viernes. 01.03.2024

Arturo PrinsPrinsarturo

No tengo dudas de que en cada fotógrafo reside un observador, un curioso obsesivo, un mirón, alguien que no se cansa de contemplar o disfruta presenciando las acciones de los demás. Esta actitud la encontramos en la mirada fisgona de James Stewart tras su teleobjetivo, explorando la realidad desde su apartamento en la icónica película La ventana indiscreta (1954) de Alfred Hitchcock. La pasión por observar el mundo desde la distancia, resguardado tras un escudo llamado cámara, actúa como un salvoconducto para acceder a lugares prohibidos, incómodos o peligrosos, donde el fotógrafo, tras su lente, pasa desapercibido para el resto o, en ocasiones, es aceptado como un intruso, como sucede en las guerras, logrando así salvaguardarse y llegar a lugares inexplorados.

Cristina García Rodero podría ser su abuela o la mía, una señora jubilada y menuda, a quien sin embargo le va la marcha; detrás de la cámara es una fiera, un topo que se cuela por dónde puede a la caza de una imagen, un ave rapaz de la captura visual, de una persistencia infatigable. Como ella reza en su película: "Hago lo que quiero, como quiero y cuándo quiero". Su aparente convencionalidad se desvanece tras su objetivo, que revela lo más salvaje, tierno y trágico del ser humano.

El documental La mirada oculta (2023), dirigido por Carlota Nelson hace un tributo al trabajo excepcional de una gran fotógrafa, una roedora de la imagen, una infatigable buscona del hombre en sus tradiciones y festejos ancestrales; en sus momentos más íntimos, puros, excesivos, o en la barbarie; una fotografía desnuda de toda mirada complaciente. La mirada oculta enseña fotos que conmueven, la visión de una artista íntegra. Habla del poder de la espera, de captar el drama en una imagen, su poesía. Del arduo trabajo de edición y selección de lo disparado, del revelado clásico, del ojo clínico y lúcido del creador, el objeto de su visión, y del milagro de una imagen que nos traspasa. Ni ella, explica en el documental, sabe cómo lo ha conseguido.

Mientras me voy adentrando en el film de Nelson, comienzo a sentir que hay momentos que me echan afuera, y me pregunto qué sucede. Me respondo, no haber apostado a prescindir de su protagonista, que por activa y pasiva, deja claro que ella siempre quiere estar detrás de la cámara (hasta en el pase de prensa nos lo comentó). Evidentemente no le gusta ser retratada, y el film pudo haber respetado esta voluntad e ir más lejos, pero el documental por una voluntad pedagógica, cojea.

“La mirada oculta” enseña fotos que conmueven, la visión de una artista íntegra. Habla del poder de la espera, de captar el drama en una imagen, su poesía

Al centrarse más en las fotografías de Rodero, la película podría haber llegado aún más lejos, convirtiéndose en un compendio de reflexiones visuales. ¿Por qué no crear un film solo con sus imágenes, toda una enciclopedia de pensamientos y sensaciones? Evitar los primeros planos de su rostro tapado por un gorro, o viéndola con otros fotógrafos de ojo vago al revelar una fotografía, habría preservado la poesía. ¿O acaso no recordáis cuando en los ochenta proyectábamos en las paredes de nuestras casas las diapositivas de los viajes, narrando todo lo acontecido, e hipnotizados, observábamos las imágenes que evocaban mundos lejanos y maravillosos?

Un film como La Jetée de Chris Marker (1962) narra la historia de un viaje en el tiempo contado única y exclusivamente con fotografías en blanco y negro durante unos 28 minutos de suspense. 

El rostro de Karin de Ingmar Bergman (1984), es un cortometraje que cuenta la historia de su familia a través de las fotografías de su madre que heredó tras su muerte. Es la triste historia de un matrimonio que no se quería, explicada sólo con fotografías familiares, primeros planos de las mismas. Detalles psicológicos se nos revelan en este álbum familiar, ¿Por qué no haber hecho un film solamente con fotografías de Rodero, que expliquen una España profunda? ¿Por qué no reflexionar junto a su voz en off de lo que ella piensa de algunos de sus trabajos más emblemáticos, de los personajes que retrata, de lo que significan el folclore vasco o castellano para ella? o simplemente no decir nada, pues una imagen vale más que mil palabras. 



Un film maravilloso de Carlos García Álex el hermano del fotógrafo Alberto, en El honor de las injurias (2007) desarrolla un ensayo romántico a favor de la mirada poética de un anarquista asesino a sueldo, que nos hace recordar el drama de la Guerra Civil Española. Aquí la fotografía manda, y es ella la que cuenta la película, o archivos fílmicos de la época. Cristina Rodero tiene este material y Nelson no lo aprovecha del todo, y despilfarra tiempo en enseñarnos cómo la fotógrafa fotografía, o cómo monta una exposición.



Cada vez que salimos de sus fotografías, la encontramos a Cristina en fiestas celebrando su mirada atenta a la caza fotográfica, imagen vulgar de ella con su gorrito de turista tratando de sacar fotos. Como contraste de lo que luego consigue como fotógrafa puede servirnos una vez, pero en su reiterada presencia, perdemos poesía y ganamos una realidad académica, intrascendente.

El montaje de la película se arropa a una banda sonora excelente de su compositora, Victoria de la Vega, y es en esos instantes, en donde nos quedamos boquiabiertos ante sus imágenes. Hay merito en Nelson, en haberse adentrado a filmar en fiestas que parecen sacadas de La fura dels Baus. Imágenes de Rodero revelan una España desconocida, de celebraciones escatológicas, terrenales, de contenido mágico; personas que se disfrazan de monstruos, elfos, elementales de la tierra o seres animistas de los bosques, donde se celebra al fuego en danzas con pirómanos, pocas veces visto.

Imágenes de Rodero revelan una España desconocida, de celebraciones escatológicas, terrenales, de contenido mágico; personas que se disfrazan de monstruos, elfos

El documental nos enseña a una Cristina Rodero que abre agujeros como un topo por lugares prohibidos, para encontrarnos con imágenes únicas, enseñándonos cultos paganos y cristianos, siempre ilustrándonos de algo que desconocemos, la fuerza del ser humano y su imperfección, su jolgorio, dolor y rabia, su sexualidad en toda su potencia y fragilidad.

Las fotografías de su paso por Georgia son imágenes que nos dan una bofetada de realidad, la invasión soviética que sufrieron en aquella guerra. Fotos estremecedoras, que conmocionan, y hacen sentir cosas muy profundas sobre el hombre, reflexionar sobre su vulnerabilidad y su poderío. 

Es inquietante escuchar sus reflexiones sobre la mujer, sus limitaciones en una sociedad machista y patriarcal de un España franquista, y todo lo que nos comenta Cristina Rodero sobre su madre, las dificultades para conseguir una profesión como la suya, abrirse paso a una vocación de artista en tiempos muy difíciles para el arte, en una dictadura, la cual nos manda profunda señales sobre lo que ha sido España: la España negra de Goya y Gutiérrez Solana, mezclada en los colores de las fiestas ibéricas, verbenas, cruces, y hombres de sotana. El retrato de la pobreza, la miseria, el hambre, la ignorancia, el analfabetismo, la muerte, y la vida; un verdadero documento antropológico.

Porque Cristina es ante todo una antropóloga que nos hace reflexionar sobre el espíritu humano, trascendental a la patria, a la clase social, al género, porque como bien nos apunta: “En todas partes el hombre es igual: busca, anhela, ora, desea, celebra, baila, invoca, llora y festeja”.


Estreno el viernes 1 de diciembre

La mirada oculta