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sábado. 28.01.2023
HISTORIA DEL SINDICALISMO

Nicolás Redondo ante el XXX Congreso de la UGT

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@Montagut5 | El XXX Congreso de la UGT, celebrado en Madrid en el mes de abril de 1976, fue el primero que se pudo celebrar en España desde los tiempos de la República. En el mismo fue elegido Nicolás Redondo como secretario general.

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Este artículo versa sobre el discurso que pronunció en la apertura de un Congreso que tuvo como lema: “A la unidad sindical por la libertad”, muy significativo por la necesidad de conquistar las libertades perdidas durante tanto tiempo.

El discurso no podía dejar de aludir a la historia de la UGT, a sus esfuerzos en favor de la emancipación de la clase obrera y a su protagonismo en momentos clave, como las huelgas generales de 1910 y 1917 y, sobre todo, para defender las libertades ante la sublevación del 18 de julio, en la clandestinidad y ante la represión desencadenada durante toda la dictadura. Redondo resaltó mucho en esta parte del discurso que la UGT siempre mantuvo sus principios democráticos en sus estructuras internas, y que nunca cometió el “error de sacrificar el funcionamiento democrático” contenido en sus Estatutos, porque sin el cual la “UGT no sería la UGT”. En esta parte del discurso también aludió a la coordinación que siempre había existido históricamente con el Partido Socialista. Este sería, como bien sabemos, más adelante, uno de los asuntos más complejos, especialmente cuando los socialistas alcanzaron el poder en los ochenta, y más aún a finales de dicha década.

El XXX Congreso de la UGT fue el primero que se pudo celebrar en España desde los tiempos de la República

La segunda parte del discurso se centró en el contexto en el que se celebraba este histórico Congreso porque Redondo consideró que las circunstancias del momento tenían que tenerse muy presentes para elaborar las orientaciones que habían de guiar la acción próxima de la UGT.

Redondo consideraba que cada vez había más sectores significativos de la clase dominante que estaban apartándose del régimen político aún imperante porque parecían convencidos de que ya no servía, partiendo del reconocimiento de que se habían agotado las posibilidades que en el pasado les había ofrecido. Por eso estaban buscando fórmulas de recambio para mantener su posición privilegiada. Esta reflexión nos parece harto sugerente para entender una parte sustancial de la Transición.

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Redondo quería resaltar que la inviabilidad del régimen se debía también al esfuerzo del movimiento obrero en todo el país. Esta afirmación es importante porque entronca con las líneas actuales de investigación sobre la Transición, que valoran de una forma mucho más destacada que en el pasado el esfuerzo y la presión que desde la calle y los centros de trabajo se hizo para avanzar en el reconocimiento de las libertades. No podremos decir que esa presión fue determinante, pero sin ella, a buen seguro, no se hubiera avanzado de forma relativamente rápida en la restauración de la democracia, o ésta hubiera sido desvirtuada.

Por lo tanto, en vista de estas dos cuestiones, la UGT tenía que ser consciente de que debía encabezar la lucha de clases para acelerar el proceso de recuperación de las libertades. Ese proceso tenía que pasar por la ruptura democrática con el régimen en vigor. No se podía caer en la trampa de aceptar el papel que la burguesía española quisiera otorgar a los sindicatos en función de sus intereses. Se trataba, por el contrario, de jugar el papel que en cada momento correspondiera, en función del equilibrio de fuerzas que se pudiera ir imponiendo.

Cualquier tentativa para afrontar la crisis económica y social pasaba también por la ruptura, aunque en este caso con el aparato sindical vertical

Por otro lado, el Congreso no solamente se celebraba en un momento de crisis política, sino también económica y social, que condicionaba la primera. Era una crisis del capitalismo que la estaba pagando exclusivamente la clase trabajadora. Había cerca de un millón de parados en condiciones dramáticas agravadas por falta de atención social. La inflación llegaba a niveles no conocidos hasta el momento, repercutiendo en el poder adquisitivo de los trabajadores. Y todo ello agravado por la política económica llevada a cabo por el gobierno que sería contraria a los intereses obreros.

En consecuencia, cualquier tentativa para afrontar la crisis económica y social pasaba también por la ruptura, aunque en este caso con el aparato sindical vertical, con el consiguiente reconocimiento por parte del gobierno y la patronal de los derechos y funciones de las organizaciones obreras representativas, reconociendo la libertad sindical. Para conseguir esa ruptura y establecer el nuevo marco sindical se hacía necesaria la coordinación de los esfuerzos de todas las organizaciones obreras de clase. La unidad de acción sindical, para Redondo, era garantía de éxito. Pero no debía quedarse en conseguir esos objetivos marcados, sino que debía continuar una vez conquistada la libertad sindical, con el fin de la clase trabajadora pudiera avanzar y conseguir la unidad sindical, una de las metas de la UGT desde su fundación. En realidad, la unidad sindical nunca se consiguió, pero sí es cierto que la unidad de acción sindical, al menos entre las dos centrales sindicales, terminaría por ser un hecho.

Hemos trabajado con el número del 25 de abril de 1976 de El Socialista.

Imágenes tomadas del número 61 de El Socialista (25/04/1976)

 

Nicolás Redondo ante el XXX Congreso de la UGT