'Las irresponsables': gamberrada perdida
Necesitamos tu ayuda para seguir informando
Colabora con Nuevatribuna
Aleix Sales | @Aleix_Sales
Aprovechando plataformas como el Saturday Night Live o la troupe de adolescentes eternos de Judd Appatow, figuras esenciales de la nueva comedia americana del cambiante de siglo, como Kristen Wiig, Annie Mumolo, Tina Fey o Amy Schumer han contribuido a desmontar la idea preconcebida de un humor decoroso de mujeres y demostrar que ellas también son gamberras, irreverentes y ácidas -antes de que llegara la exposición sin filtros de las redes sociales-, abriendo otras vías del humor con las que conquistaron un cierto estatus, reconocimiento y visibilidad. Fundamentándose en este estilo descarado se instalan los cimientos de Las irresponsables, adaptación de la pieza teatral de Javier Daulte a cargo de Laura Mañá y Marta Buchaca, en la que se plantea el fin de semana de desenfreno de 3 amigas de mediana edad en una casa lujosa que han prestado a una de ellas.
Adaptación de la pieza teatral de Javier Daulte a cargo de Laura Mañá y Marta Buchaca, en la que se plantea el fin de semana de desenfreno de 3 amigas de mediana edad en una casa lujosa
La intención de trasladar estos códigos a un entorno catalán es loable, pero el resultado no cumple con las expectativas creadas debido, especialmente, a un tempo cómico fallido y una oscilación entre la comedia, el drama y notas del thriller poco orgánica. El material de partida funciona al plantear esta trama efectiva con estas tres mujeres de clase media-alta fácilmente reconocibles en la sociedad catalana, consiguiendo traspasar el cliché más básico, cada una con su problemática: el abandono de la pareja, la falta de reconocimiento laboral en una profesión hegemónicamente masculina, o la llegada de un nuevo amante que no termina de ser agua clara. Laia Marull, Àgata Roca y Betsy Túrnez son los engranajes esenciales de una carrocería que puede competir con el coche del garaje de tal sofisticado casoplón, pero una vez el motor se arranca, el vehículo queda grande y el trayecto se desarrolla con altibajos e irregularidad, desaprovechando los medios. El quid de la cuestión, la comedia, presenta algunos gags trillados y otros construidos con poca gracia, dejando realmente pocos momentos verdaderamente divertidos en un film al que se le presupone más nivel en este aspecto. Muchos de ellos se resienten por la falta de agilidad en el ritmo cómico, y otros simplemente por desidia. A este ritmo cómico le afecta la mencionada incursión del drama y otros géneros, que andan a otra velocidad, otorgando una película poco fluida, presa de su teatralidad en distintas ocasiones, caprichosa por momentos y deambuladora sin rumbo en una segunda mitad que confunde desmadre con pérdida de foco.
Una concepción errónea de su humor y el descuido en la escritura de las bromas –Buchaca y Mañá ya han demostrado que son capaces de hacerlo mejor-, salvada por su tridente de actrices, empañan la oportunidad de tener un film de Wiig y Mumolo a la catalana, quedándose en una película más cercana a sucedáneos de ellas como Una noche fuera de control (Lucia Aniello, 2017).