jueves. 04.06.2026
CINE

'La larga marcha': Caminante no hay camino, se hace camino al andar

Una carretera, cien chicos, un solo ganador. Bienvenidos al sueño americano.

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Jaime Polo | @lovacaine

Terroríficamente Lys siempre cumple. La Larga Marcha, la adaptación al cine de la novela homónima de Stephen King, publicada en 1979 bajo el seudónimo de Richard Bachman, se pre estrenó ayer en los cines Lys de Valencia volviendo a demostrar que no tienen competidor a la hora de planificar eventos atractivos para los espectadores.

Dirigida por Francis Lawrence, el artífice visual de distopías como Los juegos del hambre, esta cinta llega como un eco tardío de la pluma del maestro del horror americano. En un año donde el cine parece obsesionado con los laberintos del cuerpo humano (The Substance, Alpha o Together), La Larga Marcha emerge como una parábola bíblica sobre la fragilidad de la juventud en un mundo que devora sus sacrificios.

No es la mejor adaptación de King, ese trono lo ocupa aún Kubrick con El resplandor, pero es una de las más pertinentes

La Larga Marcha narra el periplo de cien adolescentes varones, numerados como bestias en un matadero, obligados a caminar sin pausa por la Carretera 1 de Maine bajo la amenaza de un régimen totalitario. El premio: Un deseo y riquezas inimaginables por cumplir el sueño americano; el castigo: la muerte por fatiga.

En el elenco, David Jonsson como Stebbins es impresionante, se roba todas las escenas con una elegancia que roza la perfección. Su presencia es un soplo de aire fresco en medio del caos, un outsider de mirada glacial y gestos sutiles cercanos a lo shakesperiano, elevando el personaje más allá de su rol en la novela de King. Se convierte en el eje moral y psicológico de la marcha.

No alcanza la crudeza visceral de Battle Royale de Fukasaku, ni la alegoría ecológica de Los juegos del hambre, pero compensa con una exploración profunda de la performatividad masculina: estos muchachos no luchan contra zombis, sino contra el mito del "hombre fuerte", un constructo que el posmodernismo ha deconstruido hasta el absurdo. En un 2025 con crisis migratorias y algoritmos que gamifican la vida: ¿Qué precio pagamos por el espectáculo de la resistencia?

No es la mejor adaptación de King, ese trono lo ocupa aún Kubrick con El resplandor, pero es una de las más pertinentes, un recordatorio de que el verdadero horror no reside en los disparos de los soldados, sino en el silencio cómplice de la multitud.

Recomendación: véanla en el cine y, valga la ironía, caminen con ella. 

'La larga marcha': Caminante no hay camino, se hace camino al andar