domingo. 14.07.2024
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Los Planetas. (Fotos de Mónica Grau)

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Joan Segovia | @JoanRohan

Es bien sabido que cuando llega el calor llegan los festivales de música. Y entre la mucha oferta, hay uno que este año celebra su décimo aniversario: el festival de música internacional Vida. Haciendo caso a su lema “This is not a Festival”, no podíamos hacer una crónica al uso, seria y desvivida. Así que toca ponerme la camisa hortera del fondo del armario, los zapatos más cómodos que se puedan para pasar una infinidad de horas saltando en la pista y salir a ver que ofrecía en una edición tan especial.

El Vida se ha celebrado, donde siempre, en Vilanova y la Geltrú, cerquita de Barcelona, el primer fin de semana de julio. El festival sigue ocupando el espacio natural que ofrece la Masia d’en Cabanyes, una casa de campo señorial de más de 200 años, rodeado de jardines y de un bosque con encanto. El efecto es el de cada año, romper lo que conocemos como “festival de música” uniendo las actuaciones al propio entorno natural. Sigue siendo de agradecer estar rodeado de árboles más que de aglomeraciones típicas de otros festivales mientras disfrutas de los conciertos.

Los escenarios, los mismos de siempre. Dos grandes, el principal, patrocinado por Estrella Damm, y la Masia, donde los grandes del cartel lo darán todo al entregado público. Luego dos más pequeños: La Cabaña, la Cova y el Vaixell, bastante más íntimos que los otros, pero literalmente dentro del bosque, lo que les da un encanto especial. También cuenta con una zona de djs, el Club vida, para los huecos entre los conciertos, una zona kids para ir con los peques a hacer actividades y dos zonas de picnic rodeadas de foodtrucks. ¿Zona para ir con tus hijos al festival? Sí, se nota al público al que se dirige el festival, ¿no?

Bueno, después de poner en contexto que es el Vida, toca hablar de lo que nos hemos encontrado en la edición 10th Revolution y ver si el nombre está a la altura de las expectativas.

Llegó el jueves 4 y a las 17 h se abrieron las puertas del festival. Como siempre, me encontré las colas infinitas, aunque esperables, en los accesos. De fondo ya se oía al dj de la zona VIP acogiendo a los recién llegados y al fondo del recinto Club del río estaban ultimando los preparativos en el escenario de la Cova para ir abriendo apetito. Pero el primer plato fuerte del festival se vino con el concierto inaugural de Clara Peya XXL. Entre temas fue presentando un elenco de invitados que se sumaron a ella en el escenario: Leo Rizzi, Salvador Sorral, Ede y Silvia Pérez Cruz, terminando en un concierto coral que dio inicio a los próximos tres días de música.

Apartado de todo el bullicio, el cantante indio Sid Sriram hizo un alto en su tour mundial Sidharth/All love no hate para dejarnos a todos boquiabiertos con su estilo único. Una mezcla de pop y R&B contemporáneo con influencias de su tierra natal, una mezcla a priori extraña que funciona mucho mejor de lo que uno puede pensar.

En la Cabaña, Rocío Saiz reivindicaba un espacio inclusivo con sus canciones desencantadas sobre el amor. Aunque su estilo pop, muy risueño él, invita al baile y su activismo en el escenario a la reflexión, no puedo decir que fuese su mejor actuación. Tampoco jugó a su favor la competencia que tenía a esa hora en uno de los escenarios principales: Cannons. Con su estética glam y una puesta en escena que atrapó a muchos, este grupo californiano se estrenó en España por primera vez dando el 100% en el escenario. Parece que era cierto el rumor de que sus actuaciones en vivo son puro espectáculo.

Ya anocheciendo le tocó el turno al australiano Vance Joy. Después del ritmo de Cannons, Vance bajó la intensidad con sus temas más pausados y lentos. Al son de su guitarra y de su melódica voz, la puesta de sol parecía diferente. Su estilo indie folk más introspectivo y melódico llenaba el atardecer de paz y calma. Al terminar su actuación, tocaba comer rápido para coger sitio para el concierto de la noche.

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Julieta.

