Aparece en una cripta toledana el testamento firmado por Buñuel, Dalí, Lorca y otros fundadores y fundadoras de la 'Orden Buñueliana de Toledo'
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Antonio de Quirós
Toledo, capital del arte, del misterio y la leyenda no deja de revelar secretos, de transmitir sus tesoros no solo materiales y artísticos, sino a menudo sapienciales, esotéricos, culturales. Así sucedió el pasado domingo en la sede del Círculo de Arte, en la desacralizada iglesia de San Vicente. Lo que iba a ser una reunión, eso sí un tanto especial, de miembros y amigos del Círculo, que iban a asistir a la apertura de una cripta sellada por razones de seguridad bajo la antigua capilla de Inquisidores, se convirtió en una fascinante aventura con un sorprendente hallazgo: nada menos que un testamento, datado en 1936, y firmado por Luis Buñuel y el resto de caballeros y damas fundadoras de la legendaria Orden surrealista de Toledo, haciendo transmisión de la misma, de su espíritu, actividades y fines, a las generaciones futuras, en un momento de emergencia de los totalitarismos y ante los aires bélicos de una guerra civil inminente y otra europea y mundial, a la vuelta de la esquina de la Historia.
En un ambiente distópico como el actual, en que las guerras regionales devienen globales, el conflicto entre control y libertad está a la orden del día y el mensaje liberador (creatividad, humor, arte, amistad, libertad en suma), que postulaba el grupo fundado y liderado (1923-1936) por el cineasta de Calanda, adquiere plena y renovada vigencia.
“En el año de 1936 nos hallamos los miembros de la Orden de Toledo en cripta ardiente bajo la que fuera Sacristía de inquisidores en la iglesia de esta ciudad donde escondemos nuestro tesoro… ”
El Círculo de Arte es un espacio de encuentro y difusión artística y cultural en el corazón de Toledo, que conjuga las últimas tendencias en artes plásticas, cine, poesía, teatro y música con el lujoso marco de una bella iglesia mudéjar. En una de sus capillas, la de Ovalle, pintó su última obra maestra El Greco y, dice la leyenda, que fue prácticamente recluido en ella mientras la ejecutaba por temor de los mecenas del encargo a que algún discípulo de su taller supliera la mágica mano del maestro, más toledano que cretense. Cuando el centenario de El Greco, la más innovadora de las propuestas partió precisamente del Círculo de Arte: una gran serpiente o dragón (jugando con la fonética draco-greco), que uniría lienzos y trabajos contemporáneos inspirados en El Greco en una línea imaginaria entre las iglesias de Santo Domingo el Antiguo (donde ejecutó sus primeros trabajos en Toledo) y la de San Vicente, sede del último. Es un sitio emblemático y vivo, que trasciende y revitaliza la solemnidad patrimonial, donde poder también tomar una copa o un refrigerio: un gran ejemplo de patrimonio vivo, que sabe actualizar el legado inmenso de un pasado excelso con el presente y abrirlo al futuro. Un festival europeo de cine social (FECISO), conciertos de pop y rock, teatro experimental y de humor, recitales, conferencias y, desde luego, exposiciones de arte revitalizan este espacio vivo, que ahora abre otra coordenada: la conexión con la Orden de Toledo, en vísperas además del 27, una generación a la que, sin duda, allanó el terreno.
Fernando Barredo, artista plástico, performer y profesor de Diseño, presidente del Círculo, decidió abrir la trampilla que sellaba el acceso a un antro subterráneo, una cripta, bajo una de las capillas del Círculo, precisamente aquella en que se sitúa el espacio para camerino de actores y grupos. Llevaba cerrada por motivos de salubridad y seguridad como 25 años. Para ello convocó a algunos socios y amigos. Puede que ya tuviera el pálpito, que intuyera que algo interesante estaba a punto de suceder y, desde luego, quiso compartirlo. Recomendó ropa vieja y calzado adecuado. Y marcó las coordenadas: San Vicente, domingo de Resurrección, 12 horas.
Uno de los convocados fue Antonio Lázaro, escritor afincado en Toledo y colaborador de Nuevatribuna.es. Autor de tres novelas localizadas en Toledo (Club Lovecraft, Memorias de un hombre de palo y la más reciente, Vuelve Cthulhu), ha investigado la gran vinculación entre Toledo y las vanguardias, en el marco de lo que él da en llamar “el imán literario de Toledo”. Él asistió a este descenso a la cripta de San Vicente y nos traslada sus impresiones de lo que no duda en llamar “una emocionante experiencia”.
Tras la apertura de la trampilla, que costó lo suyo, se mantuvo un buen rato abierta la oquedad, de manera que se ventilase algo el hedor de décadas y siglos que emanaba el subterráneo. Una avanzadilla se internó bien provista de linternas. Una estrecha rampa abocaba a un espacio más amplio frente a cuatro nichos. La rampa permitía la bajada deslizándose, pero solo era remontable gateando. Eran una docena de personas, más el equipo de grabación (otras dos), de manera que algunas tendrían que quedarse en la parte superior, pues no cabían todas frente a los nichos.
