TRIBUNA CULTURAL

Un Fray Luis de León surcoreano

Byung-Chul Han, premio “Princesa de Asturias”
Byung-Chul Han lleva años sondeando y denunciando los males de esta sociedad insaciable de consumo.

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Que las Humanidades son intemporales; o mejor, por el contrario, que los problemas que se derivan de su presencia en cada sociedad, según el tiempo y el lugar, son complejísimos y de un calado casi insondable, sí que es algo bien temporal y muy discutible en cada caso. Habida cuenta de que la inteligencia siempre es cuestión de contexto, hace falta un filósofo de los que aparece uno cada muchos lustros para plantearse esos problemas y que además sea reconocido como tal por sus contemporáneos. Pues bien, ese es el caso de un “sujeto supuesto saber” quien, según parece, y quizá sin conocerlo, ha recalado en el espíritu de nuestro Siglo de Oro y le ha dado por mezclar dos grandes temas que inspiran e iluminan sendos poemas de nuestro Fray Luis de León. El primero es “Vida retirada”, ése que comienza: “¡Qué descansada vida / la del que huye del mundanal ruido, / y sigue la escondida/senda por donde han ido/los pocos sabios que en el mundo han sido!”. El otro es la “Oda a Francisco Salinas”, ése que también comienza: “El aire se serena / y viste de hermosura y luz no usada, / Salinas, cuando suena / la música extremada, / por vuestra sabia mano gobernada”. Ese “sujeto” acaba de recibir el premio “Princesa de Asturias”, es surcoreano-alemán, se llama Byung-Chul Han, y lleva años sondeando y denunciando los males de esta sociedad insaciable de consumo, como nadie. Por usar sus palabras, él llama “rebaños de consumo” a todas esas plagas de turistas que bajan de los cruceros y a esas otras que infestan las playas en verano. Ya lo hizo en La sociedad del cansancio, 2010, y La sociedad de la transparencia, en español 2013, Herder, y ambos libros llevan varias ediciones, aunque ahora nos interesa reflexionar sobre dos de sus últimas publicaciones, que son las que nos llevan al espíritu de Fray Luis, Vida contemplativa, 2023, y Sobre Dios, 2025, éste basado sobre todo en el pensamiento y la figura de Simone Weil, como veremos. Hay quien ya ha criticado al autor por escribir demasiado y, además, por no aportar soluciones. Bien, pues aquí están las respuestas. Otra cosa es cómo y cuántos las vayan a poner en práctica. Valga decir que él predica con el ejemplo, como hacía Anguita, pero en filosofía. Le repele el turismo, y más en masa, y alardea de que no ha caído tan bajo nunca ni caerá. En cuanto a la música, Chul Han no se enamoró de la música de Francisco Salinas, pero, primero, ha dicho que tiene que tocar el piano todos los días -si no cae enfermo- y también que estuvo más de dos años ensayando hasta que interpretó las Variaciones Goldberg aceptablemente, porque, como también él dijo, la razón por la que eligió Alemania para vivir no fue Heidegger sino J.S. Bach.

Y que nadie piense que el filósofo se apoya sólo en sus propias intuiciones y conclusiones, echa mano de múltiples pensadores de todo tiempo y latitud; a veces en exceso, como en varios capítulos del libro Vida contemplativa, del que ahora, precisamente, tomaremos dos citas La una de Michel Butor (1926-2010): “Desde hace 10 o 12 años ya no pasa casi nada en literatura. Hay un torrente de publicaciones, pero una parálisis espiritual. La causa de ello es una crisis de comunicación. Los nuevos medios provocan un ruido infernal, ese ruido destruye el silencio y le arrebata al lenguaje su capacidad contemplativa”. La otra es suya: “La inactividad y la suspensión de la economía son esenciales para la fiesta del Sabbat. El capitalismo, por el contrario, transforma incluso la fiesta en mercancía: eventos y espectáculos por doquier; carece del mínimo reposo contemplativo. 

En cuanto al otro libro, Sobre Dios, Chul Han comienza diciendo que la actual crisis de la religión no se debe sólo a que muchos contenidos de la fe hayan perdido su validez y que, por tanto, no creamos en Dios, sino que señala lo que él llama “el declive de la atención”, una crisis de la vista y del oído. Toma la expresión “atracón de series” como ejemplo de la voracidad con que consumimos todo, el torrente de estímulos -publicidad- y la adicción que eso nos crea. Aquí es donde retoma a Simone Weil, quien dejó bien claro que mirar y comer son acciones opuestas por el vértice, La crisis actual está ligada a que queramos comerlo todo, consumirlo todo, en lugar de mirarlo. Y esa es la clave: sólo el alma que ayuna puede mirar, contemplar”. Habla del alma que ayuna, que genera autofagia y, por el contrario, de la que consume de forma adictiva, que sólo genera “adiposis”. La religión, extirpada radicalmente de la sociedad de consumo, ha sido durante siglos eje y fundamento de nuestra educación y nuestra cultura. Recordemos aquí que ya Jesucristo echó fulminantemente a los mercaderes del templo. El hombre, todo hombre es una lucha entre el Bien y el Mal: todos tenemos envidias, celos, odios, y las religiones se idearon, ab ovo, para mejorarlo tomando como modelo el Ideal, Dios. Lo que nos perdemos al erradicar la religión de nuestra sociedad de consumidores ciegos es inconmensurable: desde la arquitectura, obras como las catedrales góticas; esculturas miles, casi toda la pintura, desde “El Cristo de Velázquez” a “Las tentaciones de San Antonio”, literatura, desde la Biblia misma o el que aparece en el título de este artículo, a San Juan de la Cruz: “¿Por qué te fuiste, Amado / y me dejaste con gemido”. Todo ello queda relegado a los museos, y además sólo como reclamo del “turisteo” general. No se puede prescindir de todo este bagaje monumental inocuamente, viene a decir Chul Han. Las consecuencias que de ello se derivan en el día a día de nuestra sociedad de economistas, futboleros y mercaderes le lleva a decir al filósofo que el ser humano ha caído de lleno en el mito de Prometeo y de ahí el cansancio, la depresión y las enfermedades psíquicas masivas. “Esto estallará, más pronto que tarde”, llega a pronosticar rotundamente Chul Han. Sí, pero ¿cuándo? A final de mes tenemos las compañías de seguros, los Bancos, el IPC y como recreo “El derbi del siglo”. Nada que se parezca ni remotamente a la “Vida retirada”. Amén.