domingo 26/9/21
EL MADRID DEL PRIMERO DE MAYO

Del Oratorio del Caballero de Gracia a Las Calatravas

'El Madrid del Primero de Mayo', de Francisco Javier López Martín, por entregas en Nuevatribuna.

 

 

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Real Oratorio del Caballero de Gracia.

(Capítulos 39 y 40)

39.- ORATORIO DEL CABALLERO DE GRACIA

Si hubierais podido recorrer ese alargado patio de operaciones, para salir por el otro extremo, podríais visitar el Oratorio del Caballero de Gracia, obra de finales del siglo XVIII (1786-1799), de nuestro ya conocido Juan de Villanueva, quien era en esos momentos Arquitecto Mayor de la Villa.

Pese a tratarse de una pequeña iglesia, el autor, en plena madurez, vuelca en la obra su dominio del estilo neoclásico. Pese a lo angosto del emplazamiento y su disposición oblicua con respecto a la calle estrecha, esta pequeña obra no desmerece otros trabajos monumentales de Villanueva.

El nombre del templo proviene del apodo con el que se conocía a Jacobo Gratij, curioso personaje nacido en Módena (Italia), en 1517, que bien pudiera haber inspirado la figura de Don Juan Tenorio de Zorrilla o la del Burlador de Sevilla de Tirso de Molina, hasta el momento en el que, siguiendo la leyenda, un lance amoroso, en el que no faltaron -como en las mejores representaciones teatrales de la época-, la dama bella y virtuosa, la doncella alcahueta, el bebedizo capaz de rendir la voluntad de la mujer y la voz celestial increpante, nuestro aventurero decide cambiar de vida. De él, hasta ese momento, se decía que “no hay mujer nacida, rica o pobre, hermosa o fea, que de Jacobo no sea adorada y perseguida”.

Familiar del futuro Papa Urbano VII, conoció a personajes como Lope de Vega o Tirso de Molina y gozó de la confianza de aristócratas de la madrileña Corte de los Austrias, que buscaban su consejo. Sus restos descansan, desde 1836, en este Oratorio, emplazamiento de su antigua casa, después de que la desamortización de Mendizábal afectara al convento donde fue enterrado. El Caballero de Gracia fue el fundador del Hospital de Agonizantes, que recogía de la calle a enfermos, vagabundos, mendigos, personas sin techo e incluso los cadáveres de los delincuentes ajusticiados.

En alguna otra ocasión, podréis recalar en este paraje para admirar, por ejemplo, la composición de la fachada exterior, compuesta por un pórtico adintelado con columnas jónicas, similar al concebido para la fachada Norte del Museo del Prado, a cuyos lados se abren dos hornacinas. Las columnas soportan un fino dintel, sobre el que se sitúa un relieve, por encima del cual se abre un amplio ventanal alargado que permite aportar luz a un interior necesariamente oscuro. El conjunto queda coronado por un frontón triangular, lo cual es poco habitual en Villanueva.

Teodoro Custodio Moreno, discípulo del arquitecto, culmina la construcción de la fachada en 1832 y modifica, con algunos elementos de estilo romántico, el diseño original, introduciendo el arco inferior del frontón, los motivos circulares de los laterales y el relieve que revive la Ultima Cena de Leonardo da Vinci y que es obra de José Tomás.

También merece la pena que, cuando tengáis ocasión, visitéis el interior, de difícil resolución debido a las características del solar. Se accede al templo, a través de  un pequeño atrio que modifica el eje marcado por la fachada y nos introduce en una nave basilical, dividida en tres por columnas corintias, dieciséis en total, curiosamente el mismo número de las que rodean el templete superior del Observatorio Astronómico. De nuevo, los números mágicos de inspiración masónica.

Pese a ser una nave basilical única, Villanueva decide levantar una cúpula ovalada sobre pechinas, con cuatro ventanas también ovaladas, que permiten una mayor luminosidad del interior. Con el mismo fin, y para iluminar los retablos laterales, la bóveda aparece horadada por ventanas.

En la decoración interior destaca el curioso retablo mayor, en el que la trinidad es representada por primera vez, después de muchos siglos, con forma de triángulo equilátero, en cuyo interior el nombre de Dios aparece escrito con caracteres hebreos.

El retablo está presidido por el Cristo de la Agonía que procede del Hospital de Agonizantes, obra de Juan Sánchez Barba, maestro de la escultura barroca. Los frescos y numerosos lienzos son de Zacarías González Velázquez y otras tantas esculturas o pinturas de discípulos de Salcillo, Goya o de diversos autores del siglo XVIII.

