ENTREVISTA CON EL ESCRITOR JOSÉ VILA DEL CASTILLO

José Vila del Castillo: "Lo personal y lo colectivo no son ámbitos separados"

José Vila del Castillo.
José Vila del Castillo presenta su novela Polifónica, una obra ambiciosa que indaga en las heridas de una familia y en sucesos colectivos que marcaron el siglo XX.

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José Luis Vegas |

Poeta, ensayista y novelista, el autor que protagoniza esta entrevista se presenta de esta manera: “Nací en Madrid un jueves de junio de 1960. Soy español, sí, pero casi toda mi vida adulta transcurrió lejos de España. Viví en México, Costa Rica, Panamá y Kenya, y he recorrido más de cincuenta países: desde la meseta de Asmara, herida por guerras interminables, hasta las calles barrocas de Antigua; desde los campos de caña de Mauricio hasta las alturas del Perú andino donde reposan las piedras de Ollantaytambo”.

Propio de un hombre del renacimiento, Vila del Castillo presenta a consideración de los lectores su novela “Polifónica”, una obra ambiciosa que indaga en las heridas de una familia y en sucesos colectivos que marcaron el siglo XX, como la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial. Luis Alberto de Cuenca creyó en el poeta que en sus inicios era José Vila del Castillo, hoy nos entrega una obra que representa un descenso a los infiernos de un mundo íntimo y general.


José Luis Vegas | ¿Cómo definirías el argumento de “Polifónica”?

Respuesta: - Polifónica es una reflexión sobre la responsabilidad personal en el devenir histórico. La novela parte de una convicción esencial: la historia no se impone desde fuera; la construimos nosotros con nuestras decisiones, nuestros silencios y nuestras renuncias.

Polifónica es una interrogación sobre la conciencia frente al peso del tiempo que a cada uno de nosotros nos toca vivir

José Vila del Castillo | Los personajes habitan esa tensión entre lo íntimo y lo colectivo. Una violencia familiar, una cobardía, un gesto moralmente dudoso: todo ello reverbera en un tiempo marcado por la Guerra Civil, la posguerra, la Segunda Guerra Mundial y el expolio cultural europeo. El título procede de una metáfora que estructura todo el libro: toda biblioteca es un concierto coral: cada libro es una voz; cada voz, una melodía; y el conjunto es la música de la historia humana. Ninguna vida se entiende aislada: somos parte de un coro que nos precede, nos condiciona y, a veces, nos obliga a mirarnos con una sinceridad que no siempre deseamos. Además, Polifónica es la primera parte de una trilogía que se completará con La hoguera de los libros —ya en proceso de edición— y Las cenizas de los cobardes, actualmente en fase final de escritura. Y quiero subrayar algo: Polifónica no es una novela tibia ni escrita para lecturas cómodas. No es ideológica. Es un espejo de una realidad violenta y de la capacidad humana para sobrevivir a ella, incluso cuando la historia y la intimidad parecen conspirar en su contra.

Polifónica es, en última instancia, una interrogación sobre la conciencia frente al peso del tiempo que a cada uno de nosotros nos toca vivir.

Eres poeta y ensayista. ¿Todo lo anterior fue una suma para llegar a esta novela?

La poesía me dio el oficio de escribidor. Me enseñó a dominar el lenguaje, a mirar cada palabra como un símbolo y a trabajar la frase con la precisión con la que un matemático construye una demostración. La lengua tiene una exactitud propia: el devenir del tiempo en las formas verbales, el adjetivo justo, la imagen que sostiene un significado profundo, la belleza de una musicalidad que no es decorativa, sino estructural. El ensayo me dio lo que la poesía no puede ofrecer: el rigor. La disciplina de la documentación, la verificación de los hechos, la responsabilidad de no escribir nada que no pueda sostenerse frente a la historia real.

En Polifónica, ambas tradiciones se encuentran. La poesía aporta el ritmo, la mirada simbólica y la atención a la belleza. El ensayo aporta la estructura moral y la obligación de ser exacto. Sin esa doble formación, esta novela no existiría.

¿Cómo nació la idea de unir la historia de una familia con episodios como el expolio cultural, la Guerra Civil y la Segunda Guerra Mundial?

La novela nació de una pregunta esencial: ¿hasta qué punto los dramas privados reproducen, a otra escala, los dramas de un país?

