CINE

‘Song Sung Blue: canción para dos': Hudson y Jackman dan lustre a Neil Diamond y al patrón añejo

Song Sung Blue: Canción para dos abraza su naturaleza deliberadamente retro sin ningún tipo de reparo y ejecuta correctamente su partitura.

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Aleix Sales | @Aleix_Sales

En un panorama cinematográfico cada vez más alineado con el cinismo y lo gris del mundo que nos rodea (no en vano, menudo inicio de 2026 a escala mundial), es de agradecer que lleguen a las pantallas fórmulas añejas y clásicas para apaciguar un poco el descorazonador contexto y volver momentáneamente a la simpleza, claridad y humanidad que poblaban las pantallas de antes. Song Sung Blue: Canción para dos es una película chapada con el molde de los melodramas musicales de los años 80 y 90 que se granjeaban unas cuantas nominaciones a los Oscar, desde Gracias y favores (Bruce Beresford, 1983) hasta Shine (Scott Hicks, 1996), pasando por Postales desde el filo (Mike Nichols, 1990). Craig Brewer, director con más de 20 años forjándose en el registro musical y las ambientaciones pretéritas de la segunda mitad del siglo XX -prueba de ello son la serie Empire (2015) o Hustle & Flow (2005), indagando en el mundo del hip hop, o Yo soy Dolemite, en el mundo setentero de la blaxploitation-, asume la batuta y realiza el ejercicio de adaptar a los mecanismos ficción un material previamente llevado al documental en 2008 por Greg Kohs bajo el mismo nombre de Song Sung Blue.

En lo bueno y en lo malo, en la salud y en la enfermedad, una película para todos aquellos que busquen un refugio emocional cristalino a la antigua usanza

Del mismo modo que la cinta de Kohs, Brewer repasa cronológicamente la relación de Mike Sardina y Claire Stingl, dos intérpretes imitadores de cantantes célebres como Don Ho y Patsy Cline que, al cruzarse sus caminos, emprenden un grupo tributo de Neil Diamond que terminará cosechando bastante éxito. Su historia ilumina la de otros muchísimos artistas promedio relegados a la imitación, habitualmente menospreciados por no ofrecer un contenido original, a pesar de constatar su talento. El film sigue el esquema clásico de encuentro, auge y baches en un camino que se expande a lo largo de varios años. Si se llega virgen a ella -es decir, sin estar familiarizado con su historia y sin haber visto el demasiado revelador tráiler-, es capaz de ofrecer uno de los giros de guión más inesperados del año. Narrada con transparencia y eficacia, Song sung blue: Canción para dos recupera ese entretenimiento adulto de mediana envergadura que los estudios llevan tiempo abandonando, lo cual supone un hecho a valorar en una industria audiovisual cada vez más polarizada entre los derroches desmesuradísimos de las grandes producciones y el cine de bajo presupuesto.

Beneficiándose del efecto nostalgia y del contrastado éxito de los musicales jukebox gracias al catálogo de Neil Diamond -sirviéndose del revival que ha obtenido Sweet Caroline estos últimos años-, la propuesta peca a veces de excesivo dramatismo en las situaciones que plantea y en varios momentos busca la emoción a toda costa, pero en conjunto Brewer logra establecer algunos límites y no termina sobrepasándose, teniendo en cuenta lo sentimentalmente pornográfico que podría llegar a haber sido. De hecho, afortunadamente también introduce elementos propios de la feel-good movie con los que aligerar algunos periplos sin banalizarlos. Que el concierto no se vaya de tono ni desafine entre tanto material sensible es gracias a la magníficamente elegida pareja protagonista. Hugh Jackman ya ha hecho gala sobradamente de su carisma como showman, cualidad que le viene de perlas para encarnar a un hombre comprometido con el escenario, el público y el repertorio de Neil Diamond. Junto a él está una parternaire con la que exhibe una química notoria, que no es otra que la mejor versión de Kate Hudson en años. El personaje de Jackman tal vez sea el foco principal, pero es Hudson quien logra llevarse la mejor parte, en una interpretación que bascula bien entre la ternura, el vitalismo, la fragilidad y la lucha. La que fue Penny Lane en Casi famosos (Cameron Crowe, 2000) vuelve a demostrar su presencia y sus todavía desaprovechadas dotes para el musical, siendo el gran alma de la película. De hecho, ellos dos son el valor añadido por el que Song Sung Blue: Canción para dos despunta un poco más sobre la medianía de este tipo de propuestas.

Aunque se excede un tanto en su metraje y, en el aspecto musical, cumple sin deslumbrar, sacando mejor partido a las improvisaciones privadas que en las actuaciones ante público, Song Sung Blue: Canción para dos abraza su naturaleza deliberadamente retro sin ningún tipo de reparo y ejecuta correctamente su partitura. En lo bueno y en lo malo, en la salud y en la enfermedad, una película para todos aquellos que busquen un refugio emocional cristalino a la antigua usanza, realzado por sus intérpretes. Música para sobrellevar las tristezas del día a día.