lunes. 15.04.2024

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James Fernández Cardozo |


¿Alguna vez te ha pasado que te enganchas tanto a una serie de televisión que no puedes parar de ver episodio tras episodio? Existe una explicación del por qué algunas series son tan difíciles de dejar. Las series que implementan cliffhangers narrativos como estrategias de enganche aprovechan la psicología humana de maneras que nos hacen sentir verdaderamente involucrados con la historia y los personajes.

La investigación ha demostrado que el cerebro humano tiene un deseo innato de buscar cierre y resolución de tareas inacabadas. Esto se conoce como el efecto Zeigarnik, por el cual es mucho más probable que retengamos la memoria de eventos incompletos que de los concluidos. Los cliffhangers explotan esto al dejar cada episodio, o sección de una historia, con algún elemento sin resolver. Esto crea una picazón psicológica que deseamos aliviar continuando apegados a la narrativa.

Nuestras mentes también ansían las liberaciones de dopamina que vienen de la anticipación y las sorpresas. Los cliffhangers bien elaborados brindan justo la información suficiente, y retienen otra para permitir la especulación sobre lo que puede suceder a continuación, activando los centros de recompensa del cerebro y haciéndonos inherentemente curiosos por saber cómo se desarrollarán los acontecimientos. El elemento de suspenso y curiosidad nos mantendrá comprometidos hasta la conclusión.

La clave es aprovechar estas obras para desarrollar nuestra capacidad crítica y extraer el máximo provecho de la experiencia televisiva

Al comprender estos principios psicológicos, los talentosos escritores pueden diseñar deliberadamente cliffhangers y giros de trama que se metan debajo de nuestra piel y aprovechen nuestra necesidad subconsciente de cierre.

Pero no solamente el efecto Zeigarnik es el que explica la motivación de los seres humanos para concluir tareas inacabadas. En una perspectiva antropológica, la liminalidad es un espacio de incertidumbre o ambigüedad que ansiamos sea resuelto. En otra perspectiva psicológica, la motivación intrínseca para continuar viendo una serie de televisión nace de nuestra creciente experiencia de competencia por lo que vamos descifrando, aunada a una conexión con intereses personales. En las radionovelas de los años 70 después de estar atrapados en la historia nos anunciaban: “esta historia continuará”. Ahora en la televisión se interrumpe el segmento y aparecen de inmediato los avisos del episodio siguiente. 

La escritora María José Codes en su obra “Intriga y Suspense, el Gancho Invisible”, ha verificado que “cuando una obra de ficción consta de diferentes fragmentos o capítulos, uno de los recursos narrativos más efectivos para mantener la intriga del lector y suspender la tensión de la historia, consiste en cerrar cada uno de ellos con alguna escena, imagen o frase impactante, o inexplicable aún, que requiera continuar la lectura para su resolución o comprensión. Como una pregunta que necesita ser contestada y cuya respuesta solo se consigue en las páginas siguientes”. P. 93. Editorial Alba. 2013. 

El escritor toda serie de televisión en el fondo participa de un proceso manipulatorio, o de influencia, porque es quien tiene la función de hacer que el lector o televidente haga lo que se espera de él: se mantenga atrapado por la trama de la serie. Para lograrlo, el escritor instala en el televidente la falta, es decir, una separación respecto de la respuesta esperada, a la que se le adiciona el ferviente deseo, o deber, de obtener esa respuesta. 

El espectador en consecuencia inviste de valor a la respuesta esperada, y ahora fervientemente quiere o debe obtener la respuesta, saber el desenlace. El cierre de un capítulo con la escena, imagen o frase impactante, o inexplicable, motivan al televidente a terminar lo inacabado, a encontrar la resolución o comprensión, y explica, en perspectiva semiótica, el nacimiento de la intención, el tender hacia el final de la historia.En este querer o deber obtener la respuesta, se radica la aparición de la intención en el sujeto espectador. Ya instalada la intención le corresponderá al escritor hacer que el espectador haga lo que se espera de él: mantenerse sujeto a la historia que le relatan bajo los efectos de la intriga, el suspenso o la sorpresa. Para ello se requiere, en primer lugar, de un elemento que examina la semiótica discursiva: la motivación. 

