Manifiesto Poético, acerca del antaño
Necesitamos tu ayuda para seguir informando
Colabora con Nuevatribuna
Dos libros de su antaño se publican para desvelar cimientos de su escritura, de las formas casi naturalistas hasta su abstracción materialista. Sí, es evidente que son modos -conceptos- de entender la génesis de lo que hizo, la realidad contingente de lo que hace –como él diría, la desrealización de los efectos del poder semántico en manos de desalmados, seguidos por una numerosa caterva del mundo literario, tan afectado como cualquier otro nido de ególatras por la narcisización de un inconsciente colonizado–.
Pero no estoy redactando estas ideas para hacer teoría política, por mucho que él comparta conmigo una mirada sobre el mundo y una misma pulsión transformadora; por mucho que sea necesario dar la batalla en todos los pequeños escenarios de la vida.
Valga este manifiesto sobre la (su) poesía para ello, esta develación de lo anterior, este intento de mostrar la claridad…
Analizando la obra de Alejandro Tarantino y exponiendo su carácter combativo, de filosofía y estilo, y su ánimo revolucionario en las trincheras íntimas de una civilización que ha condenado al mundo clásico –él nos diría que ese mundo ha llegado secretamente hasta nuestros días, y que Pascal Quignard sería uno dei sui condonttieri– y a sus lectores silentes al más que doloroso ostracismo de los algoritmos –pensados por los que carecen de conciencia–.
Como en todo, esto está abierto al debate, al diálogo, y todo lo que diré sufrirá la metamorfosis que la lectura de sus libros provoque. Poco importa esa diferencia, unos denostarán y otros degustarán. Queda el coraje de una apuesta literaria, ajena a los cenáculos por su voluntad, ofrecida al decurso histórico de la cultura. Él siempre dice, permítanme la paráfrasis, que: solo se puede ser fiel a la voz en la literatura, y que quizá esa voz, perdida en la contemporaneidad, no sea escuchada –leída– por sus coetáneos, que quizá pertenezca a otro tiempo o a ninguno; o que lo que quiere es desaparecer en lo que escribe, y que esa desaparición sea atesorada por los que aman, a él, a otros, la vida misma…
Melancolía y Espejos rotos de una mujer encierran una clerecía del Eros, la expresión de un acólito del hedonismo lunar del amor. Hace profesión de arrobo y fascinación por lo amado, y así inevitablemente por lo perdido, por los duelos imposibles que se encauzan en una desposesión del sufrir del cuerpo inconsciente, que lo fue por la omnipotencia que lo sometía. La omnipotencia hace sufrir. De ese sufrimiento solo los deprimidos corren peligro. Leerle alivia en algo la fealdad de lo que nos rodea. Hay en él una ternura ganada al conquistar la fragilidad. La poesía conquista la fuerza, la somete al bien, propio y común… no uno sin otro.
En Melancolía, Tarantino recorre sus primeros pasos fuera de la casa del padre, donde todo se volvió lenguaje; así comenzó la distancia con lo sagrado, si lo sagrado es lo inefable de la muerte, por mucho que los narrantes –los libros que comenzaron a ser refugio y alimento del coraje, aunque también de la rabia y la profunda tristeza– tejiesen tesuras sémicas que lo mantuviesen en el vínculo con la vida, temiendo la lejanía y el monstruo de la trascendencia que nacía… ¿Qué otro fantasma tienen nuestros conflictos sino esa falta de lo que somos en lo que es? ¿Qué otra cura sino una poética de lo salvaje? [i]. Perdimos la infancia, antaño la perdimos y ese súbito despertar no nos dejó regresar al sueño [ii]. Nos empujó al reino de lo visible, a su hipnotismo, que fue cegando el deseo que en la otra orilla, en lo invisible, pugnaba por hacer de lo latente un reino de rebelión.
