MEMORIA Y CINE

Película sobre la dictadura lleva a millones de brasileños al cine

“Ainda estou aqui”, de Walter Salles, coloca la dictadura militar en el debate en un momento crucial para la democracia de Brasil.

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Gabriela Máximo | @gab2301 | 

En las últimas tres semanas, más de dos millones de brasileños fueron al cine para ver un único largometraje: “Ainda estou aquí” (Todavia estoy aquí), del premiado director Walter Salles. El film recupera la memoria de la dictadura militar (1964-1985) al retratar el drama de una familia marcada por la desaparición del marido y el padre en los sótanos de la represión. Y se volvió asunto del momento en las redes sociales, las mesas del bar, en las playas y en la prensa del país. El pasado volvió a la orden del día en las pantallas y tambien en la vida real. Esto porque, al mismo tiempo que el filme llegó a las salas de cine, los brasileños tomaron conocimiento de un plan golpista tramado en el 2022 por el entorno del expresidente Jair Bolsonaro para impedir la toma de posesión del presidente Luiz Inácio Lula da Silva e implantar un régimen de excepción. Por poco no ocurrió un nuevo golpe cívico-militar.

De nada sirvió la campaña para boicotear la película que llevó a cabo la extrema derecha bolsonarista en las redes sociales

Con las salas repletas, las personas se levantan y aplauden cuado termina la película y aparecen los títulos de crédito, muchas de ellas con lágrimas en los ojos. Algunos espectadores hacen referencia a Bolsonaro y sus seguidores radicales con gritos de “Sin amnistía a los golpistas”. De nada sirvió la campaña para boicotear la película que llevó a cabo la extrema derecha bolsonarista en las redes sociales. El film de Walter Salles alcanzó el primer lugar en la recaudación, al frente de lanzamientos esperados, como los blockbusters “Wicked” y “Gladiator 2”, y puede representar a Brasil en el Oscar 2025.

“Ainda estou aqui” cuenta la historia de la familia del exdiputado Rubens Paiva, que fue secuestrado, torturado y muerto por agentes de la dictadura en enero de 1971, en Río de Janeiro. Durante décadas, los militares negaron su responsabilidad por esta muerte. Alegaban que Paiva huyó con ayuda de “elementos terroristas”, al ser llevado para declarar. La dictadura militar terminó en 1985. El cuerpo de Paiva nunca fue encontrado y ningún agente de la dictadura fue castigado. Solamente en 1996 -25 años después de su muerte y 11 después de la redemocratización- su nombre fue incluido en la lista de desaparecidos políticos y la familia recibió el certificado de defunción.

En Brasil, la vuelta de la democracia no resultó en el castigo a los violadores de los derechos humanos, al contrario de lo que sucedió en Argentina y, en menor escala, en Chile, que consiguió llevar a torturadores y asesinos a la cárcel a pesar de las “amarras” dejadas por la dictadura pinochetista. Los militares brasileños se valieron de la Ley de Amnistía que ellos mismos impusieron en 1979 y hasta hoy los crímenes permanecen impunes.

Por presión de los militares, Brasil hasta hoy no consiguió siquiera construir un museo de los derechos humanos

Una Comisión Nacional de la Verdad funcionó entre 2011 y 2013, pero sin consecuencias para los culpables. Por presión de los militares, Brasil hasta hoy no consiguió siquiera construir un museo de los derechos humanos, como los existentes en los países vecinos. Políticos de extrema derecha, como Bolsonaro, se aprovechan del desconocimiento de las nuevas generaciones para exaltar al régimen militar y defender sus métodos. Brasil fue perdiendo la memoria de la dictadura. 

El plan del golpe de 2022 llevó a militares a la cárcel

En noviembre último, el Supremo Tribunal Federal mandó detener a cuatro militares del Ejército y un policía militar, investigados por su participación en un plan de golpe de Estado en 2022. Las prisiones se decretaron después de que la Policía Federal concluyó una minuciosa investigación de varios meses sobre el caso y acusó a Bolsonaro y otras 36 personas, de las cuales 25 son militares. Las prisiones y las imputaciones quebraron un largo historial de absoluta impunidad de crímenes cometidos por los militares.

“Ainda estou aqui” puso en debate a la dictadura. Datos de Google muestran que en noviembre, cuando se estrenó la película, el número de búsquedas sobre el tema creció un 60% en relación al mes anterior. También hubo un importante aumento en las pesquisas relacionadas con la dictadura. La pregunta “¿Qué es la dictadura militar?”, por ejemplo, registró un aumento del 510 % según el sitio especializado “Omelete”. Un reportaje del diario “Folha de São Paulo” muestra que la película inspiró a jóvenes a subir a Tik Tok historias de padres y abuelos torturados durante la dictadura, con millones de visualizaciones.

