sábado. 02.03.2024

La vida, se encargó de colocar de manera precisa y minuciosa cada pieza en su lugar. El rompecabezas casi siempre estuvo completo, pero el arrollador paso del tiempo evocó una conjura que, volvió polvo cada formación que surgió de aquel viejo y hoy olvidado armazón de inquietudes.

De manera continúa estuvieron presentes las lagunas, hubo debate sobre si su existencia era necesaria o si, solo estaban para ocupar un espacio atemporal y totalmente vacío. Cuando surgía una inquietud de tal magnitud, se recurría al encéfalo, ya que era el único juez que dictaba con temible rigurosidad y hacía cumplir su veredicto a cabalidad, -hubiese sido por las buenas, por las malas o por las que se le antojara-. Después, llegaron otros tiempos más embravecidos y le dieron un giro radical a la historia; el encéfalo únicamente se dedicó a callar y obedecer sin replicar de ninguna manera.

Luego, un caballero se presentó con formalidad, vestía de buen gusto y sus primeras palabras fueron; solo vengo a quedarme un par de días. Los años pasaron y se enraizó en nuestro hogar, sus buenas intenciones jamás las vimos, por el contrario, trajo junto a su llegada, otro montón de tragedias y atrocidades. Todavía está con nosotros, aún haciéndose en la utopía de la vida, mientras nos sigue mortificando con su fúnebre presencia. Por cierto, el caballero dijo que se llamaba Alzheimer.

Todavía está con nosotros, aún haciéndose en la utopía de la vida, mientras nos sigue mortificando con su fúnebre presencia

En medio de todo lo que ya nos invadía, siempre tratamos de reencontrarnos, de cavilar, de jugar al ajedrez, practicar con fórmulas químicas y en otras ocasiones, de imaginar que éramos El Quijote de la Mancha, recorriendo con hidalguía, las escuelas y ciudades más lúgubres y polvorientas de nuestra flagelada HondurasEsto último nos daba nostalgia, ya que, ni teníamos el coraje del Quijote, ni mucho menos el valor de ir por los lugares más inhabitados de nuestro país.

La incomprendida, pero justa y necesaria taza con café, siempre nos acompañó, -decían - que la dopamina se elevaba y podría, de alguna manera, ayudarnos a mantener el rigor de la memoria -que de rigurosa le quedaba poco.- Fue entonces, para nosotros un hallazgo ingente; descubrir que ese néctar de los dioses, nos ayudaba a mantener el vaivén de las tempestades, pero no, el inevitable abismo que nos esperaba.

Una hermosa tarde de octubre, mientras el claxon de los vehículos sonaba de manera insolente, nosotros escuchábamos ángel para un final de Silvio Rodríguez. Ese día, tocó a nuestra puerta Parkinson, todavía no encuentro adjetivos para describirlo. Me basta decir que su presencia le dio un giro bastante radical a los planes que ya teníamos. No preguntó si se podía quedar, por el contrario, tiró sus maletas en el cuarto para huéspedes -y dijo- que ese lugar le parecía cálido y bonito para su estancia.

Me percaté de que en su mano izquierda, tenía la hoja de sus apuntes, hoja que estaba en blanco y en la que, no había anotado nada

El psiquiatra, un hombre de barba y lentes claroscuros, siempre nos escuchó de tal manera que nos sintiéramos cómodos al hablar sobre las preocupaciones y ambigüedades de la vida. Me percaté de que en su mano izquierda, tenía la hoja de sus apuntes, hoja que estaba en blanco y en la que, no había anotado nada, -quizá absorto por el relato que estaba escuchando.- Luego de un par de minutos se acercó, nos dio la mano, -y nos dijo- para todo esto solo tengo una explicación definitiva; eres esquizofrénico, además de que, esta historia y yo, somos producto de tu imaginación y estás en tu cuarto escuchando “Shine on your crazy diamonds de Pink Floyd”.


Escuelas y ciudades flageladas es un trabajo periodístico que caló con mucha fuerza en nuestra Honduras
- Ángel para un final de Silvio Rodríguez, era el tema favorito de mi mejor amigo, él es la primera persona de este ensayo. La depresión y la esquizofrenia se lo llevaron en el año de la pandemia.
- Shine on your crazy diamonds de Pink Floyd, es una representación que va más allá de la ira o el dolor, quizá sea la ternura o la imagen de alguna abominación terrible que aún ocultamos y que, nos espera en algún tormentoso lugar de lo ignoto…

Página en blanco: un ensayo sobre la memoria