El Oratorio estuvo a punto de ser derruido cuando se abrió la Gran Vía, a principios del presente siglo. Las protestas suscitadas, obligaron a modificar el trazado y situarlo ligeramente más al Norte, con lo cual, en 1916, hubo que dotar de una fachada posterior al edificio, de lo cual se encargó Carlos Luque. Esta fachada a la Gran Vía fue reformada recientemente por Chueca Goitia. El Oratorio del Caballero de Gracia, declarado monumento nacional, es el ejemplo principal de arquitectura religiosa neoclásica que se conserva en Madrid.

Ya lo sé. Demasiadas iglesias llevamos vistas. Os estoy aburriendo, sin duda. Pero haríamos mal, nosotros, la clase trabajadora, si intentásemos vendarnos los ojos, borrar de un plumazo el poderoso influjo del fenómeno religioso en nuestra cultura, si intentásemos realizar este recorrido cerrando los ojos ante pequeñas joyas como este Caballero de Gracia, o como las Calatravas, junto a la cual pasamos de inmediato.

40.- LAS CALATRAVAS

las calatravas

Prometo que ésta es la última. La iglesia de la Concepción Real de Calatrava pertenecía al convento que dicha orden tenía en Madrid. La Orden de Calatrava es la más antigua de las ordenes militares españolas y fue fundada en 1158 para defender la ciudad de Calatrava (Ciudad Real). La rama femenina se crea en 1219.

Felipe IV autoriza, en 1623, que un grupo de religiosas se establezca en Madrid. Se instalan inicialmente en la zona de Santa Isabel y Atocha. En 1670 encargan las obras de construcción de un convento a Isidoro Martínez y Gregorio Garrote, quienes tienen que comprometerse a seguir el proyecto de Fray Lorenzo de San Nicolás, que ejerce como tasador de la obra, que culmina en 1676, constituyendo una de las mejores muestras del estilo barroco del siglo XVII. En 1870, el convento es abandonado y luego derribado, conservándose la iglesia, al parecer por intervención del General Prim.

La fachada da a la calle de Alcalá. Fue reformada en el siglo XIX (1886) por Juan Madrazo y Kurt, discípulo de Viollet-Le Duc, siguiendo un estilo neorrenacentista milanés con toques platerescos. Cruces de Calatrava y de otras órdenes adornan la fachada, que consta de dos puertas, decoradas con pinturas de Raimundo Madrazo. Las pinturas de la puerta que da al crucero de la iglesia, representan a Cristo entre San Benito y San Bernardo, en quienes se inspiran la regla y las constituciones de la Orden. Las de la puerta que da a la nave, representan a la Virgen con el Niño, rodeada de ángeles. En el segundo cuerpo de la fachada, se abre un rosetón con la cruz de Calatrava, flanqueado por estatuas de los fundadores.

Aunque no os detengáis hoy para recorrer el interior, no viene de más que sepáis que la planta de la iglesia es de cruz latina y consta de una nave central con bóveda de cañón y tres capillas a cada lado, cubiertas con bóvedas de arista. Sobre el crucero se eleva una cúpula con tambor de ocho lados, en el que se abren ventanas, y sobre el que se alza una linterna.

En el interior del templo, destacan el retablo mayor y los de las capillas del Evangelio y de la Epístola, realizados por José de Churriguera. El barroquismo tardío de Churriguera constituye casi por sí mismo un modelo de complejidad, profusión de elementos decorativos y relieves.

En la capilla de San Antonio de Padua se puede contemplar una talla de este santo, obra de Luis Salvador Carmona. A lo largo del templo se pueden encontrar numerosas esculturas y pinturas que abarcan desde el siglo XVIII al XX.

Si en el Oratorio del Caballero de Gracia, encontrábamos un ejemplo singular del Neoclasicismo aplicado a la construcción de una iglesia y en San José una muestra del barroco tardío, en las Calatravas nos topamos con una de las obras más importantes del barroco madrileño, el estilo que marcó las principales obras acometidas durante el periodo en el que la dinastía de los Austrias ocupó el trono.

Dejamos  la arquitectura religiosa, porque no hay más iglesias en el recorrido, aunque tendré que referirme de pasada a algunas que fueron desapareciendo y que jugaron un importante papel en la vida de Madrid.

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