jueves. 04.06.2026
CINE

'La luz que imaginamos': la iluminación de lo próximo

La directora india se erige, pues, como una creadora de imágenes de imponente belleza que, salvo en momentos puntuales, acompañan a su contenido sin caer en el ombliguismo ni los delirios de grandeza autoral.

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Aleix Sales | @Aleix_Sales

Cuando se anunció la Sección Oficial del pasado Festival de Cannes, entre los nombres consagrados que habitualmente son recurrentes en la terna sorprendió la inclusión de la película que nos ocupa, el debut en el largometraje de ficción de Payal Kapadia, que a su vez suponía el regreso del cine indio a la competición 30 años después de Swaham (My Own) (Shaji N. Karun, 1994). Suele chocar la selección de primeras obras o de cineastas con poca filmografía al existir secciones paralelas más “adecuadas” para los y las cineastas jóvenes, con lo cual siempre se acostumbra a estar vigilante ante los títulos incorporados a la categoría reina. Pero, una vez uno visiona La luz que imaginamos, entiende perfectamente su presencia junto a los nombres más grandes, puesto que evidencia la solidez y seguridad de su directora detrás de la cámara.

La luz que nos imaginamos es una experiencia sensorial y contemplativa de primer nivel, con ecos del maestro Satyajit Ray en la forma y en el fondo

Kapadia toma una historia sencilla y mínima de sororidad femenina entre tres mujeres en Mumbai con la que abordar la esencia espiritual -esa luz del título- que acaba guiándolas imperceptiblemente. Afortunadamente, la cineasta no se emborracha en un new age estomagante, sino que trata su contenido desde una cotidianidad cercana al documental, poniendo de manifiesto su fogueo en el género y siguiendo las claves propuestas en su largometraje de no-ficción Una noche sin saber nada (2021). No obstante, dentro de este día a día, Kapadia encuentra la luz interior de la que habla deformando y embelleciendo las imágenes orgánicamente, capturando el encanto de lo etéreo. Desde el color encontrado en lo tangible busca entrar en un material esencial intangible que viste el alma y la existencia, en un film de marcada filosofía oriental contada de forma sincera.

La directora india se erige, pues, como una creadora de imágenes de imponente belleza que, salvo en momentos puntuales, acompañan a su contenido sin caer en el ombliguismo ni los delirios de grandeza autoral. Únicamente cabe reprocharle que la trama no tome un rumbo más concreto y se escude en el carácter fluctuante de la naturaleza de su historia, ya que por instantes se antoja un tanto arbitraria. Al margen de esto, La luz que nos imaginamos es una experiencia sensorial y contemplativa de primer nivel -solamente hace falta ver el grado de intimidad y ternura con la que filma el sexo en su faceta más inocente-, con ecos del maestro Satyajit Ray en la forma y en el fondo. Una detenida historia de empatía femenina, poética en lo cotidiano, que descubre al mundo una cineasta de mirada prodigiosa y mano delicada en su trazo.

'La luz que imaginamos': la iluminación de lo próximo