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lunes. 27.03.2023

A veces, formas difusas se nos presentan en la vida, formas que, con el paso del tiempo se han ido convirtiendo en lagunas y otras se terminaron esparciendo en alguna parte de nuestra memoria, éstas van y vienen entre nuestros recuerdos, como si se tratara de un presagio o simplemente del trabajo nuestras neuronas, haciéndonos recordar aquello que es necesario reconfigurar en nuestro día a día.

La desesperación, es un instrumento a veces insano, que la vida utiliza, para colocar ante nosotros, muchas formas para recomponer el camino andado y encontrar en dicho sendero, aquello que es necesario rescatar para volver y construir un mejor mañana en nuestras vidas. Aunque en ocasiones, la suma de todo esto nos lleve a más retos y no nos de en primera instancia las respuestas que esperamos, está en nosotros, batallar diariamente con todo aquello, que nos pueda derrumbar lo que hemos ido reordenando en el camino andado.

Desde éstas premisas, creo yo, surge “El viejo y el mar” del escritor norteamericano Ernest Hemingway. En esta novela corta, el autor nos invita a reflexionar sobre las razones de la existencia, el sentido de la vida y el aporte que nos da la experiencia en cualquier ámbito de nuestro andar diario. Hemingway, también nos invita a utilizar tales caudales de conocimiento, para repensar con dureza sobre lo que hemos construido y como trabajar, para que no se nos derrumbe y nos termine de hundir junto con ello.

“El viejo y el mar” no solo es la consumación de una batalla quijotesca contra el arrollador paso del tiempo, también es una incesante lucha por subsistir

Me parece una genialidad, el hecho de que esta novela, sea escrita con un lenguaje de soledades y tristezas, pero que, a la misma vez, junte éstas emociones y las enhebre con mensajes hondos sobre las posibilidades de un mejor mañana. En la obra, también hay una epifanía que se inmola sobre la figura del mar, llevándonos con esto a interpretar esta impensable imagen; como el vasto recorrido que hemos de pasar antes de saborear la gloria y darle un beso de despedida a nuestras más amargas penas.

La narración en tercera persona, es sin duda, una magistral brutalidad, que el autor se sacó de su ingenio en esta novela. Hemingway no abusa del embellecimiento del texto, por el contrario, creo que se encarga de mostrarnos una historia muy apegada a las realidades de nuestro presente, es decir, retrata con mucha honestidad el camino de superación que un hombre o mujer, deben recorrer para obtener un poco de éxito, mientras los consume la grotesca posmodernidad y tratan de seguir empujando -sin que caigan al vacío- sus cientos de valiosos sueños.

“El viejo y el mar” no solo es la consumación de una batalla quijotesca contra el arrollador paso del tiempo, también es una incesante lucha por subsistir, mientras la suma de todo aquello que sostenemos -con el corazón en la mano-, se nos escapa una y otra vez, para terminar siendo un peldaño que estuvimos a punto de alcanzar.

“El viejo y el mar” es una novela que se fragua con mucha más hondura mientras el dolor y las posibilidades de un mejor mañana llegan a invadir y enraizarse en nuestro día a día. Hemingway, fue capaz de encontrar en el mar; un poco de calma y esperanza en medio de tanta atrocidad que lo invadía.

“El viejo y el mar”: una novela de Ernest Hemingway