miércoles. 22.05.2024
Fotograma de la película.

Elena del Olmo Andrade | 

La lluvia, impasible, inunda la ciudad de San Sebastián. Lara y Daniel, una década después de su romance, se encuentran arrinconados en un oscuro y vacío apartamento esperando el cese de la tormenta. El fenómeno atmosférico, una mera casualidad, acorta la distancia entre los dos. El reencuentro remueve a ambos, dicen que son felices, y lo creemos –parecen honestos al pronunciar las palabras– pero es inevitable rememorar el pasado. Esta escena, este fugaz encuentro, es el germen de La quietud en la tormenta (Gelditasuna ekaitzean), primer largometraje de Alberto Gastesi, presentado en la 70 edición del Donostia Zinemaldia.

Natural de San Sebastián, el director, guionista y productor ha recorrido numerosos festivales exponiendo su trabajo y acumulando galardones en Sitges, Valencia o Gijón, entre otros. Junto con el guionista Alex Merino, amigo y socio de Gastesi, la idea de una conversación entre dos personajes atrapados en un apartamento se convierte en la conmovedora historia de Lara y Daniel. También naturales de Donostia, Iñigo Gastesi y Loreto Mauleón encarnan, con una verdad y una emoción que traspasa la pantalla, a estas dos personas que, ante todo, buscan un hogar, un lugar donde asentarse y construir una vida.

Una producción tan personal e independiente, donde cada fotograma emana la pasión y el afecto con el que se llevó a cabo, puede no ser la primera elección de todos a la hora de asistir a las salas de cine

Con esta premisa, la cinta aborda temáticas tan universales como el paso del tiempo, el amor, el paso de la adolescencia a la vida adulta, la descendencia y las decisiones vitales que uno escoge así como aquellas que uno desecha. Es precisamente la decisión de Lara y su pareja, Telmo, de volver a su ciudad natal, la que desencadena el tumulto de emociones en la protagonista y su antiguo amor. Es la contención, la sutilidad de sus actos, lo que desplaza el peso de la cinta a los gestos, las miradas y los diálogos que se suceden a medida que Daniel, asesor inmobiliario, tramita la venta del apartamento a Lara y Telmo. Con un tono conversacional y un ritmo pausado, invitando al espectador a detenerse en las inquietudes y reflexiones de los personajes, la cinta recae en gran medida en los intérpretes para transmitir una cotidianidad profundamente humana.

En esa línea, el blanco y negro inunda la pantalla, acentuando la expresividad y facciones de los personajes así como la belleza de las calles, playas y miradores de San Sebastián. Con una fotografía cuidadísima, la arquitectura de Donostia envuelve a los personajes creando composiciones geométricas que, junto con el formato 4:3 de la imagen, resulta en una representación veraz pero preciosista del entorno. Los juegos de luces y sombras acentúan lo fundamental de las emociones en la cinta, creando claroscuros expresionistas que complementan a la perfección el lluvioso telón de fondo. Todas estas decisiones estéticas hacen de La quietud en la tormenta una obra profunda e intensa en la que la sutileza mantiene al espectador adivinando los pensamientos y los impulsos de los protagonistas. La misma historia, contada con unos recursos más convencionales, no calaría de la misma forma. Los contrastes del apartamento, con sus estrechos pasillos y habitaciones, acentúan la catarsis que acontece entre esas paredes.

La_quietud_en_la_tormenta

En cuánto a la narración, es una historia humana, costumbrista, nada nuevo para la audiencia pero funciona, funciona gracias a la empatía y la identificación con el carácter impulsivo, romántico e ingenuo de los jóvenes. El amor fugaz de los dos se revela gradualmente a través de flashbacks, dibujando unos personajes con un perfil cada vez más complejo. El manejo simultáneo de dos líneas temporales genera un contraste entre el pasado y el presente, mostrando dos personajes antes y después de la madurez, en la adolescencia y en la etapa adulta que demuestran la mella del tiempo en el brillo que poseían en los ojos.

Una producción tan personal e independiente, donde cada fotograma emana la pasión y el afecto con el que se llevó a cabo, puede no ser la primera elección de todos a la hora de asistir a las salas de cine. A pesar del predominante carácter observacional, Gastesi apela a realidades universales con las que cualquier individuo que esté comenzando su camino hacia la madurez puede verse reflejado. ¿No es esa una de las fortalezas del cine? Salir de la sala de cine con el corazón encogido, removido, preguntándote todo lo que Lara y Daniel se preguntan en pantalla. En la era de la inmediatez, La quietud en la tormenta nos invita a parar, a sentarnos y observar, a través de la pantalla, el paso de la vida misma.

La quietud en la tormenta (Gelditasuna ekaitzean). Si una cosa hubiese sido diferente,...