jueves. 04.06.2026
CENTRO DRAMÁTICO NACIONAL

Roland mon amour: Cris Balboa y el arte de perderse en el caos

La esencia de Roland mon amour radica en que Cris Balboa lleva su performance al límite, y con ella, al espectador.
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Vicente I. Sánchez | @Snchez1Godotx

Roland mon amour

Estoy aprendiendo a respirar. Mi terapeuta me dice que debo aprender a respirar. Necesito aprender a respirar para controlar la ansiedad. Con estas palabras comienza Roland mon amour, el nuevo espectáculo de la gallega Cris Balboa en el Centro Dramático Nacional. Una declaración de intenciones para una performance en la que la artista nos cuenta su vida y sus inquietudes, pero que, ante todo, parece una sesión de autoayuda de una mujer que grita por auxilio. Y que, efectivamente, lo primero que necesita es aprender a respirar.

Pero, ¿qué es Roland mon amour? Para empezar, conviene explicar que Roland, el nombre del título, no es otro que el de una famosa marca japonesa de instrumentos electrónicos. De esta manera, la dramaturga Cris Balboa sube al escenario acompañada únicamente de un sintetizador de esta marca, con el que intentará hacer música, cantar y explicarnos las claves de su vida. Aunque, como ella misma admite, ni toca demasiado bien ni canta con gran destreza. Sin embargo, salvo un momento en el que se toma una micro-siesta y otro en el que sale a fumar, gran parte de los 90 minutos de la obra consiste en verla tocar y cantar con su sintetizador.

La esencia de Roland mon amour radica en que Cris Balboa lleva su performance al límite, y con ella, al espectador

La esencia de Roland mon amour radica en que Cris Balboa lleva su performance al límite, y con ella, al espectador. Estamos ante una artista valiente y provocadora que no duda en poner a prueba a su público, plenamente consciente de que su obra puede provocar, en ciertos momentos, aburrimiento y letargo, solo para sumergirlo de inmediato en un frenesí hipnótico de ritmos acelerados. Todo está calculado al milímetro, desde el momento en que entramos en la sala y la vemos sentada con un vapeador. De hecho, si un espectador no bosteza en algún momento, es que no ha entrado del todo en la propuesta.

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Esta obra, cuya dramaturgia ha sido concebida en colaboración con el también performer Alberto Cortés, es una suerte de sesión de autoayuda en la que Cris Balboa nos habla de la precariedad de ser artista en Galicia. En el camino, nos cuenta su vida en una sociedad marcadamente católica y cómo sobrevive alquilando su bonito piso en Santiago de Compostela a través de Airbnb por 40 euros la noche. Por cierto, el dueño ya se ha enterado y quiere desahuciarla. Todo esto nos lo cuenta cantando, envuelta en una especie de trance freudiano provocado por la música repetitiva de su sintetizador, mientras repite, una y otra vez, que habla en nombre de las artistas gallegas con hipotiroidismo subclínico.

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Finalmente, Roland mon amour es un espectáculo tan genial como absurdo. Una performance de alto riesgo escénico en la que Cris Balboa lo entrega todo, sin miedo a lo ridículo o lo excesivo. La autora explica que Roland es una herida abierta, un conflicto con la vida, una contradicción perpetua y una búsqueda de amor infinito. Y es que esta obra es, ante todo, un canto a la desesperación de toda una generación—no solo la gallega—que se siente completamente perdida, viendo cómo todo lo que la rodea ha perdido su sentido, salvo el puramente mercantilista.

La autora explica que Roland es una herida abierta, un conflicto con la vida, una contradicción perpetua y una búsqueda de amor infinito

Por eso, esta es una obra que solo puede funcionar desde el exceso y el caos, siempre al borde del descarrilamiento. Y bastante es que Cris Balboa no se limite a gritar sobre el escenario. Así que, después de esta gran fiesta, solo nos queda preguntarnos: ¿A dónde se va ahora?

Roland mon amour puede verse en el CDN hasta el 20 de abril

Roland mon amour: Cris Balboa y el arte de perderse en el caos