jueves. 04.06.2026
CINE

‘La hermanastra fea’: Ya no me cae bien Cenicienta

Emilie Kristine Blichfeldt deconstruye el cuento clásico en una sátira visceral sobre la obsesión por la perfección femenina.

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Jaime Polo | @lovacaine

La hermanastra fea, dirigida por la danesa Emilie Kristine Blichfeldt, es una propuesta rompedora: un retelling de Cenicienta que subvierte las convenciones del cuento de hadas con una mezcla de sátira, gore y un comentario mordaz sobre la belleza y el cuerpo femenino. La he podido disfrutar en su preestreno en los Cines LYS de Valencia que se estrena este 17 de octubre. No es un live action al uso de los que se estilan en Disney, pero sí un provocador ejercicio que dialoga con los tropos de los cuentos clásicos mientras explora temas contemporáneos.

La hermanastra fea se inscribe en la tendencia de cambiar el punto de vista, reinterpretando historias clásicas con un enfoque crítico. Aquí, la Cenicienta de Blichfeldt no es la víctima dulce y pasiva, sino Elvira, una hermanastra que, lejos de ser la villana caricaturesca del cuento original, se convierte en una protagonista compleja, atrapada en un reino donde la belleza es una moneda de cambio cruel. La película toma el esqueleto narrativo de Cenicienta (el príncipe, el baile, el zapato) y lo retuerce con una perspectiva feminista que cuestiona los ideales de perfección impuestos a las mujeres. La película dialoga con otras obras recientes que han explorado el cuerpo femenino como campo de batalla, como The Substance (2024). Al igual que esta, La hermanastra fea usa la transformación física (en este caso, a través de la automutilación y la obsesión por el zapato) para hablar de la alienación.

La película toma el esqueleto narrativo de Cenicienta y lo retuerce con una perspectiva feminista que cuestiona los ideales de perfección impuestos a las mujeres

A diferencia de los retellings más edulcorados de Disney (Cenicienta de Kenneth Branagh, 2015), esta película no busca complacer ni embellecer. Su tono recuerda más a The Favourite (Yorgos Lanthimos, 2018) o incluso a Poor Things (2023), con su mezcla de humor negro, crítica social y una estética que oscila entre lo grotesco y lo sublime. Sin embargo, a veces se siente demasiado explícita e insistente en transmitir su mensaje.

La dirección de arte es su máxima fuerza: el reino es un pastiche visual que mezcla elementos barrocos con toques modernos, creando una atmósfera que se siente tanto atemporal como inquietantemente actual.

Uno de los elementos más sorprendentes es el uso del gore, que remite a la crudeza de los cuentos originales de los hermanos Grimm. La obsesión de Elvira por encajar en el zapato del príncipe lleva a escenas explícitas de automutilación que, aunque efectivas para transmitir su desesperación, pueden resultar excesivas para algunos espectadores. Estas secuencias no son gratuitas: sirven para ilustrar hasta dónde está dispuesta a llegar Elvira en su búsqueda de validación. El gore, combinado con un humor macabro, crea un contraste inquietante que refuerza la crítica al culto a la belleza.

Recomendada para quienes disfruten de retellings subversivos y no teman un poco de sangre en su cuento de hadas. Si buscas la magia de Disney, mejor quédate con el zapatito de cristal original.

‘La hermanastra fea’: Ya no me cae bien Cenicienta