El genio precoz de Mozart: Mitridate, re di Ponto vuelve al Teatro Real
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Vicente I. Sánchez | @Snchez1Godotx
Aunque parezca increíble, Mitridate, re di Ponto fue compuesta por Wolfgang Amadeus Mozart con tan solo 14 años, convirtiéndose en uno de sus primeros grandes éxitos. Su estreno en 1770 en el Teatro Regio Ducal de Milán fue un acontecimiento destacado. Si bien esta ópera no alcanza la fama de otras obras del compositor de Salzburgo, como Las bodas de Fígaro, Così fan tutte o La flauta mágica, su partitura ofrece momentos de gran belleza y arias que resultan sobrecogedoras.
A pesar de sus virtudes, Mitridate, re di Ponto cayó en el olvido tras su estreno y apenas se representó hasta el siglo XX. De hecho, en el Teatro Real de Madrid solo se había ofrecido en versión de concierto hace casi 20 años. Por ello, esta nueva producción resulta especialmente significativa. La ópera regresa al escenario en una coproducción con la Oper Frankfurt, el Gran Teatre del Liceu y el Teatro di San Carlo, bajo la dirección musical de Ivor Bolton y la puesta en escena de Claus Guth. Las funciones tendrán lugar entre el 23 de marzo y el 9 de abril.
La trama de Mitridate, re di Ponto gira en torno a las intrigas y traiciones en la corte del rey Mitrídates, quien se enfrenta a sus hijos Farnace y Sifare, ambos enamorados de la princesa Aspasia. Basada en la traducción de Giuseppe Parini de la tragedia Mithridate (1673) de Racine, la ópera presenta un drama de amores y traiciones, en el que un padre posesivo y despótico debe lidiar con hijos ambiciosos que buscan aprovecharse de su poder mientras compiten por el amor de Aspasia. Un clásico relato de pasiones y rivalidades.
Claus Guth reinventa este título de 1770 con una visión contemporánea inspirada en la serie de televisión Succession
Claus Guth reinventa este título de 1770 con una visión contemporánea inspirada en la serie de televisión Succession. La escenografía sitúa la acción en una lujosa mansión, con personajes elegantemente vestidos que beben champán, consumen cocaína y se enfrentan en encarnizadas disputas por el poder. Pero más allá de esta actualización, Guth introduce una dimensión onírica: la escenografía, sobre una plataforma giratoria, revela un espacio más abstracto, donde los personajes se duplican y se convierten en sombras, reforzando el carácter introspectivo de la historia. Así, lo que comienza como un drama de luchas de poder y pasiones prohibidas —con un padre que se niega a ceder el mando y unos hijos dispuestos a traicionarlo— se transforma en una experiencia tanto sensorial como simbólica, donde las certezas se desvanecen y todos sucumben a sus deseo.
La ópera brilla por su exigencia vocal, con arias de gran virtuosismo. Ivor Bolton dirige con seriedad a la Orquesta Titular del Teatro Real, mientras que un reparto de primer nivel da vida a los personajes: Juan Francisco Gatell y Siyabonga Maqungo, Sara Blanch y Ruth Iniesta, Elsa Dreisig y Vanessa Goikoetxea, Franco Fagioli y Tim Mead, Marina Monzó y Sabina Puértolas, Juan Sancho y Jorge Franco, y Franko Klisovic. Se trata de un elenco de lujo para una partitura de enorme complejidad, que requiere voces de gran agilidad y coloratura, evocando el esplendor de los castrati de la época.
Catalogada como ópera seria, Mitridate, re di Ponto pertenece al estilo noble de la ópera italiana, que tuvo su apogeo entre 1710 y 1770. Es un deleite para los amantes de la música clásica, aunque su final pueda parecer algo abrupto y desdibujado, especialmente considerando que la obra supera las tres horas de duración. Aun así, está llena de momentos de gran lirismo, como Nel sen mi palpita, Se di lauri il crine adorno o el intenso dúo del final del segundo acto entre Sifare y Aspasia, Se viver non degg’io, que Claus Guth enmarca en una atmósfera de ensueño donde los personajes se desdoblan y las pasiones se enfrentan.
Catalogada como ópera seria, Mitridate, re di Ponto pertenece al estilo noble de la ópera italiana, que tuvo su apogeo entre 1710 y 1770
Mitridate, re di Ponto es un ejemplo magistral de la búsqueda de la melodía expresiva y el refinamiento clásico en la obra de Mozart. Su sofisticada armonización recoge lo mejor del clasicismo, y bajo la batuta de Ivor Bolton, se convierte en una experiencia musical excepcional. Una auténtica joya para disfrutar en el Teatro Real.