Estos, en ladrillo rojo, estaban abiertos y vacíos de cajas o cuerpos, y eran de una antigüedad de difícil precisión pero todo señalaba cuatro siglos o tres, como poco. La oscuridad, el polvo y las húmedas emanaciones creaban un ambiente onírico e irreal. Nuestro cronista tuvo que quedarse en la parte de arriba. Los saledizos irregulares de la cueva y las siluetas de los compañeros y compañeras de aventura le recortaban la visibilidad. De repente, advirtió una como emanación luminiscente que surgía de la zona superior de los nichos: dos formas vagamente antropomórficas. Y reinó entonces un silencio de estupefacción y de sorpresa. Le llegaron fragmentos de frases: le han dado un pergamino a Fernando, traían esas dos botellas, una mujer y un hombre, quiénes o qué eran… Un escalofrío recorrió a todo el grupo expedicionario. Y el impulso inmediato de salir cuanto antes de aquel antro.
Casi sin palabras, poseídos de una extraña sensación, se fueron ayudando a salir unos a otros. Con sumo cuidado depositaron sobre la poyata del camerino dos botellas, polvorientas y cubiertas de telarañas: una de un oscuro líquido ambarino y la otra, uno transparente que, de inicio, pensaron que sería aguardiente. Sentado en esa misma poyata y rodeado de los expectantes compañeros, Fernando Barredo desenrrolló el papel, literalmente alucinado con lo que aparecía ante su vista. Solo leyó el arranque: TESTAMENTO DE LA ORDEN DE TOLEDO. Y al margen, las firmas de Luis Buñuel, de Ernestina González, de Lorca, de Dalí, de Alberti, de Moreno Villa, etc.
- Sacudíos el polvo y refrescaros la cara en el lavabo. Esto es muy fuerte. Hay que examinarlo con calma y a fondo…
Fernando era el capitán de aquel navío y ellos, la leal tripulación. Así lo hicieron, a un tiempo alegres y confusos.
Ya en torno a una mesa, Fernando Barredo leyó algunos fragmentos:
“En el año de 1936 nos hallamos los miembros de la Orden de Toledo en cripta ardiente bajo la que fuera Sacristía de inquisidores en la iglesia de esta ciudad donde escondemos nuestro tesoro… El aire de este tiempo se enrarece, se oyen botas en las plazas, discursos inflamados y se olvida que la risa es más poderosa que el miedo… Puede que tengamos que abandonar nuestro país, arrojados a los caminos del exilio como estrellas en la mar… Nosotros, caballeros de la imaginación, conspiradores del sueño y caminantes nocturnos de Toledo, dejamos escrito este testamento de la Orden.”
Proseguía destacando la transmisión de la Orden a “los nuevos caballeros (y damas) que descubran este testamento deberán reconstruirla y nombrar escuderos entre quienes aún sepan mirar la realidad con ojos indisciplinados y mantener encendida la llama de la insurrección poética. Solo desde la cultura se vence al totalitarismo”.
El documento se cierra recordando los principios fundamentales de la Orden: amor a Toledo sobre todas las ciudades, deriva nocturna urbana (ser capaces de errar por el laberinto toledano durante al menos una noche completa) y hacer una aportación significativa al arte y a la cultura desde la ciudad.
Entre el desconcierto y el entusiasmo, todos los presentes aceptaron el reto y quedó así constituida la resucitada Orden de Toledo:
- Condestable: Loc (Fernando Barredo), artista multidisciplinar.
- Secretario: PacoPepe Martínez, director teatral y actor.
- DAMAS:
- Maica Sastre, actriz, performer, maquilladora.
- Rosa Hortelano, pintora y grabadora.
- Sara Álvarez, graduada en Bellas Artes.
- Paqui Hernández, actriz y performer.
- Teresa Ayuso, pintora y profesora de Dibujo.
- CABALLEROS:
- Antonio Lázaro, investigador literario y escritor.
- Frank Castel, pintor.
- Javier Perea, director de cine y promotor cultural.
- Mel Chavarría, poeta y coordinador de poesía del Círculo de Arte.
- Víctor Varas, bajista de rock y performer.
Descorchadas las polvorientas botellas, brindaron con el dorado vino de Yepes (bebida casi litúrgica de la Orden de Toledo) y comprobaron que era agua, y no aguardiente, el líquido de la segunda botella: verdadera agua de vida.
En homenaje al “anáglifo”, el género poético inventado por la Orden, Antonio Lázaro aportó uno de su cosecha, que recuerda al Greco, el día del hallazgo (domingo) y a la gallina, el animal que debe aparecer en todo anáglifo que se precie:
Domenico, domenico,
Teotocopuli, domenico…
¿Y la gallina?
La gallina canta y abre el pico.