lunes. 24.06.2024

Abu-l-Qaimibn Said, llamado Said al-Andalusi.

Nació en Almería en el año 1029.
Aprendió a leer en su ciudad natal.
Estudió derecho y las tradiciones islámicas.
Siguió cursos en la madrasa de Córdoba.
Recibió formación en materias de: lógica, literatura, derecho, teología, matemáticas y astronomía con los más afamados maestros de su época en diferentes taifas 

Con 17 años, se asentó en Toledo en el año 1046.

Amaba la Historia.
Amaba la Ciencia.
Amaba la Historia de la Ciencia.
Estudió la Ciencia Antigua y la Medieval.
Estudió la ciencia en al-Andalus.
Como científico se orientó a la Astronomía y las Matemáticas.

Los ocho pueblos que cultivaron la ciencia en la antigüedad eran los indios, persas, caldeos, griegos, romanos, egipcios, árabes orientales, andalusíes, y hebreos

Said al-Andalusí, hombre.

Ibn al-Said, era un sabio. 
Un hombre prestigioso y acomodado.
Amaba la ciencia y a los que a ella se dedicaban.
Trataba con ellos.
Compartía con ellos lo que poseía
Les ofrecía de lo que tenía.
Los sustentaba y les daba estipendios.

Said al-Andalusí, jurista.

Ejerció el cargo de cadí de Tulaytulla
Gozó de gran fama. 
Es citado como el “cadí Said”
Fue conocido como “al-Andalusi”, el andalusí.
Como “al-Qurtubi”, el cordobés. 
Como “al-Tulaytuli”, el toledano.

Said al-andalusí, mecenas.

El apoyo del monarca Al-Mamún de la taifa de Tulaytulla, a la cultura, y el trabajo inteligente del juez Said en el patrocinio y coordinación de un notable grupo de sabios, supuso la creación de una escuela científica en la ciudad del Tagus.

Llegó el tiempo de los investigadores especializados, que surgieron hacia el año 1040, como el sabio Ibn al-Said y sus compañeros, dijo un judío toledano de la labor científica coordinada por Said.

Un grupo de doce hombres entre los que había judíos, que vivían en la ciudad de Tulaytulla, y en otras tierras de España, se entregaron a investigar la observación de las señales celestes y no desistieron hasta haber progresado en esa ciencia y esclarecido muchos de sus principios.

Apoyó a Abencenif en sus estudios sobre agricultura y farmacología y a Azarquiel en sus proyectos de astronomía de la península.

Se inició un trasvase de conocimiento del árabe al latín y más tarde del árabe al romance, que representaría un giro histórico en la cultura europea.

Said al-Andalusí reconoce el atraso inicial de los árabes y considera como factor de cambio el apoyo político de los abasíes, cuyos califas Al-Mansur y Al-Mamún buscaron en el imperio bizantino los libros de científicos y filósofos griegos para hacerlos traducir al árabe. Así fue como, después de siglos de olvido, volvieron a leerse las obras de Hipócrates, Galeno, Euclides, Ptolomeo, Platón y Aristóteles.

Said al andalusí, historiador de la ciencia.

Con 39 años, escribió Kitab Tabaqāt al-uman

En Kitab Tabaqāt al-umanLibro de las Categorías de las Naciones, estudia el desarrollo de la filosofía y de la ciencia en la antigüedad, dejando de lado y desentiendose de las “ciencias religiosas”. Utiliza el método de las “tabaqāt” o “generaciones” siguiendo un orden cronológico en su análisis de la producción científica de las “ciencias de los antiguos”.

Los ocho pueblos que cultivaron la ciencia en la antigüedad eran los indios, persas, caldeos, griegos, romanos, egipcios, árabes orientales, andalusíes, y hebreos.

Admiraba al pueblo indio, por ser la primera nación que cultivó la ciencia. Poseían un conocimiento perfecto de la aritmética, dominan el arte de la geometría y el resto de las ciencias matemáticas y eran los seres que más sabían del arte médico y de las propiedades de los medicamentos.

También a los caldeos por adquirir un profundo conocimiento en el estudio de los movimientos de los astros, y de los secretos celestes.

Pero el modelo de ciencia para el cadí toledano era la ciencia griega. Escribió que su lengua “Era la más rica y majestuosa de todas”. Admiraba a los griegos y Aristóteles representaba la culminación de la filosofía y es el más ilustre de sus científicos.

La fascinación por Said es compartida en el mundo islámico medieval y es solo comparable con la fascinación que los árabes sintieron hacia Alejandro Magno, conquistador, estratega y, sobre todo símbolo de la unión entre oriente y occidente.

Ibn al Said, el mecenas toledano