lunes. 15.07.2024
MadamaButterfly 2

Necesitamos tu ayuda para seguir informando
Colabora con Nuevatribuna

 

Vicente I. Sánchez | @Snchez1Godotx

Aunque la ópera siempre ha tenido un aroma de glamour y solemnidad clásica, me resulta muy estimulante que se ofrezcan visiones que humanicen y simplifiquen a sus maravillosas protagonistas, ya sean heroínas o prostitutas. Por eso, nadie debería escandalizarse o extrañarse demasiado de que el director escénico Damiano Michieletto traslade la acción de Madama Butterfly hasta un colorido prostíbulo de una ciudad asiática sin determinar. Al fin y al cabo, siempre hemos tenido claro que Pinkerton, el emblemático protagonista de esta ópera de Puccini estrenada en 1904, estaba haciendo turismo sexual y que sus bonitas promesas (aunque fueran bellas arias) solo eran trucos para engatusar y acostarse con la ingenua Cio-Cio San. Una idea que, en cierta forma, ya estaba en el relato de John Luther Long que inspiraría años después una de las óperas más intensas y bellas que ha dado este género.

MadamaButterfly 1

Tras su última representación hace siete años, Madama Butterfly ha sido la obra elegida por el Teatro Real para cerrar una interesante temporada, en esta ocasión bajo la impactante puesta en escena de Damiano Michieletto y con la dirección musical de Nicola Luisotti y Luis Miguel Méndez. Nada más abrir el telón, veremos una especie de callejón siniestro y colorido atravesado por un enorme puente por el que no paran de transitar extraños personajes y algún que otro “chulo”. En el centro, domina una especie de casa de cristal en la que un montón de chicas asiáticas con vestidos extravagantes desfilan mientras otras descansan después de una dura jornada. Ya sea el Barrio Rojo de Bangkok o algún callejón oculto de Shanghái, la obra deja claro desde su inicio que sus personajes se moverán bajo el aroma de la prostitución y del tráfico de mujeres. Un ambiente muy interesante para la famosa historia de Madama Butterfly, que, recordemos brevemente, nos cuenta la historia de una ingenua geisha que renuncia a su familia y religión para casarse con un marino americano que no tardará en volver a su país, dejándola embarazada.

MadamaButterfly 4

Más allá de tramas y pasiones, lo cierto es que Madama Butterfly (la sexta de las diez grandes óperas de Puccini) es una de las obras más bellas y hermosas de la historia de la ópera y, sin duda, una de mis favoritas, lo cual no es poco decir para un autor que también compuso obras maestras como La Bohème, Tosca o Turandot. Es por ello que esta propuesta con la que cierra la temporada el Teatro Real ha contado en su estreno con actores de la talla de Saioa Hernández, en el papel de Cio-Cio San; Silvia Beltrami, en el papel de Suzuki; y Matthew Polenzani, como F.B. Pinkerton. Un reparto de nivel para 19 funciones que, además, contarán con cuatro repartos distintos y que se repartirán entre la batuta de Nicola Luisotti y Luis Miguel Méndez. Representaciones que se dedican a Victoria de los Ángeles (1923-2005), como broche al centenario del nacimiento de una de las cantantes que mejor interpretó a Cio-Cio San.

Madama Butterfly 3

Dejando su provocadora puesta en escena a un lado, incluso habiéndola ya visto varias veces en otras ocasiones, sigue siendo difícil describir las emociones que esta bella obra despierta, especialmente en su maravilloso primer acto con temas como “Dovunque al mondo” y la aparición mágica de Cio-Cio San con “Son giunte al sommo del pendio”, que es quizás la mejor introducción a un personaje en la historia de la ópera. El dúo “Vogliatemi bene”, interpretado maravillosamente bien por Matthew Polenzani y Saioa Hernández, tiene tal fuerza que simplemente es una música que noquea e impacta a cualquier espectador con un mínimo de sensibilidad.

El poder de la ópera de Puccini es que su música se impone sobre cualquier posible interpretación

Por eso, no es determinante que Cio-Cio San vista con una camiseta de Hello Kitty y unos pantalones con brillantitos, o que en lugar de llegar en barco, Pinkerton llegue en un coche blanco, ya que cuando suena "Un bel dì vedremo", cualquier escenografía y doble intención desaparecen frente a la fuerza de la música. Y este es el poder de la ópera de Puccini: su música se impone sobre cualquier posible interpretación.

El Teatro Real cierra temporada con una provocadora 'Madama Butterfly'