miércoles. 21.02.2024

Vicente I. Sánchez | @Snchez1Godotx

Uno de los problemas de recurrir a la nostalgia en el cine es que resulta muy complicado (casi imposible) recrear todos los elementos que hicieron grande a una saga o época determinada. No solo porque nuestros gustos van cambiando y evolucionando, sino también porque ciertas tramas están íntimamente ligadas al sentido y la esencia de una época.

Este es el principal problema de "Indiana Jones y el dial del destino", una película que busca beber de la nostalgia y la pasión del cine de los 80, pero que lo hace desde una perspectiva totalmente equivocada, centrándose en exceso en los efectos especiales y en secuencias de acción desmedida. En términos cinematográficos, esta película no se diferencia demasiado de propuestas como "Fast and Furious", "John Wick" o incluso algunas de Marvel, incluyendo metaversos y viajes en el tiempo. La diferencia es que en esta ocasión James Mangold (director de "Logan" y "El tren de las 3:10") reutiliza el universo de Indiana Jones y cuenta con el reclamo de Harrison Forddando vida nuevamente al famoso arqueólogo.

El problema es que una película diseñada para entretener acabe aburriendo y resultando pesada. Es una triste despedida para nuestro querido Indiana Jones

Debo reconocer que me encuentro entre los críticos que niegan la existencia de la cuarta parte de la saga, la nefasta "Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal". Uno de los puntos más bajos en la carrera cinematográfica de Steven Spielberg, con una historia vacía y claros problemas de ritmo y entretenimiento. Estos problemas narrativos no están tan presentes en esta nueva entrega, que, alejada del control de Spielberg, parece querer reinventarse y dirigirse hacia un enfoque más claro y directo. 

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James Mangold nos ofrece un prólogo trepidante con una persecución en tren de casi 20 minutos de duración, en la que un joven Harrison Ford (cuya cara ha sido rejuvenecida por ordenador, algo que se nota bastante) propina golpes y mandobles a los malvados nazis, que una vez más se dedican a expoliar todo tipo de tesoros al servicio de Hitler. Es un comienzo interesante que define la tónica de una película muy poco realista, que juega todas sus cartas en persecuciones llenas de efectos especiales y CGI. Todo tan espectacular como insustancial. Eso sí, la cinta copia casi de manera literal la estructura narrativa de "Indiana Jones y la última cruzada", aunque el resultado no es tan brillante ni tan divertido, sobre todo porque narrativamente no tiene nada a lo que agarrarse. Pasados los sorprendentes minutos iniciales, la película parece estar dirigida por una inteligencia artificial que no busca arriesgar y repite una y otra vez los mismos patrones.

En el transcurso de la película nos encontramos con viejos personajes de la saga y otros nuevos que intentan dar cierto peso a la historia. Algunos están muy acertados, como un malvado Mads Mikkelsen, mientras que otros están totalmente desaprovechados, como el de Antonio Banderas, cuyo papel es tan corto e insustancial que solo se entiende como resultado de recortes en la edición. ¿Habrá una versión extendida?

En última instancia, el problema de "Indiana Jones y el dial del destino" no es su historia demencial, ni que sea una copia de otras entregas de la saga, ni siquiera que durante gran parte de la película veamos a Harrison Ford arrastrarse por la pantalla con un desinterés más que palpable en su actuación. No, el problema principal es que una película diseñada para entretener acabe aburriendo y resultando pesada. Es una triste despedida para nuestro querido Indiana Jones.

Indiana Jones y la nostalgia perdida