lunes. 04.03.2024

Miguel Ángel Leija | @CinemaCuarenten

Tras haber alcanzado el éxito absoluto, Pedro Almodóvar se encuentra en un punto de su carrera en donde puede hacer lo que sea, y como casi todo le sale bien, no podíamos esperar a ver Extraña forma de vida, su último cortometraje. ¿Qué nos ofrece en esta ocasión?

Nos encontramos con Jake (interpretado por Ethan Hawke), el sheriff de un pueblo del viejo oeste quien un día, de manera inesperada, se reencuentra con Silva (Pedro Pascal) tras 25 años de no verse.

Lo que inicia pareciendo una agradable casualidad descubre ante nosotros secretos de una relación amorosa enterrada en el pasado y que vuelve a surgir por un oscuro motivo que los llevó a reencontrarse.

Como es habitual en su obra, la trama nos presenta personajes que cruzan caminos en el momento incorrecto

Dos años después de la regular Madres Paralelas y tres después del cortometraje La Voz Humana, el manchego vuelve a la carga para borrar los fantasmas del pasado tras haber rechazado en su momento Secreto en la Montaña, un arrepentimiento personal del director.

Es difícil escribir sobre un cortometraje. Este es el formato perfecto para contar historias concisas, para ganar la batalla por KO como decía Cortázar de los cuentos. El “problema” es que en esta ocasión bastan pocos minutos para sentirte envuelto en un mundo que permite imaginar muchísimo más y es frustrante no poder explorar esos territorios. Bendito problema.

Como es habitual en su obra, la trama nos presenta personajes que cruzan caminos en el momento incorrecto. Poco a poco con el pasar de los minutos vamos viendo cómo el pasado de Jake y Silva se desdobla ante nosotros haciendo que el presente adquiera un nuevo significado al encontrarnos con el oscuro secreto detrás del reencuentro.

Siguiendo una línea temática de películas como Imperdonable de Clint Eastwood o la reciente Power of the DogExtraña Forma de Vida explora de una manera alternativa el género western, y a pesar de que el planteamiento no es del todo original, sí lo es la ejecución: lejos de la puesta en escena tradicional de los clásicos estadounidenses e italianos, los vestuarios, la música o hasta las dudosas actuaciones envuelven la obra en una atmósfera almodovariana que la diferencia para bien del resto.

Nos encontramos con una obra que permite imaginar lo que pudo haber sido de tener otro metraje

Donde sí que encontramos problemas es en dos puntos principales: como pasa en casi todas las películas del director, algunos personajes entregan actuaciones tan irrisorias que es difícil creerles. En este caso podemos verlo en el único flashback de la película, ni uno de los cinco individuos en escena se salva.

Por otra parte, al igual que en películas como Todo Sobre Mi Madre, la rapidez con la que suceden las escenas una tras otra no deja disfrutar del todo la emoción correspondiente al momento. Si en la anterior película no nos daban tiempo de llorar con el funeral, en esta es difícil conectar con los sentimientos de los protagonistas cuando todo cambia para ellos. La falta de respiros en el guión es frustrante y el tiempo no sobra.

De esta manera, nos encontramos con una obra que permite imaginar lo que pudo haber sido de tener otro metraje, pero que de igual manera nos regala un cortometraje que todo fan de Almodóvar tiene que ver, aunque sea solo por los actores principales. 

Extraña forma de vida