lunes. 04.03.2024

Pablo D. Santonja | @DatoSantonja

Cada vez es más común vivir cosas que hace unos años nos parecía ciencia ficción. Al salir de esta experiencia comentaba “Esto es el futuro”, a lo que mi acompañante, igual de perpleja que el que escribe estas palabras apuntaba: “No, es nuestro presente”.

Nos dirigimos al Espacio Ibercaja Delicias, un conglomerado de carpas y estructuras dedicados al teatro, musicales y experiencias inmersivas para ver Hotel Drácula. Y si tenemos que definir esta vivencia con una palabra, sería inmersivo, con luces de neón que cieguen al viandante. Pues estamos ante un espectáculo estrictamente de realidad virtual, que te sumerge en una historia de terror clásico, haciendo un homenaje a los monstruosos clásicos de la Hammer. 

La premisa es sencilla, somos invitados al Hotel regentado por el Conde Drácula, para conocer de primera mano todas sus estancias. No se confundan, aunque los paralelismos con el film Hotel Trasnsilvania son claros, aquí no hay hombres lobos amables y momias bailarinas. 

Estamos ante un espectáculo estrictamente de realidad virtual, que te sumerge en una historia de terror clásico

Entramos en el espacio destinado al espectáculo para encontrar una sala diáfana, dividida en bloques, con marcas en el suelo delimitando la zona. En ella las trabajadoras del lugar nos indican cómo proceder: dejamos el abrigo, nos calzamos unas gafas de realidad virtual y al segundo se hace la magia. La voz del técnico nos indica cómo ajustarnos las gafas para ver correctamente y acto seguido nos suelta la mano para que andemos a nuestro ritmo. Ante nuestros ojos se dibuja un pasillo de aspecto realista que debemos cruzar, para subirnos a un barco. Ese barco nos llevará al hotel, y en él deberemos entrar en cada una de las habitaciones o estancias del mismo. Lo primero que llama la atención es la espectacularidad de sus “decorados”, si se puede llamar así, pues al navegar por el rio se crea una disonancia maravillosa entre tu cuerpo y tu cerebro, pues los estímulos que recibes navegando por el interior de un acantilado dicen a tu cuerpo que estas en movimiento, cuando es todo lo contrario. Ahí comienza una experiencia única que gana puntos cuando los personajes que te encuentras te quintuplican el tamaño, y te sientes diminuto, o por ejemplo, cruzas unas montañas nevadas con miedo real a caer al vacío. 

Sin duda, una experiencia cuya ambientación e hilo conductor es impactante. Para los amantes del terror como yo, es un caramelo poder verse inmerso en estos decorados, pasando momentos de verdadero nerviosismo al girar una esquina, especialmente en una zona de laboratorios. 

Una experiencia cuya ambientación e hilo conductor es impactante. Para los amantes del terror es un caramelo poder verse inmerso en estos decorados

Para la gente que no le gusta el terror decirles: vayan, no es para tanto. No es terror extremo y la experiencia lo merece. 

El único punto negativo, si se puede denominar así, es que es una experiencia que no quieres que acabe nunca, tal vez, haciéndose corta al espectador, pues te introduce tanto en su mundo que te encantaría ver cada una de las puertas que tiene este hotel. 

Aunque tiene un camino marcado, y es una experiencia lineal, la sensación de libertad es absoluta, con escenarios amplios que te invitan a moverte por el espacio y ver los detalles. 

Sin duda, un evento novedoso sobre todo para aquellas personas que huimos un poco de los colores pastel de la Navidad. Espero, y deseo que no sea la última de su clase y saquen más ediciones, con mayores recorridos y elementos interactivos, como en el caso de Hotel Drácula, donde hay un momento de elección por parte del espectador. 

Si este es el futuro de las experiencias inmersivas, estaremos muy atentos para ver con qué nos sorprenden en este, ya, nuestro presente. 

Hotel Drácula, el futuro del ocio inmersivo