martes. 27.02.2024

Torres-Remírez | @jostorresremrez

El demonio es el terror por antonomasia. Nada ni nadie puede con él. Piénselo. La misión vital del demonio es hacer sufrir a las almas que caen en el infierno durante toda la eternidad. Él sabe todo lo que tememos. Desde los ascos minios, como las arañas o las serpientes, hasta los más profundos y que encerramos dentro y no dejamos escapar. Eso es el demonio. Pero… ¿Qué ocurriría si ese ser maligno, o algunos de sus secuaces, se pasearan entre nosotros? 

Desde la llegada en 1973 de “El exorcista” a las carteleras, las películas sobre temática demoníaca han seguido las reglas marcadas por esta obra maestra, por lo que cuesta ver una película que asombre con respecto a la estructura narrativa. A su vez, el cine de terror es un cine infravalorado. Una película de género será vilipendiada por la crítica exceptuando si escoge la vertiente del terror elevado, al estilo de A24. Todo esto la sabe Bishal Dutta, director y guionista de “Vive Dentro”, y lo usa a su favor. 

Lo primero que hay que destacar de “Vive Dentro” es que es una película que los amantes del género disfrutarán. Y los adolescentes, que son los que mantienen vivas las salas de cine, también saldrán de la película con buen sabor. Esto ocurre porque la película está estructurada según los patrones clásicos del género. No se hace esto por vagancia, sino por homenajear al cine de terror. En “Vive Dentro” estamos viendo “Poltergeist” (1982), pero también “El exorcista” (1973) y ante todo “La profecía” (1976). 

“Vive Dentro” es una película que los amantes del género de terror disfrutarán

El argumento no es muy diferente a otras películas. Una adolescente se aleja de su amiga de toda la vida para poder encajar en ese mundo tan duro como es el instituto. Mientras tanto también se aleja de su familia anclada en lo tradicional. Sin darse cuenta de que todo se va a desmoronar. Su amiga desaparece y a ella empieza a tener la sensación de que alguien o algo la acecha. Está y no a la vez. A este mal deberá hacer frente sin saber qué es y con quién puede contar. La nota novedosa de la película es que en este caso la protagonista es la hija de una familia de inmigrantes hindúes y el mal parece provenir del folklore indio. 

No parece haber nada novedoso en este argumento, quitando la procedencia, pero hay algo más importante: respeto. El respeto por el buen hacer de grandes profesionales es lo que se respira en todo momento. En cada escena hay soluciones muy buenas que llevan en la historia del cine desde sus comienzos. Dos luces pequeñas a una distancia adecuada, no son dos bombillas, son la mirada feroz del demonio. Que las actrices miren fuera de plano y tengan el miedo más visceral pintado en la cara es un truco que hemos visto anteriormente, pero sigue funcionando. Todo esto acompañado de una banda sonora que eriza la piel y te prepara para saltar de la butaca. La película busca poner al espectador los pelos de punta. Y lo consigue. Existen soluciones más novedosas y menos artesanales, pero el demonio es un miedo primario, y la película no quiere grandes artificios para mostrártelo. Quiere lo cotidiano. Busca elementos comunes para que el miedo sea aún más real. 

Por último, en el tercio final de la película, el director da otra vuelta de tuerca al género y sigue con los homenajes, pero esta vez se va al cine de monstruos ¿Cómo mostrar al demonio y que sea aterrador? Durante toda la película se ha intuido, pero al volverlo corpóreo Bishal Dutta opta por una solución arriesgada, transformar al demonio en un hombre como un disfraz. No lo esconde. Lo que retrotrae a los clásicos de la ciencia ficción al estilo de “La mujer y el monstruo” (1954), “El ataque de los cangrejos gigantes” (1957) o nuestro admirado Paul Naschy. Y aquí, quizás es donde los espectadores más jóvenes salgan un poco de la película, ya que el terror de los últimos veinte años, se ha alejado de esta solución y ha realizado todo a través del ordenador. Aunque, bienvenida sea la apuesta de Dutta. Esperemos que le salga bien. 

Sin lugar a dudas es una película como hace mucho que no se veía. Un ejercicio de clasicismo en lo narrativo y de respeto por los antecedentes

Con respecto al mensaje implícito en la película se podría hablar largo y tendido. Los largometrajes de miedo muchas veces tienen un trasfondo más interesante que muchos dramas intimistas o películas existencialistas. Y de entre todas las cintas de terror, las que abrazan el genero suelen tener un mensaje más profundo que aquellas que van de “elevadas”. “Vive dentro” tiene una solución muy clara con respecto al demonio: no se puede vencer solo. Conclusión que ya se ha llegado en otras películas sobre este ser maligno. Para vencer se necesitan dos cosas: fe y familia. Quien no cree en Dios no puede creer en el demonio, pero la existencia del demonio prueba que hay un Dios. Por lo tanto, para luchar contra él se deben usar la herramienta que se lleva usando siempre, la fe. En “El Exorcista” eran dos curas quienes iban contra Pazuzu. En “El día de la Bestia” Álex Angulo necesitaba de todo su conocimiento teológico para ir contra el hijo del demonio. No existe otra arma que creer. No en una religión o en otra, sino en Dios. La segunda herramienta que se necesita para vencer al demonio es la familia. Las figuras paternas como protectores y guías de los hijos. En este caso también le acompaña la profesora como estereotipo del sabio que aporta información para que el héroe (heroína en este caso) pueda enfrentarse en mejores condiciones al villano. Todo en esta película descansa sobre estos dos pilares: fe y familia.

Sin lugar a dudas es una película como hace mucho que no se veía. Un ejercicio de clasicismo en lo narrativo y de respeto por los antecedentes. 

 

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