Espejos rotos de una mujer es un texto para quien nunca quiso leerlo, para quien quiso no leer el deseo de no desear el deseo del otro, de no ser dicho por la ausencia del otro, de saber del no poder decir-se otro de sí. Es la escritura sobre un amor descubriéndose en la falta. Es un poemario erotológico: palabras sobre el placer. Decía Aristóteles que un único placer permanece en el tiempo: el conocimiento. Este poemario es un conocer sobre el amor en la geografía del cuerpo del otro. ¿Quién no anhela ser tocado, estremecido, por la palabra, como si la voz fuese el viento de la orografía de su cuerpo? No en vano Casanova decía en sus memorias que seducía con el decir sobre lo que el placer cubría… Escribe Alejandro en el epílogo del libro:
«No quiero comprender océanos sin litorales, puertas sin pomo, aves sin vuelo, no quiero el absurdo elevado a metáfora; sino entrar al lugar que sé que no existe entre los océanos y los litorales, entre pomos y puertas, aves y vuelos, lugar y abismo de las palabras. Quiero lo que ha sido roto, separado, la luz que aísla aún más en las islas orientales los cuerpos, la extrema huella del adiós que ya no alcanza la boca, su almagesto, donde el oriente es perder y amar lo amado y perdido, adentrarse en la geografía de la oscuridad que sigue a la luz por las acacias solitarias de los desiertos, persiguiendo sombras».
Rota la imagen, en sus pedazos, fragmentada queda la pasión por el otro. Son pezzi di un altrocada poema, reconstruyendo una imagen para siempre imposible. De ahí las imágenes que con los poemas hibridan, obras plásticas sobre páginas –fragmentos– del libro La mujer rota de Simone de Beauvoir. Hay una edad, una soledad y un amor que permanecen constantes a pesar de que nada se colma, ni una edad, ni una soledad, ni un amor.
El antaño sería el fondo de una poética de la emancipación. ¿Qué al leer estos dos libros nos emancipa de la tiranía de lo nuevo, del progreso, del futuro, de una literatura efectista, del mal? Yo diría que el amor. Es el amor lo que atraviesa esta escritura antaña, y una tenue sombra de las muchas de la muerte. Tarantino no cree que el espíritu lo capte solo el oprimido, que se escriba desde el dolor, no hay rastro del Romanticismo –teoría que construye la patria de la identidad, una nación excluyente de voces ante lo infinito, de ególatras prepotentes, de sujetos ensimismados en su goce; y no de inconscientes que luchan en una comunidad de deseantes, donde cupo desde antaño el ocaso de las victimas: deseamos y después buscamos [v. Safo]–. Hablar de una poética de la búsqueda es reconocer la voz como un eco concatenado del primer grito. Para Tarantino: «Ya no solo somos lo que otros hicieron de nosotros, sino sobre todo lo que deshicimos de nosotros mismos: ¡ser es deshacer!» [iii].
Manifestamos que:
- La poesía es una hueste contra el sentido, contra la normalización patológica de la sociedad; el cuerpo poético fascina por su silencio. Atrás queda la melancolía y la ley que nos aterra. La poesía lleva al lector a lo inédito. La poesía es coital, es coire –ir juntos, reunirse–, nos une para ir al desconcierto.
- La poesía, nos dice Quignard, es la totalidad de las almas del mundo [iv]; la totalidad del mundo es la realidad, la realidad es todas las almas y todas las almas es la voz viva; la voz es el mundo, la voz es totalidad; si el mundo es totalidad, la voz es la realidad del mundo; sin mundo no hay voz, sin voz no hay poesía, sin mundo no hay poesía –ella es su negación–; la desintegración del mundo lleva a la nada, la nada entra en lo real: la poesía es la nada entrando en lo real, es la nada de lo real; porque el mundo es lo real, un cadáver en la orilla de la quietud, la poesía es el lenguaje de la muerte, un himno a la nada: es la exacerbación de lo real, su último sacrificio, su último canto en el límite de las almas; la poesía es el lenguaje del silencio de la totalidad de las almas y la última mirada [los poetas son fragmentos de esa totalidad que guarderà l’infinito o il nulla].
