martes. 05.03.2024
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Keita | @kkeita1111

Hace mucho tiempo que no terminaba de ver una película y sentía que lo que había visto estaba bien, y La mesita del comedor está muy bien. Caye Casas nos presenta en su nuevo trabajo un viaje por la mansión del terror más cotidiano y costumbrista, encierra al espectador a modo de castigo y lo obliga a enfrentarse a los peores miedos, que son aquellos que emanan del error, de la no voluntad de la que nadie puede escaparse, y que es la protagonista de las tragedias más terribles.

El espacio y el tiempo, sin entrar en detalles, son dos de los grandes aciertos del realizador, el tratamiento correcto de estos es fundamental en cualquier historia, pero, en el caso del terror, aún más. Consigue que funcionen, funcionan los planos y la posición en la que nos sitúa la cámara.

Hay un tremendismo visual que empapa toda la película, muy en la línea del cine de Álex de la Iglesia, y una suciedad que contamina las interpretaciones y los propios rostros de los personajes. Estos están completamente tipificados y, en el lugar que ocupa cada uno, resultan muy paródicos dentro de los márgenes de los convencionalismos familiares y la sociedad española.

Esa simbiosis entre angustia y sátira funciona bastante bien y es, en gran parte, por el gran trabajo de todos los actores, principalmente de David Pareja y Estefanía de los Santos, que cargan con un importante peso a la hora de contar la historia. Mención especial a una brillante (como siempre) Itziar Castro, que deslumbra fugazmente en este, uno de sus últimos trabajos.

Es una historia que no se cuenta, que está silenciada y a la que sólo podemos llegar a través del sufrimiento del protagonista

Es una historia que no se cuenta, que está silenciada y a la que sólo podemos llegar a través del sufrimiento del protagonista, pero hay mil calcomanías arquetípicas que hacen que el filme no camine hacia un único lugar. Encontramos mucho de Happiness, de Welcome to the Dollhouse, sobremesas familiares que incomodan, niñas desquiciadas, vendedores histriónicos… La mesita del comedor es un auténtico miriápodo que, sin moverse de su punto de partida, en el que se recrea constantemente, no para de avanzar hacia lugares inexplorados.

Por otra parte, hay multitud de aspectos que no terminan de convencerme, especialmente en campos que podrían haberse trabajado de otra forma que acentuara las ideas básicas de la película, un par de diálogos un tanto desfasados y un clímax que se va reproduciendo hasta un gran final que, aunque es grande, no me termina de satisfacer. Aun así, es solo mi opinión, y lo que no puede ser negado es la iconicidad y la fuerza de La mesita del comedor, una joya del cine independiente más reciente que se volverá una auténtica cinta de culto por su crudeza, el horror tan raramente enfocado y el magnífico trabajo de todos sus integrantes.

Entrevista a Caye Casas

Keita | ¿Dónde nace La mesita del comedor?

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Caye Casas

Caye Casas | Pues bueno, la idea nace con Cristina Borobia y conmigo, que somos los que la hemos escrito. Ambos somos muy fans del cine de terror y el cine de género, pero últimamente hemos tenido la sensación de que se hacen muchas copias de copias y un cine de terror que, en general y personalmente, ni nos sorprende ni nos asusta. Queríamos hacer una peli que no fuese la típica película de terror, un proyecto con intenciones de olvidar todos los clichés pero que a su vez resultase la más terrorífica. Y todo eso sin contar con monstruos, zombies, fantasmas ni nada paranormal, simplemente con la vida real.

Buscamos explicar una historia cuyo centro fuese el destino cruel que nos puede golpear a todos, cuando te topas con una muy mala suerte y la vida te da un puñetazo en el estómago y entonces descubres el infierno. Pero el infierno real que no es ni con llamas ni con Satanás ni nada de eso.

Es fácil para el espectador entablar relaciones entre La mesita del comedor y otros títulos, especialmente españoles. ¿Qué otras películas o directores construyen tu cine?

Referentes tengo muchísimos, desde los primeros trabajos de Álex de la Iglesia hasta Berlanga. Me chifla también el cine de Todd Solondz, el director de Happiness, Haneke también… pero para La mesita del comedor realmente no hay una referencia clarísima. Un crítico de cine dijo que era una mezcla entre Todd Solondz y Haneke, quizás por ahí se pueda aproximar. Aun así, no creo que haya muchas historias parecidas que se hayan contado.

¿Cómo fue el rodaje? ¿Cómo caló toda la potente energía de la historia?

El rodaje fue durísimo, entre otras cosas porque solo duró diez días de rodaje, y en esos días nos pasaron muchas cosas. Hacer una película en diez días ya es terrorífico de por sí y nada recomendable, pero además cogimos todos una gripe muy bestia y hubo algunas bajas incluso. Yo y David Pareja estuvimos enfermos. El rodaje, además, fue en el piso que una amiga nos cedió y el piso de arriba se inundó y nos empezó a caer agua… pasaron otras cosas curiosísimas y también muy muy extremas.