La muerte de Rubens Paiva y la lucha de Eunice por justicia

Paiva era diputado federal cuando los militares dieron el golpe, el 1º de abril de 1964. Fue despojado de sus derechos políticos después de hacer un discurso contra los golpistas

Paiva era diputado federal cuando los militares dieron el golpe, el 1º de abril de 1964. Fue despojado de sus derechos políticos después de hacer un discurso contra los golpistas. Se exilió en Europa, pero regresó pocos meses después a Brasil, donde volvió a trabajar como ingeniero, su profesión de origen. Aunque lejos de la política, Paiva mantenía contactos con la oposición al régimen. Nunca estuvo involucrado en la lucha armada, solo ayudaba como podía a los perseguidos políticos. Fue preso después de que los militares interceptaran cartas enviadas a él por exiliados brasileños en Chile.

La película sigue la lucha de su mujer, Eunice, para probar el asesinado de su marido bajo la tortura. Cuando Rubens Paiva fue llevado de la confortable casa en que vivía con su familia frente al mar, en el barrio carioca de Leblon, Eunice quedó sola con cinco hijos, entre 11 y 18 años. Al día siguiente del secuestro de su marido, ella también fue detenida, junto con su hija Eliana, de 15 años. Eunice quedó encarcelada por 12 días, siendo interrogada sobre las actividades de Paiva. La hija adolescente también fue interrogada y llegó a pasar una noche en una unidad militar, separada de la madre, antes de ser liberada.

Hasta aquel trágico 20 de enero de 1971, cuando vio cómo hombres armados con metralletas llevaron a su marido, Eunice era un ama de casa de clase media alta, que se ocupaba de criar a sus hijos, cuidar de la casa y del marido. Con la vida devastada, se transformó. Interpretada en el film por la actriz Fernanda Torres, Eunice se convirtió en activista de derechos humanos y una de las principales voces en defensa de las víctimas de la dictadura. Y fue más allá: a los 41 años volvió a estudiar, se formó en Derecho y se convirtió en una referencia de los derechos de los pueblos indígenas. Eunice murió en 2018, a los 86 años, tras vivir por 14 años con Alzheimer.

Solamente en 2013, la Comisión Nacional de la Verdad creada durante el gobierno de Dilma Rousseff (2011-2016) reveló lo que sucedió con Rubens Paiva aquel verano de 1971. La pieza clave fue la declaración del coronel Raymundo Ronaldo Campos. El militar reveló la farsa montada por el Ejército para sostener que Paiva había sido rescatado por compañeros. Campos, que era capitán en aquella época, fue quien dirigía el automóvil que supuestamente había sido atacado por “terroristas”. Después de esconder la verdad durante 43 años, reveló que recibió órdenes de simular una emboscada. Junto con otros dos militares ametralló e incendió el coche que quedó abandonado en una zona poco habitada de la ciudad.  

A aquella altura, Paiva ya estaba muerto. El ex diputado (interpretado por el actor Selton Mello) fue llevado a las dependencias de una conocida unidad de tortura del Ejército y torturado hasta la muerte, al día siguiente de su detención. Cecilia de Barros Correia Viveiros de Castro, presa en la misma operación y llevada a la misma unidad militar, relató haber visto a Paiva muy golpeado, con manchas de sangre en la ropa y los ojos en blanco, todavía vivo. Cecilia era la persona que había llevado las cartas desde Chile, dirigidas al ex diputado.

La Comisión Nacional de la Verdad identificó al teniente del Ejército Antonio Fernando Hughes de Carvalho como responsable por las sesiones de tortura y muerte de Paiva

La Comisión Nacional de la Verdad identificó al teniente del Ejército Antonio Fernando Hughes de Carvalho como responsable por las sesiones de tortura y muerte de Paiva. Otros cinco militares fueron denunciados por el Ministerio Público Federal (la Fiscalía del Estado) por el asesinato y ocultación del cadáver. Ninguno fue castigado hasta hoy y solo dos están vivos. Cuando la Comision de la Verdad entregó su informe final sobre la muerte de Rubens Paiva, Eunice ya estaba con Alzheimer. Ella, que tanto luchó por la memoria del marido, perdió la lucidez antes de saber qué pasó con él.

“Ainda estou aqui” está basado en el libro homónimo del periodista Marcelo Rubens Paiva, el hijo más joven de Eunice y Rubens. En uno de los momentos más emocionanantes del libro, Marcelo narra el día en que el telediario contó la verdad sobre la muerte de su padre. Eunice, ya en estado avanzado de Alzheimer, pareció volver a la lucidez por un breve instante al ver el trágico relato sobre su marido en la televisión. Para sorpresa de todos, miró fijamente a la pantalla y dijo: “pobrecito, pobrecito…”, volviendo después a su mundo particular, como si no hubiese visto nada. La escena es revivida en la película de forma magistral por Fernanda Montenegro, madre de la protagonista Fernanda Torres y la mayor diva del cine y el teatro brasileños.

El National Board of Review, órgano oficial de los críticos de cine norteamericanos, incluyó “Ainda estou aquí” entre las cinco mejores producciones internacionales, no americanas. La película fue indicada por la Academia Brasileña de Cine para representar a Brasil en la disputa del Oscar 2025 en la categoría de mejor film internacional, pero ya tiene otros galardones importantes. Ganó el premio al mejor guión en el Festival de Venecia, con una larguísima ovación tras la proyección; el premio del público en el Festival de Vancouver; y fue reconocida como mejor ficción brasileña en la Muestra Internacional de Cine de São Paulo.