viernes. 01.03.2024
El Socialista de 16 de marzo de 1928 (número 5960)

@Montagut5 | En la segunda mitad de los años veinte se trató mucho, tanto en ámbitos empresariales como sindicales, acerca de los distintos métodos para racionalizar los sistemas productivos. El movimiento obrero abordó la cuestión desde su perspectiva para sacar provecho en favor de los trabajadores de los cambios estructurales en la forma de producción, y España no fue una excepción, especialmente desde la UGT. En este contexto queremos acercarnos a la postura de Francisco Largo Caballero al respecto.

El secretario general de la UGT dio una charla en la Casa del Pueblo madrileña, dentro de un ciclo de conferencias que había organizado la Federación Local de la Edificación, a raíz de la ponencia que el ministro de Trabajo había llevado a la Asamblea Nacional sobre la racionalización de la industria en tiempos de la Dictadura de Primo de Rivera.

Largo temía que, al final, se planteara la racionalización como un medio exclusivamente para el aumento de la producción con el fin de obtener mayores beneficios, pero a costa de los trabajadores. Y ahí estaría, a nuestro juicio, la raíz de la preocupación del movimiento obrero organizado sobre este nuevo fenómeno. El líder socialista explicó que no era lo mismo racionalización que perfeccionamiento de la maquinaria, porque podían darse casos de fábricas que contando con maquinaria modernísima tuvieran mal organizada la producción.

Temía que se planteara la racionalización como un medio exclusivamente para el aumento de la producción con el fin de obtener mayores beneficios

Racionalizar era, siempre según Largo, organizar el trabajo. Organizar era estudiar y reglamentar las relaciones entre el obrero y el útil del trabajo, y estudiar los distintos engranajes y escalones humanos de la producción con el fin de hacer ésta en la forma más perfecta, es decir, producir con el menor esfuerzo en el menor tiempo y a bajo coste. La producción racionalizada debería tener como objetivo la simplificación, unificación, normalización y tipificación.

Pero la racionalización también tenía otra faceta, la del aumento del consumo, con un mayor nivel de vida para todos.

En este sentido, el secretario de la UGT recordó que Albert Thomas (director de la OIT) había llegado a tres conclusiones sobre la racionalización. En primer lugar, se trataba de la organización científica del trabajo en el sentido norteamericano del mayor rendimiento del factor humano, con estudio de la fisiología del trabajo, de la fatiga, del automatismo, de la monotonía, etc. Los norteamericanos se habían dedicado al estudio científico del trabajo, ligando a la investigación de las relaciones industriales, las diversas formas de remuneración, la duración del trabajo, y la determinación de salarios.

En segundo lugar, Thomas había planteado que la racionalización tenía que ver con la organización científica del trabajo en las fábricas o en el sector servicios con vistas a mejorar la producción en general, incluyendo los métodos de organización, dirección y administración.

La tercera conclusión tenía que ver con la organización científica del trabajo en el sentido más amplio de una industria determinada y de la economía nacional: estandarización, anulación del desperdicio, concentración empresarial y comercial, producción y distribución en masa, etc..

Para que fuera eficaz la racionalización el consumo debía aumentar para facilitar la salida del aumento de producción

Para Largo, en conclusión, se trataba de obtener por un aprovechamiento racional de los diferentes factores de producción un rendimiento máximo. Pero no se trataba, como pensaban algunos empresarios, de que los obreros produjeran más.

El orador socialista habló de que para que fuera eficaz la racionalización el consumo debía aumentar para facilitar la salida del aumento de producción, pero eso solamente se lograría con un aumento salarial, como habían entendido los capitalistas norteamericanos. En este sentido, hemos podido comprobar en las páginas de El Socialista que este fue un asunto que se trató en las mismas con asiduidad en aquella época.

Por fin, Largo quiso ofrecer su propia sistematización de los criterios para la racionalización de la producción, en cinco puntos:

- Dar al trabajo un máximo de eficacia con un mínimo de esfuerzo.

- Facilitar el estudio y la fabricación de piezas en serie. Evitar el despilfarro de las materias primas (“primeras materias”) y de la energía.