Puede que afectaran incluso para bien, en el caso de algunas de las interpretaciones como la de David, que a su personaje le venía muy bien. Lo que sí que es cierto es que el equipo lo dio todo, tuvimos la suerte también de tener una semana de ensayos con los actores en el piso y eso favoreció muchísimo a poderlo rodar en tan poco tiempo, eso ayudó a encontrar los tonos de los diálogos y a que tuviese que darles muy pocas indicaciones durante el rodaje. Pero sí, fue un rodaje potente que da para un libro.

El espacio limitado y el tiempo a contrarreloj son fundamentales para crear el terrible ambiente, al igual que lo son las interpretaciones de los actores, ¿cumplieron tus expectativas?

Yo estoy orgulloso del trabajo de todo el equipo, pero especialmente la elección de actores era clave porque ellos cargan con todo el peso de la historia, tienen que resultar muy muy creíbles para transportar bien esa tragedia hacia el espectador, para que este consiga meterse en la historia y sufra como sufre el personaje de David Pareja.

Un punto clave de La mesita del comedor es que lo que ocurre con la mesita solo lo sabe el protagonista y el espectador, por lo tanto, David tiene el peso de transmitir esa angustia al público, y si eso no funciona, la película no funciona.

Pero exactamente igual que con Estefanía de los Santos y el resto de los actores. Estoy contento con el trabajo de todos, de Josep María Riera, Eduardo Antuña o Gala Flores, que en ese momento tenía 11 años y es su primera película, he tenido una suerte tremenda con todos.

Además, veo en las críticas que una de las cosas que destacan son las interpretaciones que permiten al espectador sumergirse en esta pesadilla que es La mesita del comedor.

Los sarcasmos y los puntos de comicidad son cruciales para formar la identidad de La mesita del comedor, ¿no crees que sin esto la película podría caer en lo meramente sanguinario y en lo que se volvería aún más insoportable de ver?

El tema del humor negro que existe en la película es una marca de la casa pero también es un riesgo enorme en el guion. Dentro de una tragedia tan bestia como la que contamos, añadirle un humor negrísimo es aventurarse mucho. A algunas personas les puede aliviar, puede significar un poco de oxígeno dentro de esta pesadilla en la que están sumergidos, pero hay otras personas que se molestan por las risas de los que están al lado mientras ellos lo pasan fatal. Pero eso es lo que queríamos.

Queríamos que cada espectador viviera la experiencia a su manera, como te he comentado antes, no es una película típica de terror ni muchísimo menos. Y lo hemos conseguido, muchos me dicen después de la proyección que se sentían mal por reír, había una risa incómoda ahí que nos encanta.

¿Los festivales españoles o la Academia están preparados para premiar a una película como esta?

Los festivales de género nos han recibido increíblemente bien, desde la Semana de terror de Donostia, que es donde estrenamos, hasta Terror Molins, donde fue la película inaugural. Ha sido una experiencia increíble en todos lados, el estreno en Cataluña, en Villagarcía de Arousa, en Isla Calavera de Tenerife, en Málaga…

La otra parte es la industria, que es otra liga. Ahí juegan las películas con dinero y con repercusión. En los Goya, los Feroz o los Gaudí solo se miran las 15 o 20 películas que salen en los medios cuando se presentan más de 200 películas al año en España. Dicen que son los premios del cine español… bueno, son los premios del cine español con recursos.

Hay otro cine español mucho más invisible pero que también existe, sin el bombardeo de publicidad año tras año y sin grandes distribuidoras y productoras detrás.

Has mencionado antes el cine de Todd Solondz, el personaje de Ruth parece escaparse de ese universo y se convierte automáticamente en un icono de culto, ¿existen todos esos personajes arquetípicos en tu realidad? ¿Los has conocido alguna vez?

En todas mis películas, incluso en los cortos, hay elementos muy autobiográficos que después maquillo o exagero, pero siempre están ahí. Hay algunos personajes que son totalmente inventados, que no están en mi vida, pero los he construido en base a historias que me han contado o que he visto en las noticias o en alguna película.

Hay personajes muy complejos pero muy reveladores como es Ruth, la niña a la que interpreta Gala Flores, que es un personaje súper incómodo. Lo quería introducir porque demuestra que cuando las cosas pueden ir mal siempre pueden ir peor, y hay veces que los problemas más gordos pueden ser eclipsados por otros aún peor.

Y ya, por último, ¿qué consideras que habéis clavado a la perfección y que podría haber salido algo mejor?

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Hemos clavado a la perfección el tono y la tensión, hemos acertado de lleno a la hora de reflejar esa tremenda angustia. Creo que lo hemos conseguido por todo el feedback que nos está llegando.

El cine es un trabajo de equipo, es por eso por lo que todos estamos implicados y somos responsables de ese logro, desde el director hasta todos los demás departamentos, fotografía, dirección de actores, de arte y la música, que es una parte esencial en la película.

Sobre mejorar… siempre se pueden mejorar muchas cosas, pero, como curiosidad, cuando rodábamos me inventé un final alternativo que no se podía hacer por falta de dinero y de tiempo, es un final que no desvelaré pero que me hubiese encantado hacer. El final que aparece me encanta, pero el alternativo haría que la película fuese todavía más bestia. Es algo que he hablado con algunas personas y todos me dicen que sería de los finales, o el final, más duro de la historia del cine. No sé si algún día podré rodarlo pero ahí queda.

'La mesita del comedor': una historia que no se cuenta