viernes. 24.05.2024

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Arturo Prins | @prinsarturo

Hace poco, la cartelera española gozaba de tener la película "La sombra de Caravaggio" (2022) de Michel Plácido, que ofrecía una mirada magnífica a la vida y obra de uno de los más grandes pintores de la historia: Michelangelo Merisi da Caravaggio (Milán, 1571-1610). Esta película retrataba magistralmente la figura de un hombre profundamente vinculado con todo lo contrario a las fuerzas del poder. Aunque Caravaggio tuvo el respaldo y la protección de algunos poderosos, su arte estaba arraigado en las realidades de los pobres y los humildes. A través de sus pinturas, Caravaggio acechaba constantemente la redención del hombre, explorando las sombras y las luces de la condición humana con una sinceridad y una crudeza poco comunes en su época. En cambio, con “Tiziano, el imperio del color” (2022), de Laura Chiossone y Giulio Boatosalgo del cine con la extraña y ambigua sensación de haber visto un trabajo institucional, propio de museos, oficial, más estético que hondo, de oficio didáctico y flipado con el poder; la vida de un pintor magnífico como a la vez profundamente arribista, de un trepa, como lo fueron Velázquez o Rubens

Hablar de las miserias y genialidades de los artistas y de lo que reflejan en sus obras es una de las tareas más difíciles que puede llegar a hacer un cineasta

Tiziano Vecellio di Gregorio (Véneto, 1488-1576), el pintor renacentista, se revela en este documental con una narrativa que mezcla la búsqueda del poder, la influencia social y el arte. Ambos artistas compartían una sensibilidad hacia los temas humanos, pero mientras Tiziano se movía en los círculos de la nobleza y la élite, Caravaggioencontraba inspiración en los rincones más oscuros y marginales de la sociedad. Su arte desafiaba las convenciones de la época y se sumergía en la realidad cruda y sin adornos de la vida cotidiana. 

Baco y Ariadna, 1520-23, Tiziano
Baco y Ariadna, 1520-23, Tiziano

“Tiziano, el imperio del Color”, en lugar de centrarse en la profundidad de su obra, y no sólo en algunos de sus cuadros más famosos y su impacto cultural en otros artistas, parece interesado con glorificar el ascenso meteórico de Tiziano en la sociedad de su tiempo, enseñándolo como un hábil estratega tejiendo sus redes de contactos con los Habsburgos o los Duques de Mantua. Un relato narrado por directores de museos, historiadores, pero extrañamente por ningún pintor vivo. Un retrato de lo que pudo ser el proto mercado del mundo del arte, arrojando luz sobre la intrincada red de influencias y conexiones que Tiziano buscaba para obtener éxito y fama comercial, permitiéndole desarrollarse como si fuera una empresa o franquicia, como actualmente lo es Jeff Koons, by the way, el único artista que aparece en el film, comentando francamente naderías del renacentista. ¡Qué morbosa aparición vinculante con el mercadeoKoons y Tiziano! El primero, corredor de bolsa en Wall Street antes de establecerse como artista, el segundo un hijo de notario, que anhelaba ser reconocido por papas, emperadores, duques y príncipes, que obtuvo el título de caballero, y así gozar del poder de nombrar a notarios que favorecieron el negocio de la importación de madera en los puertos, con la que operaba su hermano, un empresario maderero.

Esta dinámica de asociación al poder ha marcado la historia de los pintores durante siglos, aunque en la actualidad los artistas se han liberado de esos yugos, como la monarquía o la Iglesia, han sido sin embargo reemplazados por nuevas figuras, como la de comisarios, curadores, galeristas, historiadores de arte, críticos y directores de museos, quienes ahora detentan la llave del éxito para los artistas contemporáneos. Sin su respaldo, muchos creadores se encuentran al margen, perdidos, y sin capacidad de exhibir o enseñar su obra, desorientados en un mundo donde la intermediación es imprescindible para acceder al reconocimiento y la difusión artística. Muchos de los artistas que triunfan, deben trazar planes versallescos, andar detrás de estas fuerzas que operan el mercado, como Tiziano lo hizo y este documental enseña. 

Bacanal de los Andrios, 1523-26, de Tiziano
Bacanal de los Andrios, 1523-26, de Tiziano

Se cuenta en el film, una curiosa anécdota de que un día cuando Tiziano haciendo un retrato de al emperador Carlos V en su estudio, se le cayó un pincel al suelo, y Carlos V no tuvo recato en agarrar el pincel y devolvérselo al artista con sonrisa. Era algo inaudito para el protocolo social de aquella época. Y para romper la larga pausa de los cortesanos el emperador dijo: «Bien merece Tiziano que el César le sirva, pues cuando pasen los siglos ya nadie se acordará de nosotros mientras que sus pinturas pasaran a la eternidad y serán inmortales".

El film retrata a Tiziano como un trepador social, hábil en el arte de ganarse el favor de nobles, papas y poderosos. Desde su asociación con Piero Aretino, a quien pinta en un retrato como una especie de "rock star del Renacimiento", hasta sus conexiones con los Farnesio y los Gonzaga. Tiziano es retratado como un empresario astuto que sabe cómo satisfacer los deseos y ambiciones de sus clientes para asegurar su propio éxito. Si bien es cierto que su habilidad para complacer a los poderosos le otorgó reconocimiento y riqueza, su verdadero legado reside en su obra, especialmente en sus pinturas de mitología. Estas obras revelan una dualidad entre los poderes terrenales y la libertad del artista, una lucha que podría haber sido más profundamente explorada en el documental, precisamente en esas obras era donde se acercaba a componentes eróticos libertarios y poderosos, una dualidad intrigante. Por ejemplo, en el cuadro Amor sagrado, amor profano (1515), por un lado, vemos a la novia que va a casarse, que no parece ser una mujer feliz y podría interpretarse como una representación del amor terrenal, fugaz y marchito, atrapada en la vida matrimonial. Por el otro, la Venus que la bendice, representa alegría y libertad desnudas, aspectos más celestiales que terrenales. Esta dualidad podría reflejar la lucha interna de Tiziano entre los poderes terrenales y la libertad del pintor. Un análisis que los grandes doctos de museos no parecen alcanzar en profundidad.