- Simplificar la distribución de las mercancías.

- Evitar los transportes costosos, aligerar la industria de las cargas financieras y suprimir los intermediarios.

Si se aplicaban estos criterios los resultados serían los siguientes:

- Ofrecer a la colectividad una mayor estabilidad y un mayor nivel de vida.

- Facilitar a los consumidores precios más bajos y productos más adaptados a las necesidades.

- Ofrecer a los productores la remuneración más amplia y segura.

Además, pensaba que los gobiernos debían implicarse legislando sobre la racionalización de la producción.

El verdadero objetivo era intentar concienciar a los trabajadores de la importancia de esta cuestión por las consecuencias en materia salarial

Pero, además de teorizar sobre la racionalización, el verdadero objetivo de Largo era intentar concienciar a los trabajadores de la importancia de esta cuestión por las consecuencias que se pudieran derivar en materia salarial, paro, duración del trabajo, aspectos relacionados con la salud laboral y con la calificación profesional.

Para Largo el capitalismo atravesaba una difícil etapa, aunque reconocía que no había llegado a la última etapa de su evolución. Trataba de adaptarse a las circunstancias adoptando una transformación que le acercaba a la economía socialista.

Entre las tendencias de la racionalización de la producción estaba Taylor que, a principios del siglo XX se había limitado al estudio científico de la labor del individuo con el fin de intensificar el rendimientoeliminando todo movimiento inútil en el trabajo, y reduciendo el tiempo para las operaciones elementales. Pero había sido criticado por las organizaciones obreras norteamericanas porque se habían opuesto a que el trabajador se convirtiera en un autómata mecanizado.

Por otro parte, los científicos habían estudiado la fatiga, la higiene industrial, la protección del obrero contra los accidentes de trabajo, las enfermedades profesionales, etc. Estos estudios tendrían una doble finalidad: el aumento de la producción y la mejora de los obreros.

Largo citó a Fayol, que se había dedicado a investigar la modernización de los métodos de dirección.

También aludió a la Administración norteamericana y su preocupación por la desaparición de los desperdicios y el despilfarro de materiales, por la estandarización para favorecer la fabricación, por el perfeccionamiento de las herramientas, y, por fin, por la baja de precios de venta de los productos. Por fin, no pudo dejar de hablar de Ford.

Largo quería dejar claro que había que estar con la racionalización de la producción, pero en clave obrera, ya que tenía que ir junto con una política de elevación salarial, como hemos indicado.

Largo Caballero quería dejar claro que había que estar con la racionalización de la producción, pero en clave obrera

Por otro lado, no dejó de lado el hecho de que la racionalización podía traer paro, pero principalmente en las industrias peor organizadas. Para evitar que las crisis de trabajo que al principio originase la implantación de sistemas productivos racionalizados causasen los menos problemas para los trabajadores aludió a la importancia de la organización sindical, como freno para los intentos de los empresarios de apropiarse de todos los beneficios. Por otro lado, consideraba que no tenía fundamento el temor a que la racionalización supusiese un aumento de la jornada laboral, y ponía el ejemplo norteamericano, con alusión a la campaña por la semana de cinco días de Ford, y a la fuerza de las organizaciones obreras en sus demandas sobre la semana de cuarenta y cuatro horas.

La cuestión salarial debía resolverse en los comités paritarios.

Sobre el agotamiento físico y la monotonía del trabajo Largo Caballero opinaba que debía ser una cuestión que movilizase a los trabajadores porque a los capitalistas no interesaba mucho, ya que podían renovar constantemente la mano de obra. Las organizaciones obreras debían estar muy atentas para que en los centros de trabajo se aplicasen las mejoras en esta materia y que se iban inventando, sin olvidar la responsabilidad de todos los obreros en formarse y en acceder a la cultura como medios para combatir el embrutecimiento, y para la propia emancipación. Hemos empleado como fuente el número 5960 de El Socialista de 16 de marzo de 1928.

Francisco Largo Caballero y la racionalización del trabajo