domingo. 26.05.2024

La influencia familiar en los hijos viene determinada fundamentalmente por el modelo educativo de los progenitores, definido como el conjunto de acciones desarrolladas por los progenitores hacia sus hijos en la vida cotidiana.

Diferentes investigaciones han señalado que unas prácticas de crianza con altos niveles de ansiedad o de exigencia daban lugar a un estilo educativo, que fomenta un anormal desarrollo, lo que se denomina “conducta insuficientemente controlada” (agresividad, hiperactividad…), y también los de tipo internalizante, afectando también a la esfera escolar en forma de problemas de convivencia.

Por tanto, los niños que crecen con padres con “estilo comportamental depresivo”, tienen un mayor riesgo de problemas mentales, emocionales y de comportamiento. 

Al identificar factores modificables que reducen el riesgo de depresión en los padres, los investigadores esperan desarrollar intervenciones que puedan prevenir la enfermedad mental tanto en padres como en niños.

Distintos autores señalan la relación existente entre los estilos parentales y distintos trastornos “internalizantes” en los niños, entre los que destacan la ansiedad y la depresión. Encontraron que en los progenitores que se caracterizaban por una baja disciplina y bajo afecto se percibía mayor depresión y ansiedad en sus hijos, siendo ambas variables muy relevantes para establecer contingencias educativas.

Acaba de publicarse un estudio, en esta área, con un enfoque diferente: la relación entre la crianza compartida y la depresión en los progenitores.

Una relación de crianza se centra en la colaboración entre los padres. Por lo general, cubre cuatro áreas: 1) acuerdo o desacuerdo sobre cómo criar al niño, 2) apoyo o socavamiento de las habilidades parentales del otro, 3) colaboración o no en torno a estándares familiares conjuntos y 4) división del trabajo de crianza de los hijos.

Tomados en conjunto, estos cuatro dominios de la relación de coparentalidad, se ve que influyen directamente en la crianza y en el ajuste emocional del niño, así como también influyen indirectamente en el ajuste emocional parental, según Feinberg. Teóricamente, este modelo ecológico de Feinberg de crianza compartida argumenta que la depresión puede manifestarse a partir de comportamientos negativos como el aislamiento de la familia, la exhibición de ira o las quejas persistentes.

Esto conduce a la incapacidad de los padres para resolver los problemas de crianza de los hijos, creando conflicto y angustia entre ambos. En este trabajo 429 padres de bebés, de hasta dos años en Suecia, fueron reclutados en Facebook. Se pidió a los participantes que completaran cuestionarios donde clasificaron los síntomas de depresión y la naturaleza de sus relaciones de crianza compartida. Los datos se recogieron en tres momentos temporales, cuando los niños tenían de edad un promedio de 8, 13 y 26 meses de edad. Alrededor del 20 por ciento de los padres informaron de algún síntoma de depresión en algún momento durante el estudio.

Según los hallazgos, dos tercios de los padres con relaciones de crianza compartida con puntuaciones excepcionalmente bajas en el delo ecológico de Feinberg durante el primer año después del nacimiento son propensos a tener síntomas de depresión cuando sus hijos recién nacidos se convierten en niños más mayores. Por el contrario, los padres con puntuaciones más altas de crianza compartida en este modelo tienen más probabilidades de tener menos síntomas de depresión.

Los investigadores también encontraron asociaciones entre la depresión en etapas más tempranas y peores relaciones de crianza compartida más adelante.

Se encontraron asociaciones bidireccionales entre la depresión y la mala crianza compartida, lo que significa que estos dos factores parecen influirse mutuamente en ambas direcciones. Sin embargo, el predictor más fuerte encontrado en este trabajo, para el desarrollo de la depresión fue una mala relación de crianza compartida en las primeras etapas de la infancia, en comparación con lo contrario.

En Suecia, los padres son examinados actualmente para detectar síntomas de depresión de tres a cinco meses después del nacimiento del bebé, mientras que las madres son examinadas cuando este tiene entre seis y ocho semanas de edad. Según los investigadores, una estrategia efectiva de prevención de la depresión podría ser realizar pruebas de detección y apoyo adicionales psicológicas, con respecto a la relación de crianza compartida.

Por último, compartir esta reflexión de Juvenal (67-127 d.c.), poeta satírico romano: “Confiar en todos es insensato; pero no confiar en nadie es una torpeza”.

La mala crianza compartida: su relación con depresión en los padres