- En la poética de Tarantino las palabras y las cosas se pierden en los desechos de lo normativo, en los márgenes, periferias y arrabales del discurso contemporáneo que tanto se esparce en la falacia y la impostura ética; cosas y palabras sórdidas, porque como nos dice él: su silencio es una sombra que las palabras derramaron sobre las cosas, y nosotros lo diferido de esa sombra.
- Lo que ha de resonar es, son, los vínculos concretos de difícil universalidad, pero que nos centran en el temblor de la tierra cuando la belleza es amenazada. Resonar es necesitar la poesía, su regreso a la alegría del vínculo, su íntima y expansiva revolución hasta alcanzar la estructura de gracia del vínculo epistemológico. Este vínculo origina la existencia de un sujeto político desde un inconsciente productor de sistemas sociales que se sostienen en expresiones micropolíticas [v] que luchan contra la psicosis capitalista: el inconsciente es la potencia revolucionaria de la clase obrera.
- La poesía debe gritar la ausencia de sentido, ir contra los demagogos de la positividad, de la razón instrumental que nos llevo a un progreso suicida y a la performance continua del Totalitarismo. Año 2024. Las guerras existen, lejos de la teodicea de Leibniz, cerca de nosotros, en el corazón de nuestra cultura, que la poesía debe derrocar para mirar a los ojos del mal. Esos ojos que miran al mal vendrán con la máscara ática del vitalismo de Nietzsche. O tendremos que confiar que los poetas sean aquellos que convoquen a las Erinias, para que sus lágrimas de sangre empapen la nueva epojé de la alegría. Los poetas, los músicos, la poesía y la música, no pueden sucumbir a la técnica –a las cenizas que lega– como forma de cultura.
- Es el amor quien libra las batallas dentro del simbolismo [v. Stéphane Mallarmé], y es el simbolismo quien contempla las ruinas y las cenizas del amor romántico. Somos animales simbólicos, serlo es el estigma de nuestra expulsión, la lengua su articulación y la antinomia de nuestra salida: no sin ella, no con ella. De ahí la ruptura de la poesía, la quiebra que produce en el paralogismo de la existencia. Admitámoslo, no hay, no había sentido…
- La poesía es lo que sucede soto voce en el lenguaje, es lo que sucede en lo profundo de la lengua, nunca en las formas de los signos evidentes, no es un istmo, es la alargada sombra del antes, lo que sucede durante, es la expresión oral del aoristo que las palabras rozan. La poesía es el sonido que no ha cesado desde el origen, que está en el origen, la poesía no tiene tiempo, es todo modo en que fue tomada. De la poesía siglodorista hasta lo que dimos en llamar Modernidad, en nuestro tiempo, la poesía ha ganado sus silencios frente a la ruidosa realidad, los ha reunido en el cónclave de los orígenes de las palabras para conjurarlos como una hueste, y ya que se ha de vivir, al menos que sea una lucha heroica contra la banalidad, contra la inanidad del ser, contra su levedad.
- La poesía ora ante las tumbas del pasado. No habrá un mundo nuevo, el lenguaje no es nuevo; simplemente se pierde a sí mismo en la repetición inútil de lo nuevo, tan post-ilustrado…
- Pensar y amar hacen poesía.
- El espanto emerge del asombro que aún es voz ágrafa. Lo intenso espanta. El amor es intenso. El amor espanta. Es un simple silogismo que articula la soledad del amor, su falta de reciprocidad y su singularidad de homeomería aristotélica no engendrable. El amor es el sexto elemento… La poesía su singularidad.
- La naturaleza del amor es la vida secreta [vi] de la lengua y la música. No todo lo que al lenguaje llega es lengua; hay en la lengua algo que no adviene ni es adventicio, algo que el logos jamás pudo articular ni convertir en imagen, y de cuya consciencia preservamos, eidéticamente, símbolos que pertenecen a la audacia lingüística, al mal –la necesidad, la falta y su angustia, el temor a la pérdida, pero también su tenencia y su avaricia, es el daño de un mal ajeno a lo humano: el amor ha de ser volátil, de una eterna fugacidad; o será la expresión de la voluntad de muerte–. La poesía es la lengua que no llega.
