TEATRO

GRRRL: un rugido escénico contra el machismo cotidiano

La obra escrita por Sara García Pereda y codirigida por ella y Xus de la Cruz puede disfrutarse en el Centro Dramático Nacional hasta el 2 de marzo.

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Vicente I. Sánchez | @Snchez1Godotx

En el maravilloso libro Ciudad de mujeres, de la escritora Elizabeth Gilbert, una de sus protagonistas dice, cito textualmente: “En la vida de una mujer, llega un momento en que se cansa de sentirse culpable todo el rato. Y, a partir de ese momento, es libre de convertirse en quien de verdad es”. Esta cita ha resonado en mi mente varias veces mientras veía GRRRL, la obra escrita por Sara García Pereda y codirigida por ella y Xus de la Cruz. Y es que esta propuesta, que puede disfrutarse en el Centro Dramático Nacional hasta el 2 de marzo, supone, por encima de todo, una bofetada de realidad sobre las pequeñas y grandes dificultades que enfrentan las mujeres en su día a día.

Soy consciente de lo paradójico que resulta que esta sencilla crítica la escriba un hombre, cuando la obra señala precisamente esos gestos, actitudes y comportamientos –conscientes o inconscientes– que algunos hombres perpetúan contra las mujeres, contribuyendo a normalizar el machismo y haciéndolo parte estructural de nuestra sociedad. Así que la pregunta inevitable que me hago es: ¿soy plenamente consciente de los micromachismos que GRRRL pone en escena? ¿Es esta obra realmente un espejo en el que debemos mirarnos? No tengo respuestas definitivas, pero sí sé algo: GRRRL logra su propósito. Con escenas que no dan tregua, lanza golpes certeros al espectador, desnudando muchas de las dinámicas opresoras que hemos interiorizado.

Durante cerca de dos horas, la obra nos presenta trece historias autoconclusivas que exploran diferentes formas de machismo y opresión hacia las mujeres, opresiones que muchas veces son invisibles o socialmente asumidas. La obra comienza con el tribunal de un premio literario debatiendo sobre las consecuencias de tener a cuatro mujeres como finalistas. Después de una discusión acalorada, se decide retirar el premio a una de ellas para entregárselo a un hombre, simplemente “por evitar el qué dirán”. Este es el punto de partida de un montaje que nos lleva a presenciar lo que las autoras definen como trece relatos de resistencia femenina, pequeñas historias que alzan un «hasta aquí» y nos invitan a vivir tanto situaciones cotidianas como absurdas, pero siempre profundamente humanas.

El reparto, encabezado por David Castillo, Carmen Díaz, Esperanza Elipe, Raúl Fernández de Pablo, Paula Mira, Silvana Navas, Alba Recondo y Eva Santolaria, realiza un recorrido versátil y emotivo por los grandes retos sociales de nuestro tiempo. En cada escena, la victimización y el ninguneo hacia la mujer se muestran como pilares todavía presentes en la estructura social. Entre las historias más destacadas hay de todo: relatos irónicos y divertidos, como el de una niña que muerde a los niños que juegan al fútbol para encontrar su espacio en el patio del colegio, o el de una empresaria que es ninguneada mientras intenta hacer negocios en un restaurante japonés. Pero también hay escenas más tristes y reflexivas, como la de una pareja que, tras un “accidente”, decide comprar la píldora del día después, o la de una mujer que cuenta una historia antigua en la que, tras una noche loca, acabó con un desconocido que pudo haber abusado de ella. En lugar de apoyo por parte de su pareja, solo encuentra reproches.

Y no puedo dejar de mencionar el memorable microbingo, una propuesta ingeniosa en la que los espectadores deben rellenar un cartón no con números, sino con frases machistas normalizadas y misóginas, una dinámica que combina el humor con una reflexión dolorosa sobre nuestro lenguaje cotidiano.

El texto que acompaña la obra explica que el título, GRRRL, no pretende ser solo una palabra, sino un rugido: una expresión visceral contra las nuevas formas de perpetuar desigualdades. Y es un título muy acertado. La obra juega con estereotipos, tanto para cuestionar el espacio que los hombres conceden (o niegan) a las mujeres, como para reflexionar sobre las expectativas impuestas desde la sociedad. Es cierto que algunas historias funcionan mejor que otras, pero el conjunto tiene un equilibrio muy logrado, y el texto de Sara García Pereda destila honestidad y creatividad. Prueba de ello es el acertado diseño de vestuario, a cargo de Pier Paolo y Roger Portal: las mujeres aparecen con cartucheras y jorobas simbólicas que se van quitando a lo largo de la obra. No todas lo logran, pero el gesto resulta una potente metáfora de las cargas y prejuicios que las mujeres arrastran.

GRRRL no busca adoctrinar ni subestima al espectador. Al contrario, lo desafía a reflexionar mediante un relato que, desde la parodia y el humor, consigue doler y hacer pensar. Es una obra profundamente necesaria, que se posiciona como un punto de partida para debatir sobre el machismo cotidiano que aún persiste. Sin duda, una obra a reivindicar.