Julieta arrancó con un retraso significativo, pero al público no pareció importarle lo más mínimo. Durante todo el día fueron llegando más y más fans de suyo y para cuando empezaron a sonar los primeros acordes la pista estaba llena de camisetas y carteles con su nombre. La carrera meteórica de esta cantante es para analizar aparte. Su estilo mezcla de electrónica, pop y reggaetón, va haciendo llenos allí donde actúa. Salió a comerse el escenario junto a ocho bailarines con un espectáculo de baile que no dejó a nadie indiferente. Añado que suena muchísimo mejor en directo que lo que podáis oír por Spotify.

Y cerrando el primer día, subió al escenario El Columpio Asesino. Se notaron sus años de experiencia y su saber hacer, aun con los problemas con el cable del micro que se encontró su cantante Cristina Martínez. El que también dio todo fue Albaro Arizaleta a la batería. Era espectacular verle tocar con tanta fuerza en cada canción; y más siendo ya las 3:30 de la madrugada. Tocaron sus grandes hits, básicamente lo que el público quería y esperaba, dejando, como no, Toro para el final. Sin duda, un cierre perfecto para el jueves.

Empezó el viernes 5 algo más tranquilo con Selva Nua. Este trío de Lérida ya lo pudimos escuchar el año pasado en La Daurada Beach Club, en los conciertos del Vida que se hace el sábado por la mañana en dicho local de la playa de Vilanova. Su ritmo soul lo-fi sigue sonando tan bien como recordaba. Aunque este día se notó el aumento de aforo, siendo el concierto de las 17:30 faltaba mucho público por llegar. Algo parecido sucedió con Sílvia Pérez Cruz en el escenario principal, donde la pista estaba a medias y fuimos pocos los que pudimos disfrutar de ella.

Standstill, en su regreso a los escenarios desde que en 2015 pararon sus giras, nos pusieron a bailar a todos en el escenario de la Masia. Antes de que acabaran, Pablopablo arrancaba en la otra punta del recinto con un concierto más íntimo y personal. Lástima de los problemas claros que sufrió con el micro al inicio de su actuación y no nos permitió escuchar sus letras en las primeras canciones.

Al mismo tiempo, Ride puso el listón muy alto en el escenario principal Estrella Damm. Su música britpop y rock alternativo iniciaron la noche del Vida, con su base shoegaze y sus influencias más modernas. La banda de Oxford dejó al público caliente para lo que se venía: Derby Motoreta’s  Burrito Kachimba. Este grupo sevillano de rock fusión con influencias flamencas, o como dicen ellos mismo kinkidelia, dejó a medio público con la cara torcida de no saber que habían ido a escuchar. Todo un descubrimiento para muchos que dudo que vayan a olvidar pronto.

Y para terminar este segundo día, subió al escenario el gran y esperado James Blake. Con un inicio por todo lo grande y sin aflojar ni un instante, fue el mejor concierto de toda la jornada, aunque después tocó Boye, Temples y Mujeres a los que tampoco se les puede desmerecer su actuación. Un día que sin dudas sería muy difícil de superar en el cierre del último día.

Y el sábado 6 empieza por la mañana en la Daurada Beach Club, donde los conciertos se juntan con los mojitos y los vermuts al lado del mar en el Vida by the sea. Con solo dos pequeños escenarios muy íntimos y próximos al público, estos conciertos suelen ser los olvidados por los visitantes del Vida. Tampoco es de extrañar, ya que comienzan a las 11:30 de la mañana, cuando los asistentes al festival ya llevan dos días bailando de escenario en escenario desde las 17 hasta transcurridas las 5 de la madrugada.

De las actuaciones que se dieron en este rincón de la playa destacan con nota Mama Dousha quién se ganó al público invitándoles a seguir sus coreografías y a corear con él. Tocó todos y cada uno de sus éxitos que no paran de sonar en la radio catalana. Además, tras su show se dedicó a hacerse fotos con todo el mundo, hecho que se agradece. Luego Tristán! también brilló en el escenario pequeño con su música más calmada y experimental; toda una sorpresa. Pero el que se comió el club fue el ya clásico Joe Crepúsculo. El barcelonés encandiló a todos los asistentes con su música electrónica y solo hay que buscar por Instagram o Tiktok para ver cómo estaba el público dándolo todo en la terraza. Sin lugar a dudas, y con la experiencia de otros años, la gente no sabe lo que se pierde por no ir al Vida by the sea.