- El amor no pertenece a mundo o lengua alguna, es del cuerpo su némesis… No puede ser la exhumación que destruiría el claustro plenipotenciario de la fuerza –incluso la violencia, y que nos impele a vivir–, por ser expuesta al aire y la claridad; no, el amor no corrompe el significante traído a la lengua que le sucede; es la libación de esa fuerza hasta agotarla, haciendo sonar el origen, su violencia creadora hasta su final, que no es sino la repetición del alba –ese momento en que las imágenes más intensas e inextensas huyen de la claridad de las cosas hacia la noche–. La poesía penetra en la misma oscuridad, es la noche intensa a quien le sucede la palabra.
- Lo que vemos del amor son auroras, australes y boreales, luces de gálibo cuando se rompe la noche y el día no llega, y la lengua no basta: el amor no entiende de nada, pero habla la lengua común de los secretos; y el secreto es el silencio. La poesía busca el silencio y por ello es nómada [huye de la castración normativa de sociedades reaccionarias].
- Una teoría sobre el amor debería tener como principio una ontología de la potencia en las rupturas de la subjetividad, o del propio sujeto cuando todo el inconsciente se rebela contra la colonización del régimen colonial-capitalístico [vii]. La vida que no nos pertenece es metamorfosis, el amor que no nos pertenece es la prolongación ad infinitum de la vida que quiere ser vivida. La poesía es el Eros rebelado.
- El amor combate, si es necesario con su fondo sádico [viii], porque el que ama no cobija dentro de sí desiertos [v. Nietzsche: Así habló Zarathustra. 1883]. La poesía es el oasis de la ternura rodeada de furia.
- Es la invención del amor lo que nos cuesta la mirada y después la vida de los poetas, y solo en el conticinio nada rasga el negro del inconsciente, aunque sea rasgada la noche. Hay tanta soledad en ese otro que la noche no pudo y el alba arranca de nuestra alma… La poesía es el veneno de la muerte en las horas eternas.
- Querer vivir, eso es el amor: La vida secreta del espanto, el cómo regresar a lo intenso: amar y pensar [ix], para abandonar el nihilismo y abrazar la potencia de la nada [x] dirigida a los afectos. Querer vivir, eso es la poesía.
«[…] nihil est super mi
< vocis in ore, >
lingua sed torpet, tenuis sub artus
flamma demanat, sonitu suopte
tintinant aures, gemina teguntur
lumina nocte». [xi]
- El amor soporta la mirada vacía del pasado, y toma su desafío. Por ello el amor se expresa en la poética. Qué otra cosa sino tú es la poesía…
- ¡Oh, alta noche del amor! Llévame a una mañana absoluta…
APOSTILLA
Poesía: Algoritmo en llamas
por
Alejandro Tarantino Aréchega
La poesía es una Bastilla en llamas, nos diría Quignard, el único lugar de la tierra donde el lenguaje aún dice algo real para los desilusionados y combativos en contra de la abstracción social. La poesía es carne y sangre, emoción revolucionaria que arranca de las manos de los usurpadores, mercaderes de los valores de la pulsión ética, nuestro destino de libre deseo.
Hoy debemos poner al Algoritmo en llamas: redactar una nueva descripción de la cultura y de la política, un nuevo topos semántico de aquello que nos hace ser lo que somos y no por lo que somos, restituir al cosmos nuestras almas, que no exista nada que no pueda ser tenido en las manos; porque el mundo real está en otra parte, la vida real está en otra parte.
¡Ardan sobre las aguas todos los nombres y los sujetos que los pronuncian! ¿Qué hay de real? ¿Cuántos refugiados huyeron a la moderna caverna platónica? Solo confío en los poetas especulares, en sus imágenes golpeando como un martillo nietzscheano los signos del agua y el fuego, metáforas estroboscópicas que nos llenan de paradojas y aporías –¿qué no es ya del orden alógico de lo racional?–, que nos darán una quietud irracional, una tensión que en la tensión se consume –¿no era para Freud el motivo: alcanzar el estado de nirvana semejante a la ataraxia ática, reducir a cenizas el conflicto, recoger como humus las cenizas de la escucha?–. Este sueño es el continuum de la realidad entre la libertad y el deseo, su sine die, pero no infinito.
