CINE

‘Matt y Mara’: cuestión de química

Matt Johnson y Deragh Campbell asumen la responsabilidad con una facilidad lúdica, ya que poseen una química notable desde el primer momento.

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Francisco Nieto

En teoría, la historia de esta película cuya duración no llega a la hora y media de metraje se podría resumir en un puñado de pinceladas: una profesora de literatura se reencuentra con un conocido de su pasado, tras lo cual pasan tiempo juntos y reconectan. Afortunadamente, esta modesta película canadiense ofrece mucho más de lo que sugiere su concisa descripción. Gracias a sus actores principales, se desarrolla un drama sentimental lúdico y vibrante que enarbola la bandera de la relajación. Además, logra esbozar a partir de certeros trazos escénicos los contornos de una relación engañosamente compleja.

Mara es una profesora de treinta y tantos años que imparte cursos de escritura creativa en la Universidad de Toronto. Sin previo aviso, Matt, un autor liberal y algo neurótico al que Mara conoce desde la más tierna infancia, aparece en su lugar de trabajo. Mientras Matt persigue su pasión por la palabra escrita sin dudarlo, Mara, en el fondo, estaría encantada de cambiar la cátedra por la posibilidad de ver publicada su primera novela. A partir del primer y un poco accidentado encuentro, ambos entablan una serie de jugosas conversaciones, dando inicio así a un intrigante juego de atracción y repulsión mutua.

Radwanski demuestra tener una habilidad importante para observar los matices interpersonales

El primer punto atrayente del que es ya el cuarto largometraje del cineasta canadiense Kazik Radwanski (aunque se trate del primero que goza de estreno en nuestro país) es el de que estructura su ópera prima sin preocuparse mucho de establecer una línea narrativa que el espectador pueda seguir con facilidad. Quienes prefieran una narrativa clara y concisa se llevarán una desagradable sorpresa al ver como aquí los personajes lo único que hacen es dialogar y divagar sobre lo divino y lo humano. El drama consiste casi exclusivamente en estas animadas conversaciones donde se da un toma y daca continuo; a veces en un café, otras en el transporte público o mientras pasean por la calle. Dichos momentos de esgrima intelectual dialéctico se ven complementados con alguna que otra escena familiar donde vemos a Mara y a su marido cuidar de su hija pequeña o a Matt visitando a su padre que se encuentra ingresado en el hospital.

La doble relación de Mara —una formal, otra complicada— se integra con tanta naturalidad en el guion que la idea de la infidelidad no predomina al principio. Esto resulta bastante notable, ya que la vemos pasar el triple de tiempo con Matt que con su propio marido. Los amigos que preguntan a Mara sobre su relación con Samir les responden con naturalidad que "tiene muy poco que ver con la música", y ahí parece quedar todo dicho. El hecho de que ambos vivan vidas completamente separadas es solo un tema pasajero.

Otro aspecto a destacar es que la película no se detiene en tabúes, y precisamente por eso, cabe preguntarse cómo ambos protagonistas gestionan sus relaciones sociales. Mientras que dramas similares sobre situaciones amorosas "complicadas" suelen definirse rápidamente por emociones como los celos y la envidia, la situación sentimental de estos intelectuales es mucho más difícil de definir. En un momento parecen destinados el uno para el otro, y al siguiente se sacan de quicio de tal manera que incluso como espectador, podrías desear una ruptura sana.

Siendo una historia descrita en imágenes bastante desaliñadas, Radwanski demuestra tener una habilidad importante para observar los matices interpersonales. En contraste con las típicas películas de relaciones, la motivación de los personajes, retratados de forma inconsciente, no es la intimidad física, sino la espiritual. Sus conversaciones a veces parecen forzadas por su énfasis excesivamente explícito en la emotividad alegórica. El sutil humor que barniza cada fotograma irrumpe, sin querer, en el mundo aislado del círculo académico establecido, que no vive sus deseos, sino que los archiva.

Para transmitir esta tensión de forma convincente, el realizador se apoya completamente en sus dos protagonistas. Matt Johnson y Deragh Campbell asumen la responsabilidad con una facilidad lúdica, ya que poseen una química notable desde el primer momento, tanto como personajes como actores. Aunque Matt y Mara a veces parecen completamente despistados sobre su relación (¿son amigos con derecho a roce?; ¿compañeros de lucha social?; ¿unos simples sabelotodo?), hay una atracción latente entre los intérpretes difícil de fingir.