan desafíos insondables.

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Omaya Malaeb y su debut en la pantalla grande es una de las verdaderas sorpresas de este arranque del festival. Su interpretación honesta y conmovedora de Thuraya añade profundidad al personaje y establece una conexión emocional inquebrantable con el espectador. Malaeb, quien anteriormente se desempeñaba como arquitecta, demuestra un talento natural para la actuación. En la rueda de prensa nos explicaba cómo el director, Bassem Breche, creó un ambiente de trabajo respetuoso y cómodo para ellas. La presencia predominante de mujeres en el set no solo se traduce en una dinámica auténtica entre madre-hija, sino que también permite que lo orgánico reine sobre lo forzado.

"Riverbed" es un testimonio conmovedor de la fortaleza del espíritu humano, una obra que merece ser celebrada y recordada aunque el Líbano apague las luces de sus cines.

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