'La princesa orgullosa': animación checa de altura
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Francisco Nieto |
La Princesa Orgullosa (o Pysná princezna) es una nueva versión animada de 2024 de la película checa de acción real de 1952, basada en el cuento de hadas checo "Potrestaná pýcha" o "Orgullo Castigado". La historia es similar a "El Rey Barba de Tordo", con una princesa orgullosa y un rey disfrazado. Sin embargo, también presenta elementos únicos, como la prohibición de la música en todo el reino y una flor mágica que canta. El hecho de que esta nueva versión animada se estrenara en un momento en que las nuevas versiones de acción real están en su apogeo demuestra que Disney está desaprovechando una gran oportunidad que el mercado checo ya ha sabido aprovechar.
La historia nos transporta al Reino de la Medianoche, donde el rey Miroslav (Marek Lambora), jardinero de corazón, se disfraza para liberar a la princesa Krasomila (Anna Fialová) de su maldición de orgullo y arrogancia. Pero no solo ella, sino todo el reino y su gente necesitan ser salvados. Con una flor cantora como aliada y un corazón lleno de ambiciones románticas, Miroslav espera conquistar a la princesa y, por supuesto, frustrar los planes de su malvado consejero Maxim (Aleš Procházka). La pareja se enfrenta a persecuciones, escondites y duelos, mientras Krasomila aprende valiosas lecciones de vida, como la importancia de la humildad y el trabajo honesto.
A diferencia de la original, de corte socialista, esta adaptación se simplifica para lograr una narrativa más comprensible. Atrás quedaron los personajes que celebraban el trabajo duro y la fraternidad; ahora aparecen los divertidos ayudantes peludos. La narrativa cobra mayor dinamismo e incorpora acción y diversos elementos divertidos que van a hacer las delicias de los más pequeños de la casa. Aunque no es Disney ni Pixar, sin duda parece que la película aspira a serlo: desde la escena en el jardín, donde Miroslav parece más perdido que enamorado, hasta la atmósfera musical.
El encanto original del cuento de hadas, apenas afectado por los avances tecnológicos, se aferra a la trama clásica con tanta fuerza que por momentos se siente más como un homenaje que como una nueva versión
Pero también aporta algo nuevo: la transformación de Krasomila se explora con mayor profundidad y verosimilitud. Y lo que más nos impresiona es la belleza del paisaje checo, en el que los animadores se lucieron. Así la propuesta luce fresca y vibrante, y la música de Ondřej Brzobohatý y Ondřej Brousek evoca las melodías icónicas al tiempo que aporta una atmósfera aventurera a la trama.
El encanto original del cuento de hadas, apenas afectado por los avances tecnológicos, se aferra a la trama clásica con tanta fuerza que por momentos se siente más como un homenaje que como una nueva versión. Y aunque el Miroslav animado sea quizás un poco más inmaduro que su contraparte de carne y hueso, su personaje sigue teniendo personalidad propia. El cambio de Krasomila es agradable, pero si uno lo ve de pasada, podría perderse el motivo por el que se enamoró de Miroslav, ya que todo sucede en apenas dos minutos. ¿Que los unió una afición apasionante como la jardinería?. En este punto, la trama quizás avanza demasiado rápido, y encontramos más momentos así. En general, sin embargo, esta pareja funciona bien y constituye una historia de amor creíble, al igual que algunas de las enseñanzas que transmite.
La animación tridimensional es de primera categoría según los estándares europeos y la película es lo suficientemente entretenida para el público infantil y no contiene nada que los adultos pudieran llegar a poner algún tipo de objeción.
Creemos que vale la pena ver la película si queremos revivir aquellas vivencias pasadas en las que íbamos a los estrenos de aquellas películas checas que llegaron a los cines españoles a finales de los setenta, cuando aún no peinábamos canas. Títulos como El Planeta salvaje o Krabat, el aprendiz de brujo seguro que despierta la nostalgia de más de uno. Podemos tolerar un cuento de hadas infantil favorito adaptado a un formato moderno, pero para familias con niños pequeños podemos afirmar que La Princesa orgullosa es un espectáculo de calidad, y a la vez un intento sincero de conectar dos épocas. Igual no supera a la original (toca buscarla y visionarla), pero ni siquiera lo pretende; esta versión se contenta con ser una nieta colorida, al estilo Disney, en la que un toque de espíritu checo se percibe a través de las imágenes.