En este contexto, el documental sobre la vida de Tiziano deja un regusto amargo, al parecer más enfocado en su ascenso en el escalafón social que por explorar en profundidad su obra y sus motivaciones artísticas. El film, con datos de interés sobre su vida, y recreaciones históricas con actores o una modelo que interpretan a su mujer Cecilia posando desnuda, o a Tiziano de niño, contribuyen a la prosa visual, pero los drones sobrevolando la capital del Véneto, inducen a una Venecia de postal y for export, por supuesto centrado en la figura del pintor, pero sin alcanzar gran calado. Se desperdicia la oportunidad de adentrarse en detalles significativos de sus obras, como sus bacanales, y se omite mencionar la influencia de su maestro Bellini, quien fue el más influyente de los pintores de la Escuela veneciana y uno de los más laureados de la Serenísima República de Venecia en toda su historia. La película también podría haber explorado más a fondo la faceta mitológica de Tiziano, especialmente en sus cuadros más eróticos, sus 6 poesías pintadas por encargo a Felipe II, El rapto de Europa”“Dánae”, Venus y Adonis”, “Diana y Acteón”, “Diana y Calisto” y “Perseo y Andrómeda”que representan un punto álgido en su carrera. Esta época también fue testigo de su mejor pintura mitológica, como "La Bacanal de los Andrios" "Baco y Ariadna", obras de las que no se habla en profundidad, y, sin embargo, han sido aclamadas como las más brillantes del Renacimiento y que reflejan su dominio del tema y su genio artístico. Es curioso porque su pintura más interesante no es precisamente los retratos cortesanos ni las obras a los papas o al emperador Carlos V, cosa que este documental hace mucho hincapié, sino el trabajo de la mitología, es allí donde está todo el poder de Tiziano, donde se libera de corsés y expresa su sensualidad y su libertad erótica hasta límites insospechados, tanto así, como la Dánae recibiendo la lluvia de oro, un desnudo pornográfico seguramente para aquella época, encargada por el cardenal Alessandro Farnese, nieto del papa Pablo III. La pintura se completó durante una visita que Tiziano hizo a Roma en 1545-1546. Rico y mundano, Alessandro Farnese era un distinguido mecenas de las artes y un mujeriego notorio con una amante (una cortesana llamada Ángela). En un momento en que los eclesiásticos estaban bajo fuego por sus costumbres licenciosas y corruptas, era prudente transformar a una cortesana demasiado contemporánea en una figura mitológica cuya desnudez estaba sancionada por el precedente clásico. Dicen también que justo Miguel Ángel predijo la gran cantidad de las réplicas de Dánae bromeando que Tiziano no podría evitarlas, porque muchos ricos amantes del arte las pedirían.

El documental glorifica la aspiración del artista por obtener poder y reconocimiento, destacando un acto de autobombo de Tiziano, quien encargó a un copista, Cornelis Cort, sobre 1575, para que imitara su estilo y difundiera su influencia artística. Este enfoque en la estrategia de ascenso social y económico de Tiziano deja de lado la exploración del verdadero imperio del color del pintor, enfocándose más en su carrera meteórica hacia el poder. Sorprendentemente, el único artista que habla sobre Tiziano en el documental es Jeff Koons, un especulador del arte que nunca ha pintado un cuadro, de hecho, en el propio documental aparecen ayudantes suyos que pintan por él, mientras él dirige la batuta entre sus millonarios cuadros que vende sin haberlos pintado. El epítome del creador contemporáneo que puede hablar de Tiziano probablemente por asociación sí, al poder, pero un artista que crea un arte inofensivo, banal, ejemplo de una posmodernidad cutre, ladrona y kitsch. En definitiva, una celebración del consumismo, donde la exaltación de lo superfluo es más que evidente, y nada tiene que ver con el pintor veneciano. Jeff Koons, como Tiziano, han atrapado el éxito vendiendo su trabajo a ricos y poderosos, pero el papel del americano como intermediario del mercado del arte dista mucho de la verdadera labor creativa de un pintor.

Hablar de las miserias y genialidades de los artistas y de lo que reflejan en sus obras es una de las tareas más difíciles que puede llegar a hacer un cineasta, como la fabulosa y poética visión de Peter Greenaway, en su obra maestra Nightwatching (1997) sobre la mirada de Rembrandt, dónde allí, sin aparecer un solo cuadro de él, excepto al final, que es Ronda de noche (1639-1642), se puede descubrir toda la majestuosidad y la descripción psicológica de un creador, aquello que veía, pensaba y sentía detrás de sus lienzos. Faltan documentales rebeldes, más filosóficos, que ahonden en profundidad de la mirada de los pintores y no sólo hablar de sus malandanzas o glorias infinitas, sino entender por qué un creador pinta lo que pinta, investigar en profundidad su psique, que sólo se puede desvelar ahondando en el análisis y contemplación de sus obras.


'Tiziano, el imperio del color': la llama ardiente de una ambición