martes. 05.03.2024

Torres-Remírez | @jostorresremrez

¿Qué hace que un libro sea bueno o malo? Son pequeños detalles que marcan una diferencia abismal. Eso tan inclasificable que llamamos “el estilo” conseguirá que los lectores se sientan cercanos a la obra o, todo lo contrario, que la rechacen. Si se debate sobre un libro de ficción, el estilo pasa a ser muy subjetivo, pero en el caso del ensayo, hay que tener en cuenta principalmente tres cosas: espíritu divulgativo, humildad ante la ignorancia y aperturas de hipótesis. 

El profesor e investigador Mark Coeckelberg nos acerca en su libro ‘La ética de los robots’ uno de los temas más interesantes ante los que me he encontrado, aunar la filosofía con los retos que nos depara la inteligencia artificial. Es cierto que este debate no es novedoso, ya que lleva en la propia mente del hombre desde siempre. Este debate no deja de ser una evolución de las diatribas de los griegos sobre si los esclavos eran o no personas. Si las mujeres eran individuos de pleno derecho o debían ser sometidos al hombre de la familia (padre o marido). Y otros tantos por el estilo. Ahora llegamos a las maquinas como indica el profesor Coeckelberg. Este profesor belga ha llevado las ideas hegelianas a un estadio que en ningún momento anteriormente se había planteado. Y no por falta de interés en este campo, sino por la propia frontera de que nunca nadie antes se había preguntado esto, porque no había llegado la tecnología tan lejos. Es cierto que el cine si había jugado con la propia concepción de qué nos hace humanos. Y muchos filósofos habían argüido sobre esta temática, pero no dejaba de ser filosofía ficcionada, ya que nunca íbamos a llegar tan lejos. Pero aquí estamos, ante las puertas de una revolución tecnológica que no deja de sorprendernos día a día. El año pasado fue el metaverso, este año es la inteligencia artificial. Incluso en los últimos días hemos encontrado el avance tecnológico de Elon Musk y el mal uso de la IA con respecto a Taylor Swift.

Mark Coeckelberg  en la ‘La ética de los robots’ trata de aunar la filosofía con los retos que nos depara la inteligencia artificial

A su vez, la valentía del autor va acompañada de un listado inmenso de lecturas y de referencias que sustentan cada uno de sus pasos. Porque, aunque él esté abriendo un camino, su ruta viene marcada por las ideas que anteriores filósofos, ingenieros y pensadores han tenido antes que él. Puede que nadie subiera las cotas a donde ha subido el profesor belga, pero le han señalado dónde estaban las montañas que debía explorar. 

Ahora bien, aunque el ensayo sea novedoso y las lecturas en las que se sustenta sean de primer orden, hay que evaluar este trabajo de manera neutral. 

¿Tiene espíritu divulgativo este libro? La propia estructura del texto, la fabricación de las frases y la reiteración de las ideas recuerdan más a un texto académico que a un ensayo divulgativo. Esto provoca que aquellos que no estamos introducidos en el campo de la ética o de la ética de la tecnología nos veamos expulsados. Claro que entrar a un ensayo tiene un coste de entrada superior al de una novela, pero hay autores que buscan que dicho coste sea menor. Por ello amoldan su estilo y lo transforman para que sea más cercano y menos académico. En este caso, Coeckelber, no hace el esfuerzo. 

Este libro no es un ensayo divulgativo, sino más bien un libro de referencia para académicos y filósofos

¿Es humilde ante la ignorancia? Nadie puede saber de todo. Incluso los que están especializados en un campo, no pueden actualizarse diariamente. Por ello, en los ensayos, cada nueva puerta que se abre debe ser explicada, aunque sea con una mínima nota a pie de página. Los historiadores hacen muy bien esto pues cada nuevo nombre que aparece se ve rápidamente citado. En el libro, las teorías tangenciales, las secundarias e incluso alguna terminología muy específica las da por sabidas. Si alguien, desconoce cualquier aspecto debe detenerse en la lectura para poder buscar información sobre ello, sino, nos encontramos perdidos en un mar de palabras sin sentido. En otras palabras, si no tienes el conocimiento sobre la materia que no tiene el autor, este no te considera digno de ser un lector. 

¿Permite la apertura de hipótesis? La obra deja de ser en cierto aspecto del autor en el momento en que se comparte. De ahí nace el carácter universal del arte. Amputar esa parte de la obra es transformarla en dogma de fe. En filosofía no hay teorías, hay hipótesis. No puede haber teorías pues no son contrastables con el método científico. Por ello, un ensayo, que no sea un texto científico, debe permitir que haya hipótesis. Que sea el lector quien confirme lo que el autor dice, o, por el contrario, lo rebata. Aquí el propio Coeckelber habla de sus ideas como si fueran teorías irrefutables. 

Quizás he sido un mal lector del libro, que pudiere ser. Lo que tengo claro es que no soy el público al que aspiraba Coeckelber. Este libro no es un ensayo divulgativo, sino más bien un libro de referencia para académicos y filósofos. Un libro para tener en la biblioteca y citarlo en algún artículo académico. Por lo que, no quiero evitar que vayan a comprarlo, ni que no lo lean, sino que tengan presente qué es lo que se van a encontrar entre sus páginas.

 

Una visión muy particular de la ética y los robots