Ya por la tarde, en el recinto principal, comenzamos con OKDW tocando en la Cabaña. La cantante debutaba con un disco que mezcla varios estilos como soul, r’n’b, pop, algo de rap... respaldada por el productor Peter Party, quién cuenta con un Grammy Latino por el disco Calambre de Nathy Peluso (2020). También descubrimos la joven cantaora de flamenco Ángeles Toledano, recién llegada de conciertos en Francia, que sorprendió a un público no habituado a su estilo musical, demostrando la parte ecléctica y rompedora del Vida.

Tras esto llegó el plato principal con Los Planetas. Estos actuaron en el escenario más pequeño de todos, pero a la vez el más humano, mano a mano con el público. Dedicaron el concierto a sus temas más reflexivos dejando las canciones más movidas a un lado. Los fans ocuparon el bosque entero en una marea humana que rodeaba el barco (literal) en el que tocaban. Un concierto mágico que podía haberse llevado a cabo en el escenario principal, pero habría perdido toda su esencia. De diez.

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Paolo Nutini.

Casi sin tiempo a analizar lo que acabábamos de vivir, empezó Paolo Nutini. Entre el público se podían ver numerosas banderas escocesas bailando al son de su música a medio camino entre el folk y el rock, con clásicos como New shoes y Candy. Al terminar, entre los árboles se pudo oír a Warhaus dándolo todo en la Cabaña. Maarten Devoldere, uno de los vocalistas y compositores de Balthazar, nos empujó a seguirle con su estilo indie rock con ciertas influencias al jazz.

Antes de la gran actuación de la noche, Dani Poveda y Xavier Carbonell, los responsables del festival, subieron al escenario principal y mostraron un recorrido de estos 10 años del Vida, con un emotivo video de los grandes nombres de la música que han actuado. Hablaron de los inicios del proyecto y su anterior versión, el Faraday, un pequeño festival que dio la chispa que terminaría siendo este. También aprovecharon para anunciar el cartel del 2025, Vida Reborn, y el primer cabeza de cartel: Supergrass.

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Con un retraso importante, llegó el momento más esperado por muchos. M.I.A. subió al escenario con toda su fuerza haciendo saltar a todos los presentes. Un espectáculo realmente impresionante que Mathangui “Maya” hizo acompañada de un increíble cuerpo de bailarines. Aunque la lluvia empezó a caer con fuerza nadie se fue de delante del escenario, absortos por las canciones y los bailes que nos trajo. Una experiencia única.

Black Lips no dejó ni un segundo de descanso tras M.I.A., empezando por lo alto. El icónico quinteto ha ido evolucionando durante estos años, bajo la influencia del garage y rock punk y el blues. Su inquietante propuesta fue razón más que suficiente para hacer mover a todos hasta las 2 de la madrugada.

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Alizzz

Y como cierre tuvimos a Alizzz. Este polifacético músico de Castelldefels consiguió un público entregado coreando sus canciones y cantado de corrido cada estribillo, aunque dio un pequeño susto a todos cuando cayó del escenario. Sin embargo, no paró su actuación y siguió como el profesional que demostró ser. En un momento emotivo, dedicó su mayor éxito a sus padres que se encontraban entre el público aun siendo casi las 3 am. Todo un broche de oro para cerrar el festival de este año.

Y bueno, finalmente, ¿hubo Revolution o no? Pues la verdad es que sí, si contamos la trayectoria de estos diez años del festival. La cantidad de artistas de renombre internacional que han cruzado por el bosque del Vida, aun siendo un festival que sale de lo convencional, es algo muy merecedor. El ambiente, siempre naturista y poco intrusivo, su intención de romper con el gentío y las aglomeraciones y su cariño por la música alternativa, si son una revolución. Sumado a esto, la reivindicación de jóvenes artistas y nuevos talentos a través de V4M, un espacio para el ensayo y la difusión de cantautores y bandas, también marca su intención de traer algo nuevo al panorama musical.

Aún tiene solo diez años y le quedan aspectos por pulir, cierto es, pero el festival de música internacional Vida ha plantado ya sus bases para crecer en sus próximas ediciones. ¿Habrá cambios en Vida Reborn que romperán con estos conceptos? ¿Reivindicarán sus cánones ya establecidos reafirmándose en sus pilares? No se sabe aún, pero cabe recordar que “This is not a festival” y todo está aún por descubrir.

Festival de música internacional 'Vida 2024': crónica de una revolución