sábado. 02.03.2024
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Torres-Remírez | @jostorresremrez

(Los tres primeros capítulos)

Se abusa mucho de la afamada frase de Cecil B. DeMille, “empezar con un terremoto y de ahí para arriba”. Incluso es un recurso muy usado entre series y películas de acción comenzar con una escena impactante que no tiene nada que ver con la trama sólo para atrapar a los espectadores. Sin embargo, para la nueva temporada de “Reacher”, esta es la mejor definición que se puede dar de los tres primeros capítulos.

Este personaje, creado por Lee Child y que en España fue popularizado por Tom Cruise, tenía grandes retos que cumplir en este comienzo de temporada. Mientras que, en la primera entrega televisiva, Alan Ritchson (Jack Reacher) consiguió que olvidáramos las divertidas películas de Cruise. En esta temporada eran los guionistas los que tenían que darnos algo nuevo para no caer en la repetición. Y consiguen dar lo que los espectadores esperan.

Vamos a por el análisis de los tres primeros capítulos, con algún que otro spoiler.

La característica principal del personaje es su desapego emocional hacia todo el mundo. A diferencia de otros protagonistas solitarios que hemos visto en decenas de series y novelas (Sherlock Holmes, House o “El Carnicero” de “The Boys”, entre otros), Reacher no se aísla de la gente por ser un psicópata o un sociópata. Sino por todo lo contrario. Sufre de un exceso de empatía aderezado con un espíritu protector muy elevado. Es, en definitiva, un caballero andante de la américa del siglo XXI. Lo que debería ser un americano si de verdad se guiaran por todos los ideales que afirman defender. Ahí reside el atractivo de este personaje. Él ha crecido con un código moral y ético que no tiene nada que ver con el mundo real. Por ello ha decidido apartarse del mundo, aunque siempre está cuando se le necesita.

En esta ocasión no es una fiscal desesperada por saber la verdad, ni una niña que afirma ser su hija o una policía buscando justicia. Esta vez, quien le necesita es su “familia”. Esa familia tan nuestra como son los amigos que escogemos. O, en el caso de Reacher, la 110; el cuerpo de investigación especial que él mismo creó y dirigió mientras estaba en el ejército.

Alguien ha matado a uno de los suyos. Y con la 110ª no se juega.

El espíritu de los tres primeros capítulos nos recuerda a las películas de la década de los ochenta y de los noventa sobre investigación criminal con perfil militar. Desde “Más fuerte que el odio” (1988) de Peter Hyams, hasta “Basic” (2003) de John McTiernan. Pasando claramente por “La hija del General” (1999) de Simon West o “Algunos hombres buenos” (1992) de Rob Reiner.

El punto de partida no sólo es la muerte de uno de los compañeros de Reacher, sino la imposibilidad de contactar con el resto de la 110ª ¿Dónde están?¿Les habrá pasado lo mismo?¿Significa que están cazándolos poco a poco?¿El pasado ha vuelto y les está cobrando alguna deuda impagada?

Y, aunque nos van respondiendo a estas preguntas durante los tres primeros episodios, nada es precipitado, ni tampoco sobran minutos de rodaje. Los supervivientes de la compañía van apareciendo escalonadamente en la trama de la serie, dando tiempo a presentárnoslos, sin mucho detalle, pero conociendo lo más importante de cada uno de ellos. Y todos, tienen dos características en común: la lealtad y la complementariedad. No luchan por si mismos. Ni por intereses empresariales. Su lealtad está con sus compañeros del ejército. Esa hermandad que sólo se consigue entre aquellos que saben que pueden confiar su vida en la persona que tienen al lado. A su vez, como muchos otros productos de esta clase, cada uno de los personajes tiene una serie de habilidades marcadas que les diferencia de los demás, lo que les hace únicos dentro del grupo. Estas dos características podrían derivar en personajes maniqueos y planos. Pero, hasta el momento, la serie ha conseguido salvar este escollo, gracias a que toda la serie está al servicio de la trama. No importa aquí la vida de los personajes en el lapso de tiempo entre la despedida del ejército y el momento actual. Lo que importa es encontrar al asesino de sus compañeros. Mientras que la tendencia actual de las series es la sobrexplicación de la vida personal de los personajes (principales y secundarios), en “Reacher” resumen toda la existencia en una sola frase: “la vida ha seguido en tu ausencia”. Bendita elipse argumental. 

Otro acierto de la nueva temporada, es continuar con las peleas creíbles. Claro que Reacher es un hombre de casi dos metros con unos brazos como los de “Conan el Bárbaro”, pero se enfrenta a sicarios profesionales, a exmilitares y a toda clase de calaña que no duda en matarle. No es invencible. Le alcanzan los golpes, le cortan y su cuerpo tiene heridas. Es humano. Y esa humanidad es lo que queremos ver en un héroe de acción.   

A su vez, para consagrar a un héroe se necesita un enemigo a su altura. De momento nos están presentando a dos antagonistas de nivel. El primero es una personificación del corporativismo malvado que no duda en saltarse las reglas para alcanzar un poco más de poder, ya sea de mercado o político. Para tan difícil papel se ha escogido a Robert Patrick, actor que ha quedado en el imaginario colectivo como uno de los malvados más icónicos del cine: el T-1000 de Terminator II. El segundo antagonista es el típico sicario a sueldo parco en palabras, pero eficiente, interpretado por Ferdinand Kingsley. Un personaje que no odia. Esto es simplemente un trabajo más y la 110ª se ha interpuesto en su camino.  

Hasta aquí los tres primeros capítulos de la serie. No ofrece nada nuevo, todas las fórmulas y personajes están vistos en otras películas y series. Sin embargo, todo lo que ofrece es de calidad.   

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