viernes. 01.03.2024

Karen Darlene Arretureta | @karendaptw

La ambición queda plasmada en la obra más reciente de Nikolaj Arcel. La elegida para representar a Dinamarca por el Oscar a Mejor Película Internacional retrata a un humilde capitán que pretende conquistar la naturaleza hostil de unos páramos daneses con la intención de lograr convertirlos en tierras fértiles. Más que conquistar la naturaleza de aquello que lo rodea o de desafiar a quienes no lo consideran digno, el motor del personaje interpretado por Mads Mikkelsen es la voluntad de perseverar. 

Desde un primer momento estoico e inquebrantable propone lo imposible y se engancha en una travesía que va trasladándose de un nivel a otro, aumentando la dificultad. La historia de Ludvig von Kahlen tiene un antes y un después en tres momentos correspondientes a tres personajes. Uno de ellos es su primer cruce con Anmai Mus (Melina Hagberg), que al momento solo representa un instrumento para robar. Se le trata como un animal más que como un ser humano. Para Ludvig significa despojarse de un rechazo tatuado por la sociedad y dejarse llevar por un sentimiento paternal. Encontrar una familia en donde solo esperaba. Coger la rama que lo enlazará para siempre a alguien que dependerá de él y viceversa. De alguna manera, quién verá los frutos de su trabajo aún cuando la trama lo destroce. 

‘La tierra prometida’ retrata a un humilde capitán que pretende conquistar la naturaleza hostil de unos páramos daneses con la intención de lograr convertirlos en tierras fértiles

Ann Barbara (Amanda Collin) se adentra con pasos cortos y sin prisa en la rutina de Ludvig von Kahlen. Los une la soledad, no hay una conveniencia previa más que la búsqueda de refugio. Pero Ann Barbara no se aísla de su pasado y siempre está en contacto con aquello que la obligó a retirarse a los páramos. Se mueve con menor premura que Ludvig porque carece de pretensiones de grandeza y la relación entre ambos varía entre lo que es y lo que debería ser. Aquello que él debe probar y que para ella no existe (o simplemente, no importa). Estas dos interacciones previas se confrontan con el papel de Frederik De Schinkel (Simon Bennebjerg) este clásico villano opulento con hambre de autoridad y sin escrúpulos. Es el payaso de la corte en esta historia pese a su bestialidad, la cual está presente ininterrumpidamente en la película.

Los páramos son ese cuarto personaje que, pese a su importancia, no termina de apoderarse de los planos de Arcel. Es ese elemento que no toma protagonismo pero que afecta cada interacción en la película. Vasto e inhóspito, no deja de sentirse como un ingrediente más en este presunto western de tono nórdico.

 

‘La tierra prometida’: una disputa entre suelo y mérito