La novela nació de una pregunta esencial: ¿hasta qué punto los dramas privados reproducen, a otra escala, los dramas de un país? La violencia íntima, el miedo heredado, la culpa, el silencio… todo ello pertenece a la misma raíz moral que permitió las devastaciones del siglo XX. Cuando comprendí que lo personal y lo colectivo no eran ámbitos separados, sino dos expresiones de una misma fractura ética, la estructura de Polifónica se volvió inevitable. No se trata de reunir temas diversos, sino de mostrar que todo está conectado cuando la conciencia se resquebraja.

¿Esta familia es meramente ficción?

La familia es ficción, pero la verdad que la atraviesa es histórica. La novela se apoya en archivos, documentos, testimonios y hechos reales: el expolio cultural, la destrucción de bibliotecas judías, la represión de la posguerra, las fracturas morales de una Europa devastada. La ficción permite iluminar aquello que los documentos no alcanzan: la vida interior de la culpa y de la responsabilidad.

¿Te gusta que se denomine a “Polifónica” como novela-ensayo?

No me gustan las etiquetas, porque no sirven para clasificar, sino para encorsetar. Las etiquetas no definen: discriminan, separan, reducen. Es cierto que Polifónica combina reflexión, análisis documental y estructura narrativa, y por eso algunos podrían tener la tentación de etiquetarla como una novela-ensayo. Pero esa categoría dice menos de lo que la novela es e intenta narrar y comprender.

Polifónica es una novela histórica, basada en hechos reales y en un trabajo riguroso de documentación

Para mí, Polifónica es una novela histórica, basada en hechos reales y en un trabajo riguroso de documentación. No tiene espíritu de ensayo, sino de reflexión narrativa: la trama está al servicio de una pregunta ética —¿cómo soporta la conciencia el peso de la historia? — y no de un discurso teórico. La literatura no necesita etiquetas: necesita la búsqueda de la verdad.

¿Conmocionar, entretener o ambas intenciones pueden ir de la mano?

La literatura es arte, reflexión y aprendizaje. Es observación, descripción y, en última instancia, una forma de conocimiento. Lo meramente entretenido, a secas, puede ser inane. Una novela no es buena porque emocione o distraiga unas horas; es buena cuando abre preguntas, cuando amplía la mirada, cuando ofrece nuevos caminos para comprender la realidad y los mundos que crea, que siempre son mundos inéditos. No escribí Polifónica para conmocionar ni para entretener, sino para pensar —y para invitar al lector a pensar conmigo—. Si surge emoción, será porque el lector reconoce algo en sí mismo, no porque la novela busque producir un efecto inmediato.

Es una novela sin concesiones: no está escrita para lecturas cómodas, ni para suavizar la dureza de la realidad que describe. Lo que propone es una mirada directa a un tiempo cruel y a la forma en que las personas intentan sobrevivir a él sin perder —si es posible— su dignidad.

¿Qué ha significado Luis Alberto de Cuenca en tu carrera literaria?

Luis Alberto de Cuenca fue la primera persona que creyó en mí como poeta. Corría el año 1998 cuando tuve la oportunidad de conocerlo. Le pedí que leyera algunos de mis poemas. Lo hizo, y le gustaron. A partir de ahí, todo cambió: me puso en contacto con Juan Pastor, de la editorial Devenir; escribió el prólogo de mi primer libro; y presentamos aquella obra juntos en la Fundación Cajamadrid. A Luis Alberto le debo algo esencial: el impulso que me permitió no haber dejado de escribir nunca. Y le estoy agradecido por ello.

¿Tienes referentes literarios?

Polifónica dialoga con escritores y pensadores que han reflexionado sobre la responsabilidad, la memoria y el mal

Más que referentes, tengo interlocutores. Polifónica dialoga con escritores y pensadores que han reflexionado sobre la responsabilidad, la memoria y el mal: Gabriel Marcel, Camus, Sebald, Primo Levi, Yourcenar, Ginzburg, Modiano, Borges y Vasili Grossman, cuya mirada moral sobre el siglo XX es imprescindible para entender la complejidad de la época. No los imito: converso con ellos. Cada uno ilumina una dimensión distinta del problema central de la novela —la responsabilidad personal frente a la historia que nos ha tocado vivir—.

¿Te interesa la novela actual?

Me interesa cuando está bien escrita y asume una ambición moral. Cuando piensa, cuando arriesga, cuando se pregunta qué significa vivir hoy con la herencia de un siglo devastado. Leo novela actual que se interroga y no simplifica. Lo demás, lo que no busca comprender, me interesa poco.