lunes. 24.06.2024
Foto: Asociación Memoria Historica de Cartagena

Ensayo | CARLOS FORTEA

Empecé la lectura de La leyenda negra de Largo Caballero, obra del veterano sindicalista e historiador del sindicalismo Juan Moreno, con una cierta desconfianza. Se debía esa desconfianza a que casi las treinta primeras páginas eran un indignado alegato contra la forma en que los actuales dirigentes del ayuntamiento de Madrid han tratado la memoria histórica del presidente Largo Caballero, figura capital en las dos décadas de los veinte y treinta del siglo pasado en nuestro país. Por muy justificado que estuviera -desde el punto de vista del que esto escribe, lo está sin ningún género de dudas-, hacía temer al osado lector uno de esos libros de reivindicación apologética que a veces aterrizan en las mesas de novedades en busca únicamente del ya convencido. Uno de esos libros en los que las buenas intenciones ahogan la verdad intrínseca del mensaje.

Pero no era así. No era así y lo advierto para que el lector sepa que, cuando rebase la página treinta, se abrirá ante sus ojos un escenario desconocido, interesantísimo y revelador, del que podrá sacar muchas y relevantes conclusiones acerca de la historia de este territorio político inhóspito y de su presente. 

La parte final del libro es tremenda: la tragedia del exilio incrementada por la de la persecución, que llevó a un presidente del Gobierno de España a un campo de concentración nazi

Juan Moreno acumula dos grandes méritos en estas páginas: el del conocimiento y el del esfuerzo ecuánime. De la mano de sus muchos conocimientos, nos lleva de la mano por la convulsa historia de la monarquía de Alfonso XIII, la II República e incluso los primeros años del exilio franquista abriendo muchas puertas que estaban cerradas y alumbrando pasajes oscuros, no por desconocidos, sino porque en muchas ocasiones se ha preferido hablar poco de ellos. 

Por otra parte, y dado que este libro es una biografía, se arroja luz sobre la compleja personalidad de un personaje altísimamente controvertido: el protagonista de estas líneas. 

Foto: Asociación Memoria Historica de Cartagena

De Largo Caballero se ha dicho de todo: sus partidarios más fervorosos lo han querido convertir en el único icono de la lucha obrera y en el único que tenía razón en la línea política que había que seguir en momentos críticos de la posguerra. Se ha empleado su nombre como ariete para descalificar a otros -con tristísimo éxito, por cierto: el “largocaballerismo sin Largo” ocultó durante décadas el valor histórico de la figura de Juan Negrín, cosa que el propio Largo seguramente nunca habría hecho-, se le ha hecho sujeto, mediante citas descontextualizadas, tanto de elogios como de reproches que ni él ni los otros profirieron de la manera en que nos han llegado. 

De sus adversarios más vale no hablar: no se le ha ahorrado ningún adjetivo, especialmente cuando sus adversarios eran al mismo tiempo los de la democracia y los de la memoria. 

El libro de Juan Moreno nos descubre a lo que todos somos: un ser humano lleno de contradicciones, insuficiencias y perplejidades. Un hombre rígido, como lo fueron muchos los de su tiempo, al que sus hijos querían y cuidaban porque siempre se preocupó por ellos, en unos tiempos en los que esto implicaba una dificultad tremenda. Un político de firmes convicciones, entre las que no solo estaban sus ideas de clase sino una idea de España. 

Pero también descubre a lo que no todos somos: Uno de esos hombres y mujeres del XX que se dejaron la piel y la vida en algo que ahora suena casi ininteligible: lo colectivo. 

El recorrido por su trayectoria, y la imbricación de esta con la historia de España que contribuyó a escribir, son naturalmente uno de los puntos de atención de este libro, pero aún lo es más ese momento en que Moreno explica, pero en modo alguno justifica, lo que fueron los grandes fallos de Largo en su vida política: la decisión de colaborar con la dictadura de Primo de Rivera y la de implicarse en la revolución de 1934. 

Moreno no se anda con paños calientes: analiza la política seguida por cada partido y por cada fracción interna en aquellos momentos críticos, y explica las razones y los motivos de cada quién, pero no se lanza a las parrafadas defensivas habituales en estos ámbitos. Y al hacerlo elige una opción correcta, porque la política de aquellos años, como la de estos, no estuvo en manos de estatuas de piedra, sino de personas de carne y hueso que cometían errores. Que, en muchas ocasiones, cometían errores y luego no aceptaban haberlos cometido. Cuando es así, Moreno nos lo cuenta, y también cuando no. Pero no deja de hacer hincapié, y esto también es justo, en que a Caballero se le atribuyen cosas que ni siquiera estaba a su alcance hacer, singularmente durante los apenas ocho meses en que fue jefe del Gobierno. 

La parte final del libro es tremenda: la tragedia del exilio incrementada por la de la persecución, que llevó a un presidente del Gobierno de España a un campo de concentración nazi, del que resulta milagroso el hecho de que lograra salir con vida superando de largo los setenta años como los superaba. 

Perseguido por sus ideas durante su juventud y madurez, perseguido por Franco en su vejez y por la ultraderecha después de su muerte y hasta hoy, Largo Caballero sale de estas páginas como un hombre que hizo lo que le dictaron sus convicciones y que fue el primero en pagar sus propios errores. El juicio final corresponde a cada ciudadano y a la Historia.


Juan Moreno: La leyenda negra de Largo Caballero | Córdoba (Almuzara), 2022, 360 páginas | COMPRA ONLINE


Carlos Fortea2
CARLOS FORTEA 
Profesor universitario, escritor y traductor

 

La memoria ecuánime | "La leyenda negra de Largo Caballero", de Juan Moreno