lunes. 04.03.2024

Carlos Valades | @carlosvalades

Lejos de sesudas interpretaciones sobre la sociedad actual y sobre las implicaciones de hacerse un selfie, subirlo a las redes y mirar con angustia o autocomplacencia como van subiendo los likes o quién ha visto tal o cual storie, en estos tiempos modernos donde Instagram ha sustituido a las revistas del corazón y hay un cierto espíritu de vieja del visillo, de cotilleo de patio de colegio, podemos concluir que lo que más le gusta a la gente, es hablar de sí misma. Un yo mi me conmigo que es tan solo la punta del iceberg del individualismo imperante. Una ola que no ha dejado de crecer y que tiene a Karl Ove Knausgard y sus seis tomos como seis soles hablando de su vida como estandarte de este movimiento.

En este sentido, Denise Despeyroux parte de un suceso autobiográfico para desplegar en “Misericordia” un artefacto teatral en el que mezcla su propia historia personal y la ficción. Felipe Gonzalez, el ex presidente de España fletó un avión con decenas de niños uruguayos que se vieron obligados a dejar su país junto con sus progenitores debido a la dictadura militar. La autora fue una de aquellas niñas y nos muestra un vídeo en el que es entrevistada cuando tenía tan solo 9 años a su llegada a Uruguay. Y esa es la parte más emotiva de la función donde vemos a la pequeña Denise hablando con una emoción contenida de lo que significaba para ella el regreso a su tierra y el efusivo recibimiento a todos los niños que llegaron en aquel avión para pasar las vacaciones.  La propia autora y directora del espectáculo saldrá a escena para debatir junto con el director (en este caso actor) argentino Pablo Messiez sobre los tramposos mecanismos de la memoria, ayudándole a recordar lo que pasó. En este caso Darío, el personaje interpretado por Messiez, es un director a punto de estrenar en el CDN que necesitara la ayuda de Denise para que le ayude a rememorar aquellos momentos. Messiez no vivió aquello. Despeyroux sí. 

Denise Despeyroux parte de un suceso autobiográfico para desplegar en “Misericordia” un artefacto teatral en el que mezcla su propia historia personal y la ficción

Es inevitable recordar también a Wadji Mouawad, al que vimos hace una semana en el Canal, con su autoficcional “Mere” (Madre), y cuya vida se vio traspasada por el exilio del Líbano, primero a Canadá y posteriormente a Francia. Imágenes de soldados son proyectadas en ambas obras, la vida como reflejo de la escritura. Realidad y ficción mezclándose encima del escenario.

Cristobal Suarez interpreta a Dante, un autor teatral en plena crisis existencial, que ya ha ganado todos los premios y que aburrido de la dramaturgia, abre un canal de Youtube para explicar las bondades de la dieta Keto. Darío y Dante reflexionan sobre el gris panorama teatral nombrando a los directores que usualmente estrenan en el Centro Dramático Nacional, RemónLimaSanzolMayorga, etc. y la querencia de los directores de utilizar a Francesco Carril para que les interprete, dando por supuesto que todos los espectadores formamos parte de ese círculo de la élite teatral y que apreciaremos el guiño, y que incluso afecta a la escenografía y el vestuario, todos de un amarillo corporativo del CDN.

Denise Despeyroux intenta mezclar comedia y drama y a veces no logra que esa amalgama funcione, aunque hay momentos de gran intensidad emocional

Natalia Hernández, la mejor sobre el escenario, interpreta a Delmira, una psicóloga lacaniana absorbida por la cábala que intenta que todos los miembros de la familia se unan a las celebraciones del judaísmo, y a una interpretación hebrea de la vida. 

Y es en esos momentos donde se echa de menos más ligereza en su texto y el de Dante, perdidos en largas disquisiciones sobre el Yom Kipur y la psiconeuroendocrinoinmunología, posiblemente también obsesiones de la autora que a veces enmarañan el ovillo. 

Por último, Dunia, interpretada por Marta Velilla, es la más frágil de los cuatro personajes, la hermana menor, que orbita en sus propios mundos virtuales que diseña para los videojuegos. 

Denise Despeyroux, cuyos personajes en la obra tienen nombres que empiezan por la letra D, intenta mezclar comedia y drama y a veces no logra que esa amalgama funcione, aunque hay momentos de gran intensidad emocional remarcados por una gran Natalia Hernández y por la aparición final de la propia Denise.

Estará en la Sala Francisco Nieva del teatro Valle Inclán del 19 de enero al 25 de febrero de 2024.

 

Misericordia. Café para los muy cafeteros