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Guillermo Barrera | @guille_barrera
Tesoro oculto que llega a Europa, y primera serie del legendario cineasta hongkonés: Wong Kar-Wai. Obra de arte cinéfila y muy cafetera, un serial de drama y romance desplegada a lo largo de 30 capítulos. Adapta la novela de Jin Yucheng, una de las pocas escritas —curiosamente— en shanghainés, lengua que, pese a no ser oficial, es la segunda más hablada en China.
Estrenada originalmente en 2023, al menos en el mercado asiático, la serie comienza ahora por primera vez, con su aterrizaje europeo. En España, es Filmin quien ha apostado por este tesoro: ya están disponibles los primeros 10 episodios, y está previsto que el resto se estrene este invierno. Aún así, basta con ver un par de capítulos para confirmarlo: “Blossoms Shanghai” es cine en la pequeña pantalla. Es puro Wong Kar-Wai.
Ambientada entre los años 90 y principios de los 2000, en una Shanghái que respira euforia económica y transformación social hacia un modelo capitalista, la serie sigue el ascenso de A Bao, un joven ambicioso que pasa de la miseria a convertirse en un próspero hombre de negocios. Pero más allá del clásico relato de éxito (y sus sombras), esta historia explora con una enorme sensibilidad y tacto, los impulsos humanos más universales: el deseo, la ambición, la soledad y, por supuesto, lo que mejor sabe manejar el prestigioso cineasta: el amor. Un amor muchas veces reprimido, otras tantas idealizado, pero…siempre imposible.
Creo que no necesita presentación, pero para el que no lo sepa, hablemos de Wong Kar-Wai — figura indispensable del cine independiente de los 90 y principios de los 2000, aunque sea cine de Hong Kong, ha pasado fronteras, y triunfando en los mejores festivales europeos, es el responsable de títulos icónicos como “Chungking Express” (1994), “Fallen Angels” (1995), “2046” (2004) o su gran obra maestra: “In the mood for Love” (2000) — en esta serie, conserva intactos muchos de sus manerismos cinematográficos: sus encuadres cerrados y fracturados, donde encuadra a los personajes parcialmente a través de puertas, ventanas o espejos, el increíble y propio manejo de la baja velocidad de obturación, esos ralentís, donde parece que suspende el tiempo, los personajes que se cruzan sin encontrarse del todo o por supuesto, el manejo del color.
Porque la fotografía… es, sin duda, uno de los grandes logros de la serie. Aunque no cuenta con Christopher Doyle, el mítico director de fotografía australiano que dio luz y color a tantas de las obras maestras de Wong, la estética urbanita y nocturna de “Blossoms Shanghai” es marca de la casa, pero también, una absoluta y rotunda delicia visual. La serie se baña en colores saturados, contrastes marcados entre luces cálidas y frías, y el uso emocional del neón. La ciudad de Shangai se convierte en un personaje más. Los juegos de espejos, los reflejos de neón en los charcos, los interiores densos, casi teatrales, no hacen más que subrayar esa sensación onírica e incluso barroca tan propia del universo Wong Kar-Wai.
Pequeño apunte sobre la música. El tema principal —piano minimalista, cuerdas tensas, aire casi barroco— suena inquietantemente familiar. Porque es igual (por no decir que es el mismo) al tema de apertura de la exitosa serie “Succession” de HBO, compuesta por Nicholas Britell, de no ser la misma, hay una clara conexión estilística: por ese equilibrio entre elegancia y tensión, la mezcla entre lo clásico y lo contemporáneo, o el tono emocional ambiguo que casa perfectamente con ambas series.
En el reparto, no hay rostros conocidos, al menos en Occidente, son todos interpretes chinos o hongkoneses, los cuales tienen una solida trayectoria en sus países de procedencia. Protagoniza Hu Ge, con una interpretación contenida y elegante, pero sobre todo, destacan los personajes femeninos, como Ma Yili o Xin Zhilei, sobre todo esta ultima, con un magnético personaje bastante atractivo, y misterioso. En líneas generales, son personajes llenos de ambigüedad moral. Donde nadie es del todo culpable ni del todo inocente.
Es comprensible que “Blossoms Shanghai” esté pasando tan desapercibida, sobre todo fuera de Asia. Quizá se deba a su plataforma de distribución, a su idioma original, o, simplemente, a que exige demasiado para el espectador medio: al fin y al cabo, esto es una cinefilada hongkonesa, con sello de autor, muy alejada de las americanadas teenager de guiones vacíos y consumo rápido, que son las que dominan el streaming global. Aun así, la serie está disponible doblada al castellano —con un doblaje más que decente—, lo que la hace algo más accesible.
Más allá de esos condicionantes, estamos ante una obra fascinante, con una narrativa sólida, personajes profundamente construidos y una inmensa belleza visual.
Wong Kar-Wai hace su cine de siempre, pero… en la pequeña pantalla. Y “Blossoms Shanghai”, su primer proyecto televisivo, es una delicia, y la prueba definitiva de que su cine, incluso dividido en episodios, sigue siendo pura poesía en movimiento.