Necesitamos una onto-topología, una onto-topografía, un inconsciente descolonizado, más allá de la tercera herida narcisista, una estrategia precisa para la invasión de la metáfora en toda orografía humana, en todo nuestro lecho ecológico, y en toda continuidad algebraica hasta imaginar los límites o lo inmensurable.
[i] Y nacía su vocación filosófica. ¿Acaso no tenemos que restaurar el vínculo con la Naturaleza y la Vida? ¿No es la sororidad feminista una forma que nos sirva para desarrollar una ética ecológica? ¿No podría ser el Psicoanálisis la solución al problema de fundamentación de un discurso que enfrentase y acotase los retos de la tecnología como instrumento que ha entronizado la explotación del hombre por el hombre? –trasvasamos, en las noches siderales, a lo social la predación del hambre, y hoy el neoliberalismo capitalista es la forma más abyecta de la primera pérdida del vínculo–. ¡Qué peligroso no silenciar la nostalgia! Hay tanto que no hemos vivido y a lo que no merece la pena volver…
[ii] Pascal Quignard: Las nieves de antaño. 1994, p. 41: «Todo se volvió consciente. Todo se volvió distante. Todo se volvió lenguaje. Todo se volvió memoria».
[iii] Alejandro Tarantino Aréchega: En conversación con Quignard. Inédito. 2024.
[iv] Pascal Quignard: Pequeños tratados II. Tomo VI. Tratado XXXII. Liré. 1981, p. 124: «La desposesión es amada. La poesía había sido la captura, en la red de la lengua, de la totalidad de las almas del mundo. […] En la desintegración del totum del mundo surge la rem. Aflora la “nada” [rien] en lo “real”. El lenguaje conoce entonces la orilla, es decir, la muerte en la que su ola cesa. Es la lengua de tierra donde el agua, sin cesar, vuelve y se retira. Es el himno […]».
[v] Félix Guattari y Suely Rolnik: Micropolíticas. Cartografías del deseo. Tinta Limón y Traficantes de Sueños, 2013.
[vi] Pascal Quignard: Vida secreta. 1997, p. 8-9: «Solo amamos una vez. Y no somos conscientes de la única vez que amamos, porque la estamos descubriendo. […] // Pasar de la pasión al amor es una ordalía. // Es una peligrosa travesía, porque la elección a la que nos expone es radical: ora azarosa, ora mortal».
[vii] Suely Rolnik: Esferas de la insurrección. Apuntes para descolonizar el inconsciente. 2018. Tinta Limón, 2019.
[viii] Pascal Quignard: El sexo y el espanto. 1994, pp. 86-87: «El comportamiento agresivo y el comportamiento amoroso nunca han estado del todo disociados. La seducción es la conducta del espanto ritualizada con énfasis. // Nunca se ve con suficiente claridad cuál es el fondo sádico de la ternura».
[ix] Santiago López Petit: Amar y pensar. Bellaterra Edicions. 2000.
[x] Santiago López Petit: Hijos de la noche. Bellaterra edicions. 2014, p. 151: «[…] si no puedo distinguir entre una nada creativa y una nada negativa (momento ahistórico) y si la realdad me aplasta siempre aunque de distintas maneras (momento histórico), ¿hacia dónde debe apuntar mi fuerza de dolor?»
[xi] Cayo Valerio Catulo: Carmina 51. Miguel Dolç: Catulo. Poesías. Ediciones Alma Mater. 1963, p. [43].
[«(…) se me apaga <la voz en la boca> / se me paraliza la lengua, un fuego sutil corre por mis miembros, me zumban con un sonido interior los oídos y una doble noche se extiende sobre mis ojos»].