La motivación es el querer o deber continuar viendo la serie, que le permite al televidente proseguir tras la búsqueda de la respuesta, pero también reiniciar la actividad cuando esta se ha detenido. Este elemento de la motivación se alimenta progresivamente con la interrupción de la información narrativa, lo que hace que el efecto de suspenso se prorrogue en el tiempo. La interrupción sucesiva de la narración se alimenta progresivamente de micro faltas, que son la que las que explican que el espectador mantenga la motivación, es decir, que no abandone su actividad de continuar frente la pantalla. 

De otro lado, en la acción que se espera del televidente de mantenerse animado a continuar presenciando la serie, es vital el elemento de la competencia, el saber y el poder avanzar por parte del espectador en el recorrido narrativo. El escritor progresivamente le suministra al espectador saberes iniciales, y los incrementa para que el espectador finalmente los consolide y así mantenga la motivación intrínseca, esa experiencia psicológica de la autonomía, por la que el espectador experimenta que por sí mismo podría obtener la respuesta. 

Las dimensiones pueden entenderse como magnitudes sobre las cuales se proyectan los actores y sus acciones. En las series nos atrae lo impactante o lo inexplicable, inicialmente por la dimensión pragmática, en que el escritor nos presenta sujetos y objetos de un mundo posible. Seguidamente por la dimensión cognitiva en que el escritor nos suministra saberes, creencias, opiniones, informaciones de los sujetos entre sí y con relación a los objetos. Seguidamente se agita la dimensión emotiva, aquella referida a los estados y procesos emotivos de los sujetos. Finalmente, para que el espectador mantenga su atención a la serie es necesario que, fruto de sus conjeturas, evalúe los valores en juego, razón por la cual es constante la existencia de una dimensión axiológica en el espectador. 

En las novelas o series modernas de televisión son recurrentes cuatro modalidades de temas, constitutivos de influencia por tentación: el amor, el poder, el dinero y el prestigio, que pueden ejemplificarse con algunas series de Netflix que nos mantienen en vilo. 

Finalmente, el recorrido narrativo de los personajes de las series de televisión es objeto de su evaluación positiva o negativa por el televidente, en primer lugar, sobre la conquista del objeto de deseo, en este caso, la respuesta que el televidente pudo o no encontrar. 

La fase final de la evaluación del televidente también indagará por los temas que iluminaron el recorrido narrativo, usualmente el amor, el poder, el dinero, o el prestigio; pero también implica preguntas axiológicas que el televidente debe conjeturar sobre alguno de esos cuatro temas de base: ¿Valió la pena el sacrificio de Berlín por el amor de Camille? ¿Fueron legítimas las relaciones de poder en Juego de Tronos? ¿Cuánto sacrificó Rico Mac Pato por su odiosa avaricia con el dinero? 

Los cliffhanders son interrupciones de la información narrativa que contribuyen a mantener el suspenso para que permanezcamos comprometidos en la solución de preguntas cargadas de valor. La respuesta final a estas preguntas constituye la liquidación de la falta, es decir, la satisfacción de ese deseo intenso, por querer o deber, de saber la respuesta final. 

La próxima vez que veas una serie de televisión, pregúntate: ¿logró el guionista despertar mi curiosidad con un cliffhanger al final de un episodio? ¿De qué manera incitó mi deseo de continuar viendo para resolver la intriga? También evalúa cómo supo mantener mi motivación y competencia lectora a lo largo de la temporada. ¿Fue a través de giros argumentales que no esperaba? ¿Personajes con los que pude involucrarme emocionalmente? Finalmente, reflexiona sobre qué valores o temas fueron explorados de manera significativa a través de la historia. ¿Se plantearon dilemas morales interesantes? ¿Se representaron diferentes perspectivas de una manera sensible?

Si analizamos activamente el poder de los cliffhangers narrativos, podremos disfrutar las series de una forma más consciente. Aprenderemos a identificar la pericia de los guionistas para engancharnos, cultivando así nuestra comprensión como espectadores.

La clave es aprovechar estas obras para desarrollar nuestra capacidad crítica y extraer el máximo provecho de la experiencia televisiva.


James Fernández Cardozo / Análisis del Discurso

¿Por qué nos atrapan las series de televisión?